Las piezas forman parte de la colección histórica que llegó al museo en la década de los años 40 del siglo pasado. Foto Melitón Tapia. INAH

 

***Las piezas forman parte de la Colección de Indumentarias y Accesorios del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec
 

*** Dos de los bonetes fueron confeccionados en México y otro es de origen francés, de la diseñadora Jeanne Paquín
 

 

 

En su Colección de Indumentaria y Accesorios, el Museo Nacional de Historia (MNH), Castillo de Chapultepec, tiene un apartado de alrededor de 700 sombreros, entre los que se incluyen piezas militares, civiles, eclesiásticas, ceremoniales y de charrería; algunos pertenecieron a personajes históricos como el saracof del general Francisco Villa o el sombrero de copa del presidente Benito Juárez.

 

La riqueza de este conjunto no sólo radica en los elementos de carácter histórico, sino también en las piezas civiles que se caracterizan por su belleza y delicada confección, así como por la variedad de sus modelos. Dentro de la sección de sombreros femeninos se incluyen pamelas de ala ancha, clochés (en forma de campana), bonetes, julietas con adornos de redecillas, turbantes y tocados.

 

La restauradora Verónica Kuhliger, adscrita al MNH, quien ha dedicado más de una década a la investigación de esta colección para su conservación, sostuvo que algunas de las piezas presentan deterioros ocasionados por el paso del tiempo, como es el caso de tres tocados femeninos, conocidos también como bonetes,  fechados a partir de la segunda mitad de siglo XIX y principios del XX. Además de un vestido que presenta alteraciones por el uso.

 

Explicó que las cuatro prendas son restauradas por alumnos de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM); una vez estabilizadas se incluirán en el Proyecto Continuo de Rotación de Indumentaria, que se aplica en las salas de exhibición permanente del MNH.

 

Las piezas forman parte de la colección histórica que llegó al museo en la década de los años 40 del siglo pasado. Los tres tocados mantienen la firma del diseñador. Dos de ellos son de origen mexicano, fueron elaborados con materias primas que llegaban de París y seguían la moda del momento.

 

El tocado francés, de acuerdo con lo que se lee en la etiqueta, fue confeccionado por la diseñadora que firmaba sus creaciones con el nombre de “Jeanne”, cuya dirección es Rue du la Paix, una de las calles más importantes de la alta costura en la capital francesa. “A través de estos datos se logró identificar a la diseñadora, que tiempo después se convirtió junto con su esposo, en los fundadores de la firma Paquín, una de las marcas más prestigiosas en el mundo”, precisó la restauradora.

 

En tanto, el vestido (confeccionado entre 1914 y 1916) tiene una estructura característica del final de la belle époque, con el talle más suelto pero que aún mantiene detalles conservadores, como el cuello alto y la falda larga.

 

La especialista relató que dentro de la colección existen piezas que requieren distintos tipos de tratamiento, que van desde limpieza superficial hasta intervenciones más complejas, en las que es necesario desarmarlos.

 

Agregó que para la práctica intersemestral de los alumnos de la ENCRyM, se eligieron prendas que pueden ser intervenidas en un mes. “Lo ideal es que la misma mano los trabaje de principio a fin, en un tiempo relativamente corto. Gracias al apoyo de la escuela, se logra tener piezas prontas a exhibir, los tratamientos que ejecutan los alumnos son respetuosos, lo menos invasivos y se realizan con suma precaución”.

 

Paloma Ramírez Moreira, estudiante del sexto semestre de la Licenciatura en Restauración, se encarga de trabajar el tocado francés de la diseñadora Jeanne Paquín (apellido que adquirió años después de casarse). El bonete de color beige fue elaborado antes de 1891, en terciopelo y seda, con decoraciones de plumas de avestruz y flores, elementos en resina similar al plástico y al metal.

 

Una de las principales problemáticas que presentaba era la inestabilidad de la tela del forro y algunos desgarres y faltantes; la seda estaba muy frágil por lo se le hizo un soporte auxiliar con crepelina de seda y se unió con un adhesivo natural.

 

También se hizo una limpieza superficial en los elementos plásticos para no afectar las partes metálicas; a las plumas se le retiró la suciedad con vapor y papel secante, y se colocó una estructura auxiliar para conservar su forma ya que presentaba roturas.

 

En tanto, a las flores de terciopelo se les realizó un microaspirado y un planchado, y al listón, una limpieza acuosa. Finalmente, se volvieron a unir todas las partes que lo componen.

 

Juan Gerardo Ugalde Salinas, alumno del séptimo semestre, interviene un bonete negro datado entre 1900 y 1920, diseñado por Clara Pagés en su establecimiento de la calle de Puente del Espíritu Santo, hoy Isabel La Católica. 

 

La pieza mostraba daños en el tul y en los rebordados de cuentas negras; tenía numerosos faltantes, cuyas fibras se estaban disgregando y las plumas se habían fragmentado; las costuras del interior del forro se habían aflojado y el objeto estaba totalmente deformado.

 

A las plumas se les colocaron tiras de papel japonés para darles estabilidad y se hicieron pruebas de limpieza con solventes para eliminar la suciedad de las cuentas, además de ajustar las costuras de forro.

 

La tira de tul que adorna el frente fue sometida a un proceso de humectación, se acomodaron manualmente los hilos y los canutillos para recobrar el plano y al mismo tiempo extraer la suciedad existente; se colocó otro tul de restauración para darle soporte y se hizo un reacomodo de los canutillos sueltos.

 

El tercer tocado estilo bonete es intervenido por Joanna Rosas, estudiante del cuarto semestre, quien explicó que su uso estaba relacionado con los paseos. Está fechado hacia 1850, es de color café y la parte estructural es de cestería de palma entretejida en una trenza plana y listones de seda, decorado con moños y plumas.

 

La pieza presentaba deformaciones, un alambre que le daba estructura estaba quebrado, por lo que perdió su forma curvada, mientras que la trenza tenía roturas y faltantes de material. La parte interna cubierta por un forro de seda tiene una etiqueta en la que se lee: “A la reina de las flores”, que alude a la casa que lo distribuía.

 

La estudiante mencionó que se realizó una estructura exenta para devolver el plano y sobre la cestería se puso un soporte de papel japonés. Finalmente, se hizo una hidratación por aspergeo para que recobrara su flexibilidad y su forma original. Las cintas se introdujeron en una cámara de succión, la cual hace limpieza puntual.

 

Aura Rosas, también estudiante del cuarto semestre, intervino un vestido color beige, de talle suelto, que data de la segunda década de 1900. Fue confeccionado con telas de  lino, seda, terciopelo y algodón, y presenta soutache (rebordado con listón) en el ruedo y en las mangas.

 

Las alteraciones estaban en el forro de seda, desprendido en la parte de la espalda y con algunos desgarres y roturas a nivel de la cintura, por lo que se trabajó con refuerzos de crepelina de seda y se colocaron nuevos forros en las mangas. También se cosieron los broches. Una vez que las piezas estén restauradas se incluirán en la exposición permanente del MNH.

 

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Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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