Museo de Sitio de Tehuacán. Foto: Héctor Montaño, INAH.

 

 

 

*** Las más de 80 piezas arqueológicas en exhibición son resultado de más de 20 años de investigación en el sitio, un proyecto liderado por la arqueóloga Noemí Castillo
 

*** El recinto fue inaugurado por Diego Prieto, encargado de la Dirección General del INAH, y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle

 

Con una vista privilegiada del valle que le da nombre, abrió sus puertas el Museo de Sitio de Tehuacán, un espacio que mediante una rica colección de piezas arqueológicas y elementos audiovisuales, revela al visitante la que fue, en la época prehispánica, la ciudad más importante del oriente del actual estado de Puebla: Ndachjian, más conocida como Tehuacán, antigua urbe de la cultura nguiwa o popoloca.

En representación de María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura, el antropólogo Diego Prieto Hernández, encargado de la Dirección General del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), acompañó al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, durante la inauguración de este recinto edificado con recursos del gobierno estatal, cuya museografía estuvo a cargo de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH.

En el acto protocolario, Diego Prieto y Rafael Moreno Valle hicieron un reconocimiento público al trabajo de más dos décadas encabezado por la arqueóloga Noemí Castillo Tejeda, investigadora emérita del INAH, en el estudio y puesta en valor de Tehuacán —sitio del que se han explorado sólo 16 de las 126 hectáreas que comprende su poligonal— y del que proceden las poco más de 80 piezas arqueológicas que alberga el recién abierto Museo de Sitio de Tehuacán.

El gobernador de Puebla recordó que un esquema similar de colaboración con el INAH se dio para la edificación del Museo de Sitio de Cantona; en esta ocasión, el gobierno estatal apoyó tanto en la construcción del espacio museístico en Tehuacán, como en la carretera de acceso al mismo.

Diego Prieto, responsable del despacho del INAH, hizo hincapié en la importancia de esta región como espacio geográfico fundamental en la domesticación de diversas plantas, entre ellas el maíz, lo cual también representó el embrión para el desarrollo de grupos humanos. Es por ello que el INAH es uno de los organismos federales que impulsa la inscripción de la Reserva Tehuacán-Cuicatlán como Patrimonio Mixto, en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El Museo de Sitio de Tehuacán —dijo— es la introducción al conocimiento de esta zona arqueológica que fue considerada el centro de culto y cabecera política más importante de la región durante el periodo Posclásico, de manera que la arquitectura de Ndachjian o Tehuacán data del años 1000 d.C. al 1456 d.C., aproximadamente.

El antropólogo expresó que el museo tiene un sentido educativo, social, y un potencial turístico. “Es una experiencia de memoria que nos muestra la profundidad de nuestro pasado, un lugar donde los habitantes de la región oriente de Puebla puede establecer lazos con los pobladores de otros tiempos”, en este caso el grupo nguiwa que estableció este asentamiento alrededor del siglo IX d.C.

Las más de 80 piezas arqueológicas que se exhiben en el espacio —continuó— permiten acceder a las formas de vida y los medios que los popolocas idearon para su subsistencia, por ejemplo, debido al clima árido construyeron un complejo sistema hidráulico para el control de agua pluvial. El Museo de Sitio de Tehuacán se vale de cédulas, planos y animaciones 3D para abordar la planeación arquitectónica y el simbolismo religioso de la ciudad.

Entre la selección de más de 80 piezas arqueológicas —que incluye esculturas monumentales en piedra y barro, así como vasijas, figurillas y lítica—, sobresalen deidades cosmogónicas y la decoración tipo códice de las figuras. Asimismo, la producción cerámica local y de importación, marca las rutas de comercio e intercambio de la urbe, que iban de los Valles Centrales de Oaxaca al Altiplano, y del Golfo de México a la región Puebla-Tlaxcala.

Destacan también figuras de barro denominadas “xantiles” que son especialmente representativas de la región y que muestran a diferentes dioses en posición sedente y con los brazos cruzados: Xipe Tótec, Xochiquétzal, Xochipilli y Quetzalcóatl, con aplicaciones de pintura que se ha conservado hasta nuestros días. Estas representaciones fueron detectadas en el área de élite (palacios) donde habitaban los dignatarios.

Bajo la guía de la arqueóloga Noemí Castillo, responsable del proyecto arqueológico en el sitio, Rafael Moreno Valle y Diego Prieto recorrieron parte de lo que será la visita a la zona arqueológica. La comitiva compuesta por funcionarios federales, como el director del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), Moisés Rosas; autoridades estatales y municipales, ascendió la meseta conocida como La Mesa, al pie del Cerro Colorado, donde se distribuyen parte de las edificaciones.

Ahí observaron la consolidación de la Plaza del Templo de Fuego Nuevo, edificio dedicado a la renovación del tiempo cada 52 años. La plaza está flanqueada por los desplantes de las trece columnas de los Señores de la Noche y las nueve columnas de los Señores del Día, así como por un templo dedicado a Ehécatl-Quetzalcóatl.

La investigadora emérita del INAH detalló que la ciudad floreció  desde el año 1000 hasta 1456, cuando los mexica-tenochcas conquistaron a los popolocas y les obligaron a abandonar la ciudad, para sentarse muy cerca, en el paraje llamado Calcahualco, sitio en el que los encontraron los conquistadores españoles.

Ubicado en las inmediaciones del poblado de San Diego Chalma, al sur del estado de Puebla, el sitio de Tehuacán se distingue por los conjuntos de edificaciones distribuidos en los desniveles de la meseta. Destacan plazas donde se realizaban ceremonias, unidades habitacionales donde residían los gobernantes y sacerdotes, basamentos piramidales en cuya cúspide había templos, así como restos de drenaje y conductos de agua.

En el conjunto central se localiza la estructura más alta del sitio, denominada Templo Mayor, así como el Templo de las Calaveras.

Los materiales arqueológicos encontrados en más de 20 años de exploraciones sistemáticas son excepcionales, como por ejemplo grandes esculturas de basalto con una técnica muy depurada que permite admirar los detalles de las vestimentas de los dioses y características muy claras de la calidad escultórica. Un conjunto extraordinario que ya puede conocerse a través de su Museo de Sitio.
 

 

 

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