Danza del venado y del pascola. Foto Mauricio Marat. INAH

Danza del venado y del pascola. Foto Mauricio Marat. INAH

 

En el pueblo de Cócorit, Sonora

*** Pascolas, músicos, gobernadores yaquis, mayos, guarijíos, yoreme, o´odham y comcáac participaron en el Coloquio Intercultural dedicado a esta tradición

*** El encuentro permitió el diálogo y el reconocimiento del ritual que unifica a los pueblos del noroeste mexicano

El corazón del venado late en el Museo Yaqui de Cócorit, en el municipio de Cajeme, al sur de Sonora. Bajo la sombra de la enramada de carrizo compartieron los alimentos gobernadores de los pueblos originarios, músicos y danzantes con promotores culturales investigadores y autoridades municipales, estatales y federales, durante un encuentro en el que se analizaron problemáticas y retos a los que se enfrentan los indígenas del noroeste de México para preservar una de las ritualidades más representativas de la época prehispánica que se ha conservado hasta nuestros días: la danza de los pascolas y el venado.

            El Coloquio Intercultural “El corazón de los venados y la cruz de los pascolas”, celebrado del 6 al 8 de octubre, abrió un espacio al diálogo y reconocimiento de la tradición que unifica a los pueblos de esta región como su único elemento identitario, no desde una simple danza sino a través de la fuerza ritual que hace visible la compleja cosmogonía de los pueblos yaqui, mayo, guarijío, o´odham, comcáac (seri) y pima, narrada a través de un lenguaje corporal y musical acompañado de letanías, insistieron los antropólogos que estudian desde hace años esta expresión humana.

            Los pascolas y pascoleros y el venado son manifestaciones exclusivas de los pueblos originarios del noroeste, fuertemente articulados a su cosmovisión, por eso la danza se concibe para ser practicada dentro del ritual, sus orígenes son prehispánicos en los grupos cahítas, los misioneros jesuitas la integraron al catolicismo haciéndola un importante elemento de sincretismo entre lo indígena y lo colonial.

            Actualmente la danza continúa siendo un elemento fundamental en la vida comunitaria de estas culturas. El pascola y el venado son personajes que siempre están presentes en las festividades de estos pueblos, desde el nacimiento hasta la muerte.

            De acuerdo con el antropólogo Alejandro Aguilar, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Sonora, el coloquio tuvo sus antecedentes en 2013, cuando el INAH y el Instituto Sonorense de Cultura emprendieron diversas actividades conjuntas con miembros de las comunidades indígenas, como exposiciones, foros, conferencias y un encuentro de pascolas y venados celebrado en 2014, con la intención de reforzar mecanismos que permitan la salvaguardia de la tradición.

            Los acuerdos establecidos hasta el momento son diseñar un plan de salvaguarda, conformar un equipo de especialistas en antropología e historia que dé seguimiento a las indicaciones de la UNESCO para integrar un expediente que permita la inclusión de esta tradición en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y la promoción de encuentros regionales que refuercen el intercambio étnico-cultural, aspecto en el que se enmarcó el Coloquio Intercultural “El corazón de los venados y la cruz de los pascolas”.

            Entre los participantes congregados en el museo yaqui estuvieron Bernardo Esquer López,  músico y danzante tradicional mayo-yoreme de Sinaloa; Erasmo Leyva y Luciano Espinoza Medina, mayos de Sonora quienes son autoridad en las prácticas de los pascolas y guías espirituales; Gildarldo Buitimea, promotor cultural guarijío; José Romero, gobernador del pueblo guarijío; Alicia Chuhuhua, gobernadora del pueblo o´odham de Caborca, Sonora; Roberto Medina, maestro pascola de los comcáac, e Hilario Molina Amarillas, danzante yaqui.

            También participaron Víctor García Castaño, representante de la danza ritual de los Voladores, Veracruz, y Guadalupe Rubisel Gómez, patrón de los parachicos de Chiapa de Corzo, Chiapa, quienes compartieron las experiencias de sus respectivos pueblos en la preservación de danzas y fiestas.

             En tanto, los antropólogos José Luis Moctezuma Zamarrón, Eduardo López Aceves y Raquel Padilla, así como Amparo Sevilla, directora de Etnología y Antropología Social (DEAS) del INAH, y los directores de los centros INAH Sonora, José Luis Perea, y Sinaloa, Francisco Ríos Avendaño, participaron por parte del instituto.

             Las mesas de trabajo giraron en torno a un par de preguntas básicas que cada representante indígena aborda desde su experiencia individual y grupal: cómo llegó cada quien a participar en la tradición de pascolas y qué están haciendo actualmente los pueblos para preservar esa tradición.

             El primero en hablar fue el yoreme Bernardo Esquer, quien de manera emotiva contó cómo los ancianos se reunían por las noches en torno a la fogata, cuando todavía no había radio ni televisión, y los niños sentados en el suelo o en un tronco de árbol los rodeaban para oír las pláticas, ahí nace la actividad festiva, la adquisición del oficio de muchos compañeros pascolas.

             Como cantantes del venado tuvimos una formación no escolarizada para adquirir el oficio, relató Bernardo Esquer, luego de comentar que todo lo aprenden a través de la tradición oral. “En nuestros primeros pasos de niños íbamos a la Fiesta del Perdón, cuando ya teníamos más fuerza entrábamos al sistema de fariseos, actividad muy pesada, particularmente por las promesas que se tienen que cumplir los 40 días que marca la tradición, pero en ese trayecto de sufrimiento, de andar sobre la tierra visitando a los cristos de las casas, va naciendo la fuerza en nosotros.

            “Cuando andamos de fariseos vemos la danza del venado y del pascola; la música del arpa, el violín, el tambor y la flauta; los cantos del venado y las alabanzas de los maestros rezanderos y del consejo de los capitanes, en ese trayecto vamos adquiriendo la información que llegado el momento nos hace oficio.

             “La danza del venado la aprendemos a través de la vivencia: vamos al monte y tenemos que observar el árbol, el agua, la lluvia, las nubes, el amanecer, el atardecer y todos los fenómenos de la naturaleza para hacer una recopilación en la cabeza de un patrón musical de cánticos que no está en un idioma sencillo. Los contenidos de la danza del venado son frases en una lengua muy antigua que a veces cuesta trabajo traducir literalmente.

              “El venado también es un hombre, los animales que participan con él también son hombres y nos comunicamos con ellos como si hablaran, hacemos un diálogo con todos los animales”.

               El indígena yoreme explicó que hoy continúa esa tarea de formación de jóvenes para que la fiesta no se acabe. ¿Qué vamos hacer con el futuro?, preguntó. Uno de los problemas principales a los que se enfrentan actualmente, expuso, es la pérdida de la lengua por diversos factores. La lengua es la parte medular de la fiesta, aseguró Bernardo Esquer, porque cuando se acabe la lengua van a terminar los cantos del venado, por eso ahora tienen una doble tarea: enseñar la tradición y la lengua a las nuevas generaciones de pascolas.

               En los ojos de los yoreme, yaquis, mayos, guarijíos y o´odham brilla una luz de esperanza, al reunirse con autoridades, investigadores y promotores culturales “el intento se hace”, finalizó un gobernador yaqui que espera, a través de estas actividades, expandir la tradición a gente que no la conoce, fortalecer el espíritu de los pascolas y mantener vivo el canto del venado: la fuerza de la naturaleza que está dentro de todos los indígenas del noroeste de México.

 

Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (2016_287.pdf)Descargar[Boletín]684 kB