Camino Real de Puente Grande al Colegio Noviciado Jesuita. Fototeca. Coordinación de Monumentos Históricos.

Patrimonio Mundial

 

 

* Investigadores han logrado hacer el reconocimiento en esta entidad de diversos tramos del itinerario cultural, así como el descubrimiento de un rodezno en un molino jesuita

 

* Concluyó el Primer Coloquio sobre Movilidad. Camino Real de Tierra Adentro: perspectivas y oportunidades, desarrollado en el Museo Nacional del Virreinato

 

La parte del Estado de México que conforma el Camino Real de Tierra Adentro aún conserva el 80% de su empedrado, lo que ha permitido el reconocimiento de sitios como el Ex Colegio Noviciado de San Francisco Javier, los puentes de Atongo y Aculco, además del tramo entre Aculco hacia Polotitlán, como parte de este histórico recorrido que forma parte de la Lista de Patrimonio Mundial, que partía del centro de México y llegaba hasta Nuevo México, en Estados Unidos.

En el cierre de las actividades del Primer Coloquio sobre Movilidad. Camino Real de Tierra Adentro: perspectivas y oportunidades, que tuvo como sede el Museo Nacional del Virreinato (MNV), la arqueóloga Josefina Gasca Borja, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que en la época colonial, Tepotzotlán tenía una ubicación estratégica al estar enlazada con otros trayectos —además del Camino Real— que conectaban las diferentes propiedades que pertenecían a los jesuitas.

Para los arqueólogos, dijo, los caminos son indicadores de formas de organización territorial y elementos importantes de la estructura material del territorio; son uno de los factores principales del patrón de los asentamientos.

Dio a conocer que a partir de la investigación comenzada hace diez años, se determinó que en la mayor parte del itinerario correspondiente al territorio mexiquense, el ancho del también llamado Camino de la Plata va de seis a 25 metros, mientras que un tramo, de aproximadamente un kilómetro, ubicado en el estado de Hidalgo, es de 40, lo que da una idea de cómo se fue adecuando esta vía, de acuerdo a las necesidades de transportación, ya sea de carga o de pasajeros, que viajaban a las lejanas tierras del norte.

Durante su conferencia El Camino Real de Tierra Adentro a su paso por el Estado de México: una investigación de arqueología histórica, Josefina Gasca expuso que también se ha podido conocer que desde la época prehispánica, Aculco fue un sitio de interés entre los viajeros, ya que era punto de encuentro de una ruta comercial de Tierra Caliente, que partía de los territorios que hoy ocupan Michoacán y Guerrero, hacia el señorío de Tula, en la actual entidad de Hidalgo.

“Esta vía y otras secundarías, que ya se transitaban desde antes de la llegada de los españoles, fueron aprovechadas por éstos para transportar el azogue, la sal del mercurio, indispensable en la minería”.

La arqueóloga, adscrita al MNV, analizó fuentes históricas como La relación geográfica de Querétaro de 1582, en la que encontró que las ciudades de México y de Querétaro estaban conectadas por un camino largo, de 56 leguas y que había otro más corto.

“En uno de los primeros documentos oficiales del gobierno colonial sobre el pueblo de Querétaro, se descubrió la ruta de recuas, de 22 leguas, porque además del Camino Real, que era la vía para carros y carretas, estaba la que posiblemente utilizaron los nativos desde antes de la Conquista”.

El arquitecto Ricardo Peza expuso un descubrimiento en territorio mexiquense relacionado con el Camino Real de Tierra Adentro: el de un rodezno (rueda hidráulica con paletas curvas y eje vertical) en el molino ubicado en los terrenos adyacentes del MNV. 

Es el primer rodezno que se localiza in situ en un molino harinero; se trata de una turbina rústica que data del siglo XVIII, la cual hacía funcionar a este mecanismo en la producción de harina de trigo.

La rueda de madera con cinchos de metal era impulsada por la fuerza del agua, lo que generaba el movimiento de las muelas (piedras engranes) que al girar trituraban dicho cereal. Estaban unidas por un eje simple de madera y posiblemente cubiertas con algún tipo de aleación.

El investigador del Museo Nacional del Virreinato mencionó que estudios anteriores sobre tales mecanismos, refieren que este tipo de molienda era muy rústico, sin embargo, los que implementaron los jesuitas fueron elementos de tecnología avanzada para ese momento.

El molino contaba con un torno cernidor, que consistía en una especie de gabinete con un cedazo interior y un tambor de tela que al girar separaba en cajones la harina fina, la media y el salvado.

También tenía elevadores de cajillones, un sistema de elevación hecho con correas de cuero y madera que transportaba la harina de la sala de molienda, un nivel abajo, a la de cernido. 

“En 1592, en Tepotzotlán, en los molinos del colegio jesuita —que para ese entonces tenían siete muelas corrientes y molientes, como se les llamaba—, junto con sus haciendas de Xuchimangas, de la Concepción y Jalpa, producían harina para los colegios del municipio y también para los de la Ciudad de México, y para sus haciendas y misiones en el norte de la Nueva España”.

El rodezno está en proceso de consolidación y restauración por parte de maestros y estudiantes de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH.

En las conclusiones del encuentro, Sara Gabriela Baz, directora del MNV, subrayó que el coloquio contribuirá a la puesta en valor del Camino Real de Tierra Adentro, así como del patrimonio natural, material e inmaterial que lo constituye. 

“Una constante en las reflexiones vertidas en el coloquio fue la ‘capitalización’ de este patrimonio, en el sentido de cómo las comunidades se vinculan y acogen el pertenecer a un tema que posee una declaratoria de Patrimonio Mundial”.

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