*** El INAH y la UPAEP rinden reconocimiento al connotado especialista con más de cinco décadas de trayectoria
 

*** “Puebla es el territorio que me vio nacer y me verá desaparecer como arqueólogo”, dijo el homenajeado


“Soy arqueólogo por accidente”, es la definición que ofrece de sí mismo Ángel García Cook, quien relata que luego de cultivar desde la infancia el sueño de ser ingeniero y construir carreteras, se vio de pronto inmerso en un mundo “del que no sabía nada” pero que lo fue atrapando poco a poco: el de la historia y la arqueología, al que ha dedicado más de 50 años de trabajo ininterrumpido.
 
En reconocimiento a este esfuerzo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) crearon la Cátedra Ángel García Cook, en un homenaje al connotado especialista, investigador emérito del INAH, quien ha desarrollado en la entidad algunos de sus más importantes estudios arqueológicos.
 
Inaugurada por el rector de la UPAEP, Emilio José Baños Ardavín, durante una ceremonia en la que el arqueólogo estuvo acompañado por el director del Centro INAH Puebla, José Francisco Ortiz Pedraza, la cátedra tiene el propósito de poner al alcance de estudiantes, investigadores y público en general a especialistas de reconocida trayectoria a fin de que compartan los frutos de su actividad.
 
La cátedra, que en principio será trimestral, se constituye en un espacio de intercambio de conocimientos y estará dedicada a diversos aspectos de la antropología, la historia y la cultura en general.
 
El antropólogo físico José Francisco Ortiz Pedraza comentó que en el marco del 75 aniversario del INAH, se decidió instalar esta cátedra con el nombre de Ángel García Cook, quien ha desarrollado una amplia trayectoria en el campo de la arqueología, con particular énfasis en proyectos que han tenido lugar en los estados de Puebla y Tlaxcala desde los años 60 del siglo pasado.
 
El rector de la UPAEP, Emilio José Baños Ardavín, señaló que la cátedra es enarbolada por uno de los grandes arqueólogos de nuestro tiempo, “ejemplo que inspira vocaciones y cuya actividad infatigable ha permitido el descubrimiento de gran parte de nuestra historia”.
 
García Cook agradeció la distinción y manifestó que es un gran honor que se hayan fijado en su persona para ponerle su nombre a una cátedra de esa universidad. “Lo único que he hecho para merecerlo es haber dedicado, y lo sigo haciendo, buena parte de mi vida profesional a proyectos en el estado de Puebla, pues aún cuando he trabajado en varias partes del país y fuera de éste, siempre vuelvo al territorio que me vio nacer y me verá desaparecer como arqueólogo”.
 
Recordó con nostalgia cómo su interés por convertirse en ingeniero civil se transformó por completo para dar paso a una vocación que lo cautivaría desde que de manera fortuita y por simple curiosidad, llevado por su amigo Gabriel Moedano, llegó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), que en 1958 se encontraba en la calle de Moneda, donde actualmente se localiza el Museo Nacional de las Culturas.
 
“Llegamos, nos dieron folletos de las carreras que en esa época se ofrecían, y cuando nos íbamos, un señor nos saludó con mucho entusiasmo y nos preguntó: ‘¿Ya se inscribieron?’. Le dijimos que no, que sólo íbamos para pedir información. Y entonces nos dijo: ‘No, de ninguna manera, ustedes se apuntan’, y le dio la orden a la secretaria de que nos apuntara”.
 
Y aunque le replicaron que no llevaban dinero para la inscripción, él mismo sacó 20 pesos para que los inscribieran. “Era el director de la escuela, que luego fue mi maestro. Así, en las mañanas estudiaba ingeniería y en las tardes me iba a la ENAH. En 1959 dejé la carrera de ingeniería y me propuse regresar a ella cuando tuviera tiempo, pero aún no he podido hacerlo”, expresó entre las risas de los asistentes.
 
Así inició un largo camino que se prolongaría por más de cinco décadas en el campo de la arqueología. En 1960 empezó a trabajar en las colecciones del Museo Nacional y en 1961 hizo su primer trabajo de campo invitado por el profesor José Luis Lorenzo, jefe de Prehistoria en el INAH, quien le comentó que vendría a México el doctor Richard N. MacNeish para realizar una investigación sobre el origen de la agricultura en el valle de Tehuacán.
 
“Ese fue el mejor proyecto que he conocido, el mejor llevado a cabo, donde se encontró mucho material orgánico y en el que trabajaron arqueólogos, etnólogos, geólogos, botánicos, genetistas y especialistas en maíz, frijol y calabaza”.
 
Subrayó que fue un proyecto de gran importancia mundial, que arrojó más de 100 mil restos de plantas, entre ellas elementos de maíz, tanto semillas como olotes, mazorcas, hojas, tallos y raíces, que cubrían un espacio temporal desde 5,500 a.C. hasta el siglo XVII.
 
Ángel García Cook detalló que 50 años después, en 2013, a través de un convenio entre el INAH y un grupo de investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN en Irapuato, fueron nuevamente a las cuevas de San Marcos y Coxcatlán para excavar raíces de plantas y conocer el genoma del maíz. Ahí encontraron nuevamente restos de maíz, olotes, hojas y una raíz cuya antigüedad data de 5,200 años a.C. “Fue una gran emoción volver al lugar donde trabajé por primera vez hace tantos años y que determinó mi vocación”.
 
El especialista recordó que lleva 54 años realizando y participando en diversos proyectos de investigación arqueológica, de los cuales más de la mitad ha trabajado en Puebla. Se refirió particularmente al proyecto especial de Cantona, donde ha laborado desde 1993.
 
Relató que en principio no se pensaba abrir la zona arqueológica al público, pero luego se decidió que era lo mejor para evitar el saqueo y mostrar su magnificencia. “Es una ciudad enorme, de 1,453 hectáreas, con numerosas estructuras y donde se han encontrado 24 juegos de pelota. La población, al parecer de clase media y alta, vivía en unidades cerradas que se comunicaban por calles construidas. Tuvo una vida muy larga que empezó en el año 1000 a.C. y llegó hasta el 900 d.C. Es importante señalar que toda su vida dependió de la producción de obsidiana”.
 
Nacido el 17 de agosto de 1937, García Cook ha formado a numerosas generaciones de estudiantes, ha impartido más de 150 conferencias en diversos foros académicos de México y de otros países, y su obra escrita abarca más de 200 títulos. Agregó que la constancia y la pasión por el trabajo han sido la clave de su largo andar en el campo de la arqueología.