Iker Larrauri recibe homenaje en el Día Internacional de los Museos. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

 

 

*** El INAH celebró a este pilar de la museografía y museología mexicanas en el Museo Nacional de Antropología
 

*** La huella de Larrauri, quien fuera director de Museos y Exposiciones de la institución, se encuentra en todo el país y en el extranjero

 

 


Iker Larrauri Prado confiesa que “los caminos de la vida y las necedades” lo llevaron a los museos, y es en estos espacios donde ha dejado una huella indeleble, imperecedera, de manera que no se puede hablar de museos en México sin referirse a su trabajo, de ahí que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) decidió rendirle un homenaje en el marco del Día Internacional de los Museos.

El Museo Nacional de Antropología, uno de los grandes recintos asociados a la trayectoria de Iker Larrauri, fue el lugar idóneo para reconocer a este pilar de la museografía y museología mexicanas, a tal grado, expresó el director general del INAH, el antropólogo Diego Prieto Hernández, que esta fecha, 18 de mayo, bien podría ser declarado el “Día Nacional de Iker Larrauri”.

Larrauri pertenece a esa estirpe de la gran tradición museográfica mexicana, heredero de la visión y el trabajo que caracterizó a personalidades como Miguel “El Chamaco” Covarrubias, Roberto Montenegro, Gerardo Murillo “Dr. Atl”, Carlos Pellicer y Fernando Gamboa, expresó el titular del INAH ante un auditorio compuesto por amigos, colegas y familia, que se volcó en aplausos al homenajeado.

En la Ciudad de México su impronta se despliega en las salas de los museos de El Caracol o en el Nacional de Antropología, con sus excelentes dibujos sobre el paso del hombre prehistórico por el Estrecho de Bering o la extinción de la fauna pleistocénica, y ni que decir de la reproducción que hizo, junto con Mario Vázquez, Jorge Angulo y María Teresa Dávalos, de la cámara funeraria de Pakal, el gran soberano maya de Palenque.

En casi cualquier estado de la República está su herencia. Diego Prieto recordó que siendo director de Museos y Exposiciones del INAH, entre 1973 y 1977, Larrauri intervino en la conclusión de varios museos regionales, caso del Cuauhnáhuac, en Morelos; los de Oaxaca, Puebla y Guadalajara, en Jalisco.

Después se asociaría con Jorge Agostoni para fundar “Museográfica”, e involucrarse en otros proyectos de gran envergadura: los museos de Culturas Populares de Sinaloa, el de Antropología de Xalapa, el de la Zona Arqueológica de Paquimé, el Regional de La Laguna, el del Centro Cultural Tijuana. Y fuera de las fronteras mexicanas colaboró en los proyectos de los museos Nacional de Kuwait, de la Civilización Egipcia de Nubia, en Asuán, el Olímpico de Lausana, Suiza; e incluso para pabellones internacionales, como el que representó a México en la Expo Sevilla 92.

Su esposa, la doctora Mayán Cervantes, recordó la amistad que por más de 30 años le unió con Jorge Agostoni, su socio. Para Agostoni, quien falleció en 2015, Larrauri siempre trató de forma semejante a los museos y a los amigos: con gusto, con atención y con respeto. Y a él bien podría asociarse la frase dicha por T. S. Elliot: “Hacer lo útil, decir lo justo y contemplar lo bello es bastante para una vida de hombre”.

Otro de los tantos amigos de Iker Larrauri, el escritor y periodista Pedro Miguel, tampoco fue ajeno a estos elogios, y dijo que el homenajeado es un amante de los saberes, los cuales supo transformar en creaciones, “desde apuntes a lápiz hasta murales, desde guiones hasta museos, desde bocetos hasta construcciones, desde un afán de transformar la realidad para bien hasta programas tan portentosos como el de Museos Escolares, cuyas huellas aún se encuentran en comunidades alejadas de nuestro país”. 

En palabras del columnista de La Jornada, Iker hizo todo esto sin perder un gramo de su discreción, de su humildad. Un hombre que ayudó a crear y fortalecer instituciones como el propio INAH, sin volverse jamás institucional.

Consecuente con esta descripción, el homenajeado no quiso explayarse. Se expresó agradecido de “haber caído en esta esfera que llamamos mundo hace ya algunos años (88, para ser exactos) y al rodar en el vacío haber caído en México”. Su segundo golpe de suerte, dijo, fue haber convencido a su mujer, Mayán Cervantes, de formar parte de su vida.

Expresó que los museos “no son roperos donde se van acumulando antigüedades, sino que son lugares donde funciona la relación entre los humanos, se enriquece el conocimiento, se disfruta de las obras. El museo es un espacio de todos y para todos”.

Terminado el homenaje se abrió en la segunda planta del Museo Nacional de Antropología la exposición Iker Larrauri y su obra plástica, compuesta por fotografías, bocetos y reproducciones a escala de su producción artística.

 

 

 

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