Zona Arqueológica de Cuicuilco

La escultura es una obra maestra de la cultura mexica que data del periodo Posclásico Tardío (1200-1521). Foto Héctor Montaño INAH.

 

*** El estudio de policromía determinó que la deidad presenta en su decoración tres pigmentos: un tono rojo en la mayor parte de la pieza, ocre y blanco

 

*** La investigación se presentó en el ciclo de conferencias alusivo a la exposición Xochipilli, el señor de las flores, que se presenta en el Museo Nacional de Antropología


 

 

Labrada por manos chalcas, la escultura del dios Xochipilli es una obra maestra de la cultura mexica que data del periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.). En enero de este año, dicha pieza emblemática del patrimonio cultural de México y que resguarda el Museo Nacional de Antropología (MNA), fue objeto de estudio para identificar los tonos que conforman su policromía, la distribución de los colores y estado de conservación.

 

La investigación fue realizada por las especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Luisa Olga Martínez López y María del Rocío Muiños Barros, restauradoras del Laboratorio de Conservación del MNA, quienes determinaron que la deidad presenta el rojo en la mayor parte de la escultura, ocre que fue usado para delinear algunas de las decoraciones corporales o indumentaria, y blanco como base de preparación.

 

Los avances de este estudio en torno a la figura sedente labrada en piedra andesita y que mide 118 x 52 x 43 centímetros, fueron dados a conocer dentro del ciclo de conferencias alusivo a la exposición Xochipilli, el señor de las flores, que se presenta hasta el 29 de julio en el MNA, y que forma parte de la serie de exhibiciones “Una pieza, una cultura”.

 

Martínez López explicó que la metodología para el estudio polícromo de Xochipilli fue, en primera instancia, la investigación documental, con el fin de conocer los antecedentes históricos, simbólicos y materiales de la pieza, así como casos similares en la escultura mexica. De igual manera, se empleó el registro gráfico y documental de cada proceso realizado.

 

Por otra parte, añadió, la exploración organoléptica o sensorial ayudó a aproximarse a la obra en su totalidad, mientras que el análisis hecho por medio de edición de imagen permitió apreciar áreas que a simple vista no son perceptibles, y que sirvieron como puntos de referencia para el análisis con microscopía digital, en el cual se tomaron más de 800 microfotografías para tener un acercamiento a la distribución y aplicación de la policromía.

 

“Una técnica más fue el análisis con luz ultravioleta (UV) de onda corta, con la que se reconocieron intervenciones anteriores como reintegraciones cromáticas y consolidaciones, para finalmente utilizar el sistema de Munsell digital e identificar los tonos observados en las microfotografías, a partir de ello se obtuvo una estadística de los tonos predominantes y permitió establecer la paleta de colores utilizados”, precisó Luisa Martínez.

 

En tanto, Muiños Barros comentó que el análisis con microscopía óptica dio como resultado una aproximación a la distribución de los materiales que conforman el soporte y la decoración de la escultura.

 

El pigmento rojo predomina en la mayor parte del cuerpo, destaca en las flores, el tocado, la máscara, los brazaletes, el pectoral y la base, mientras que la mayoría de la decoración corporal e indumentaria está delineada con ocre, sobresale en el tocado, el raquis de las plumas y las barras; en la parte superior de las cavidades de la máscara; en las orejeras (con una mayor concentración en el centro), en el delineado de las sandalias y el maxtli o taparrabos.

 

Respecto de la capa de base de preparación de color blanco, se sitúa directamente sobre el soporte pétreo, abunda por lo regular en las zonas más profundas, como en la boca, el delineado de las cavidades de los ojos y en los elementos decorativos animales y vegetales de la base de la escultura. “En todos los motivos florales se observa un predominio del color rojo y el uso de un delineado compuesto por estuco blanco y pigmento ocre”, acotó.

 

De igual manera, en el estudio se ha podido realizar una aproximación a la composición de estos colores. El rojo posiblemente provenía de la hematita (óxido férrico); el blanco derivaba de la calcita (carbonato de calcio); y el ocre se generaba a partir de la goethita, que es la forma mineral del oxihidróxido de hierro.

 

Las restauradoras mencionaron que esta interpretación es un primer acercamiento para conocer la estratigrafía y distribución de los colores utilizada en la decoración pictórica de la escultura, ya que debido a las distintas capas que tiene la pieza, la historia misma de su hallazgo, su traslado e intervenciones pasadas, resulta complicado con estas técnicas obtener una información precisa, por lo que sería necesario complementar el estudio más adelante.

 

Estrategias para la inclusión y la divulgación

 

Dentro del ciclo de conferencias de la muestra, la maestra en arte Pilar Cuairán Chavarría, quien conjuntamente con la arqueóloga Bertina Olmedo Vera y la bióloga Aurora Montúfar López, realizaron la curaduría de la exposición Xochipilli, el señor de las flores, impartió una ponencia sobre las estrategias modernas para la inclusión y la divulgación del patrimonio.

 

Señaló que la serie “Una pieza, una cultura”, la cual se estrenó en 2015 con la exposición La Máscara de Calakmul. Universo de jade, continuó en 2016-2017 con Caminos de luz. Universos huicholes, y ofrece su tercer montaje con Xochipilli, el señor de las flores, busca mostrar la pieza icónica a partir de todos sus valores y significados.

 

“La serie contempla el realce del bien cultural, pero también ofrecer información en plataformas digitales, generar publicaciones impresas, crear un espacio de exhibición incluyente con estaciones táctiles, tener a disposición contenidos multilingües, cedularios con animaciones y un guion curatorial de accesibilidad”.

 

Añadió que el montaje de Xochipilli ofrece al público un recorrido a través de mapas de la Cuenca de México, estudios sobre flora, lecturas que reúnen poesía náhuatl compilada en los Cantares mexicanos, módulos olfativos para identificar aromas como el cempasúchil, el jazmín, la magnolia y el nardo, además de un cortometraje y áreas táctiles que permiten tener una comprensión diferente de la deidad mexica.

 

“Este proyecto es pionero en el INAH y deseamos continuar despertando el interés del público joven. El objetivo no sólo es mostrar el patrimonio desde el ángulo histórico y académico, sino también desde la parte estética. Lo importante es que el visitante construya mediante todas estas opciones interactivas y recursos sensoriales su propio camino hacia el conocimiento”, finalizó.

Attachments:
Download this file (boletin224.pdf)Descargar[Boletín 224]

Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

Foto del día

Huellas de Buda