El Museo Nacional de Antropología analiza y recrea el color de sus colecciones. Foto MNA-INAH.

 

 

 

*** El estudio cromático es parte del Proyecto de caracterización de materiales constitutivos y de la técnica de manufactura de los bienes culturales del museo
 

*** Se analizan los pigmentos, tipos de piedra, aglutinantes empleados para fijar el color, entre otros aspectos de las piezas prehispánicas

 

Depositario de una gran colección que asciende a alrededor de 126 mil objetos, y 15 mil expuestos en sus salas arqueológicas y etnográficas, el Museo Nacional de Antropología realiza desde hace algunos años tareas específicas para la conservación y análisis del color de sus valiosos acervos. Así lo dio a conocer la restauradora Laura Filloy al participar en el Coloquio Internacional Χρώμα (croma) Color Tlapalli. El cromatismo en el arte grecorromano y mexica, llevado a cabo en El Colegio Nacional.

El estudio cromático de varias piezas prehispánicas es sólo una arista del Proyecto de caracterización de materiales constitutivos y de la técnica de manufactura de los bienes culturales del museo, explicó la directora de esta iniciativa, la cual cuenta también con la colaboración de diversos especialistas, entre ellos la maestra Noemie Kopczinski, conocedora del cromatismo en el arte grecorromano, adscritos a distintas instituciones.

La doctora Filloy, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, detalló que la metodología de este trabajo liderado por el Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología, se basa en una perspectiva arqueométrica, es decir, que se vale de diversas técnicas que permiten una caracterización precisa de cada uno de los materiales constitutivos de los objetos, permitiendo entender la sinergia que yace en la manufactura de cada uno de ellos.

De esta manera, explicó, “podemos estudiarlos desde múltiples ángulos que van de la comprensión de su materia prima, además de la tipología, las formas o la secuencia  tecnológica, que es diferente dependiendo del grupo que los produjo. Asimismo, nos adentramos en el significado de cada uno de los materiales, en el contexto  sistémico o de uso que tuvo el objeto, y las cadenas operativas o de sucesión de procesos necesarios para la manufactura de las piezas”.

Para el análisis de elementos, como pigmentos, tipos de piedra, aglutinantes empleados para fijar el color, etcétera, se tiene el apoyo de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH, de los laboratorios de Diagnóstico de Obras de Arte de la UNAM, y de la Escuela Nacional Conservación, Restauración y Museografía del INAH.  

Significativo ha sido el vínculo con el Proyecto de Análisis No Destructivo para el Estudio In Situ del Arte, la Arqueología y la Historia (ANDREAH), de la UNAM, dirigido por el doctor José Luis Ruvalcaba, y que justamente permite contar con equipos de estudio transportables, evitando la salida de piezas del espacio museístico.

La metodología aplicada tiene varias fases, de cuales Filloy abundó en tres. La primera consta de un examen global del objeto con lupas y diversos tipos de iluminación, como luz ultravioleta e infrarroja, para tener un acercamiento a los rasgos generales de la obra. La segunda etapa contempla análisis no destructivos in situ para entender la composición elemental de los mismos, técnica de manufactura y del color de una manera más certera.

Una tercera, no siempre necesaria, es la obtención de muestras, de microfracciones del bien cuando se requiere ahondar en alguna de sus características, entonces se hace uso, entre otros métodos, de la difracción de Rayos X.

Laura Filloy citó un par de ejemplos. En el caso de una cabeza de estuco que representa al gobernante Pakal II de Palenque, recuperada por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier en el Templo de las Inscripciones, fue posible descubrir rastros de pigmentos bajo la capa de carbonatos que la cubría: “Logramos hacer un mapeo de color y una posible restitución cromática de cómo debió lucir la cabeza de Pakal”.

También dijo, a través de espectrometría Raman se ha podido establecer la composición mineral de objetos de lítica pulida de la máscara funeraria de Pakal II, de la que se sabe está conformada de tres tipos de jade: cosmoclor, jadeíta y albita. El estudio puede ir más allá, y mediante fluorescencia de Rayos X se podría incluso conocer el yacimiento del que se obtuvieron estas piedras verdes comparándolas con minerales extraídos  de yacimientos mineralógicos, caso de la jadeíta procedente de la zona del Río Motagua, en Guatemala.

Mención aparte mereció el trabajo que el proyecto ha estado realizando en parte de la colección arqueológica de la Sala Mexica, específicamente sobre las esculturas que representan serpientes, observándose la presencia de rojo, azul, ocre, blanco y trazas de negro, los cinco colores usados por los mexicas en su obra escultórica.

Basados en la metodología de los expertos de los museos de Copenhague (Dinamarca) y del Templo Mayor (Ciudad de México), esta labor se hizo con el apoyo de la maestra Noemie Kopczinski, durante una estancia que realizó en el Laboratorio de Conservación del MNA.

En un video, Kopczinski explicó que dado que el basalto es una piedra volcánica muy porosa, se pudieron observar muchas trazas de pigmentos entre los orificios de la piedra. “Este examen se hace con una luz franca para determinar los espacios donde debemos situar el microscopio digital y sacar fotografías de los pigmentos. A partir de las imágenes y el sistema de color Munsell (usado para la identificación exacta de todos los colores que existen) podemos precisar el color y hacer una restitución 3D”.

Esta tarea la ha continuado el Proyecto de Digitalización de las colecciones del Museo Nacional de Antropología.

 

 

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