Presenta medio centenar de historias míticas relatadas en palabras de los pueblos indígenas. Foto: Héctor Montaño, INAH.

 

 

 

*** El INAH inauguró la muestra en el marco del IV Congreso Internacional sobre Experiencias en la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial

*** Presenta medio centenar de historias míticas relatadas en palabras de los pueblos indígenas, acompañadas de 74 piezas arqueológicas y etnográficas

 


El arpa y los violines del pascola abrieron la celebración a la diversidad cultural durante la primera noche del IV Coloquio Internacional sobre Experiencias de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en Hermosillo, Sonora.

En la explanada del Museo Regional de Sonora se encontraron grupos de músicos y danzantes de los barrios yaquis de Hermosillo y yoremes de Sinaloa, para compartir su ritual del pascola y el venado con los más de 300 asistentes.

Antes de los discursos, el sonido fuerte del tambor y la flauta de carrizo apagó el canto de las cuerdas, entonces apareció el danzante-venado que con los latidos de su corazón dio la bienvenida.

El antropólogo José Luis Perea, director del Centro INAH-Sonora, resaltó que el congreso no solo es una serie de mesas de trabajo y conferencias de especialistas, sino una oportunidad de vivir y sentir las expresiones inmateriales que son patrimonio cultural de los pueblos. También es un homenaje y un reconocimiento a las culturas originarias que dan sentido al país.

La antropóloga María Elisa Velázquez, coordinadora nacional de Antropología del INAH, resaltó la importancia de que estados del norte de México participen con sus tradiciones y saberes; en tanto, el director del Instituto Sonorense de Cultura, Mario Welfo Álvarez Beltrán, anunció que cada noche del congreso en distintas sedes de Hermosillo se desplegarán las manifestaciones de los pueblos del noroeste de México.

Luego se inauguró la exposición En el principio fue la oscuridad. Mitos y tradición oral entre los pueblos originarios del noroeste. En lugar de cortar el listón, dos representantes de “la gente mayor”, la que posee la sabiduría, abrieron la puerta del museo: don Erasmo y don Regino permitieron la entrada al universo cosmogónico de pueblos ancestrales.

Medio centenar de historias míticas relatadas en palabras de los pueblos indígenas, acompañadas de 74 piezas arqueológicas y etnográficas de las colecciones del Museo Regional de Sonora, se exhiben en cuatro secciones que integran un fascinante recorrido por el mundo prehispánico, tradiciones arqueológicas, diversidad étnica, cultural y lingüística del noroeste mexicano.

Los mitos son la base del pensamiento lógico, detrás de ellos hay la búsqueda de una explicación racional a los fenómenos de la naturaleza y el origen de la vida y de las cosas, por eso en los mitos hay historia, sabiduría y ciencia, dijo el antropólogo Alejandro Aguilar, curador de la exhibición junto con el lingüista José Luis Moctezuma.

Los pueblos del noroeste de México son ricos en mitos: en el proceso de curaduría y elaboración del guión científico, los investigadores reunieron 100 cuartillas que contienen mitos de diferentes pueblos del noroeste. Se hizo una selección de alrededor de 50 que se presentan en cuatro módulos.

El primero, La oscuridad y el universo, refiere que en diferentes sociedades del noroeste existe una alusión esencial hacia la oscuridad, origen de las cosas. Detrás está la búsqueda del entendimiento del universo, los astros, las estrellas y el mundo.

En seguida El fuego divino: los mitos, dan cuenta del final de ese origen pleno de oscuridad mediante el surgimiento de la luz y el fuego original. A veces en la conciencia de los mitos surge primero la noche y después llega el sol.

La muestra continúa con Las agua del origen: el agua ha tenido su propio territorio por eso la conciencia humana surge también debajo de las aguas. Este elemento se encuentra en mitos, cantos y ceremonias y en la lucha de los derechos indígenas.

El recorrido cierra con La tierra y el barro de la humanidad: mitos sobre el origen del territorio y otros relacionados con su transformación.

En el recorrido museográfico, el público aprecia collares y pectorales cucapá minuciosamente elaborados en chaquira y con elementos iconográficos que narran su origen y filosofía; también los elementos del ritual de los pascolas y el venado, como las máscaras, que representan personajes míticos, y los cinturones, necesarios en una danza ritual.

Se muestran también piezas de cestería como las canastas del desierto, para los pueblos yumanos, comcáac (seris) y o´odham convertir el desierto en arte ha sido algo cotidiano y ceremonial; esculturas comcáac relacionadas con deidades propiciatorias, como los icommolca (santos) elaborados en madera de torote o palo fierro; máscaras de fariseos yoreme, coronas de carrizo de los haco cama (chamanes comcáac), palma de danzantes matachín o las representaciones en barro de espíritus tutelares comcáac, cuyas huellas siguen en el tiempo, dispersas en territorios ancestrales o reproducidas en artesanías.

La noche de celebración finalizó con la danza de matachines. Entonces el olor a comida llamó a la mesa: los tamales tradicionales de carne y frijoles refritos desplegaron su sabor para materializar el disfrute del patrimonio cultural inmaterial en una noche tibia, de viento suave y cielo limpio en Hermosillo.

El sonido de los tobillos forrados de capullos de mariposa y las cinturas con cascabeles volvieron hacer eco en la explanada del Museo Regional de Sonora, acompañados de violines y arpas; flautas y tambores. Más atrás, también se escuchaba una guitarra que acompañaba la colorida indumentaria de los matachines que danzaban sin parar.

Por regla común, se ha pensado que la historia de Sonora comenzó hace 400 o 500 años, con la llegada de los misioneros españoles, cuando en realidad hay mitos, historia y prácticas agrícolas desde hace más de cuatro mil años, finalizó el antropólogo Alejandro Aguilar.

La muestra, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estará abierta al público hasta el 8 de abril de 2018, acompañada de talleres y actividades didácticas, en el Museo Regional de Sonora.

 

 

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