Xantiles

La figura del xantil es muy común en toda el área popoloca, desde Tecamachalco, Puebla, hasta Coixtlahuaca, en Oaxaca. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

 

 

*** Se trata de esculturas de barro que representan a deidades del panteón mesoamericano

 

*** Las piezas formaron parte de una ofrenda de clausura del Altar de los cráneos de la Zona Arqueológica de Tehuacán

 

Hace tres años, durante los trabajos de exploración coordinados por la arqueóloga Noemí Castillo Tejero, apareció un conjunto de esculturas de barro, denominadas xantiles, depositadas como parte de una ofrenda que corresponde a un osario en el interior de la edificación llamada Altar de los cráneos, localizada junto al muro sur que delimita el conjunto central de la Zona Arqueológica de Tehuacán. Las esculturas fueron intervenidas por especialistas y estudiantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Los xantiles, esculturas en barro con el cuerpo  modelado, a veces de forma cónica, y el rostro elaborado en molde, representan a deidades del panteón mesoamericano del Valle de Puebla y el norte de Oaxaca, utilizadas por los popolocas para el culto en espacios domésticos. Algunas piezas de este osario aparecieron rotas intencionalmente o “matadas” como parte del ritual de clausura de la primera etapa constructiva de la edificación.

 

Las piezas se trasladaron a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), donde fueron intervenidas en el Seminario Taller de Restauración de Cerámica; posteriormente se llevarán al Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Tehuacán para su exhibición.

 

La restauradora Monserrat Salinas Rodrigo, una de las tres profesoras responsables del seminario, explicó que recibieron doce piezas de barro en distinto estado de conservación. “Unas estaban muy fragmentadas y otras requerían solo limpieza, ya que presentaban suciedad superficial”.      

 

La ofrenda del Altar de los cráneos se localizó durante los trabajos de  excavación encabezados por la doctora Noemí Castillo, en el conjunto central de dicho sitio arqueológico en 2014. “Hallamos una subestructura de la primera etapa constructiva (1000-1200 d.C.) y un pequeño altar  adosado  de un metro de alto con escalones, alfardas y  dos calaveras a los lados, por lo que lo denominamos Altar de los cráneos”.

 

Explicó que al limpiar la superficie del altar comenzaron a aparecer huesos humanos, lo que hizo necesario la exploración del interior de la estructura, que correspondió a un osario de aproximadamente cuatro metros cuadrados por uno de profundidad. Los restos óseos corresponden a  más de 40 individuos entre adultos y niños. En el fondo, en la esquina noreste estaban depositados 11 de los xantiles y uno más adosado al muro oeste.

 

En la colección hay tres representaciones semicompletas de Xipe Tótec, deidad de la muerte, que se muestra con el cuerpo descarnado y senos. Sobresale un xantil cubierto de estuco, sin cabeza y pigmentado con colores vivos en negro y rojo, además presenta un hueso humano incrustado a la altura del cuello. “Aún no sabemos cuál es su significado, pero indudablemente está relacionado con un culto a la muerte", sostuvo la arqueóloga Castillo Tejero.

 

Este xantil es el que más policromía preserva, del lado derecho está pintado de rojo, símbolo de la vida, y del izquierdo de negro, que representa la muerte, mientras que en el cuello se observa un collar azul maya con círculos amarillos. La pieza aún mantiene parte del estuco con el que fue adosado al edificio y la forma asemeja un costillar humano teñido de rojo.

 

A la pieza se le efectuó una limpieza general  y para consolidar la estructura que la soporta se fijó mediante aspersión de agua y cal; finalmente se hicieron resanes con morteros de cal y arena para detener la fragmentación del estuco.

 

Entre las nueve piezas restantes se encuentran cráneos, una cabeza de Tláloc, dios de la lluvia, con anteojeras, bigoteras y colmillos, así como restos de pigmento azul; también una cabeza zoomorfa que podría tratarse de un cánido. Todas corresponden al periodo Posclásico Tardío (1100-1521 d.C.).

 

Los alumnos de la ENCRyM que participaron en la restauración fueron: Ximena Villanueva, Claudia Olvera Moreno, Elideth García Cantú, Carlos Hernández, Zoara Sanders, Brenda Benítez, Daniela Chávez, Guillermo Elizalde, Gracia Martínez, Franco Romero y Aura Rosas.

 

Antes de iniciar la intervención, las piezas fueron registradas en forma detallada, posteriormente se sometieron a varios estudios para la identificación de sales, así como a una microscopía de barrido y fluorescencia de rayos X para determinar el tipo de pigmentos.  Una vez analizadas se hizo una limpieza general, se removieron las concreciones de sales, se unieron los fragmentos, se resanaron las fisuras, se fijaron los pigmentos disgregados y se realizó la reintegración cromática.

 

Cabe destacar que todas las esculturas son modeladas y sólo, aparentemente, se usaron moldes para crear las caras, lo que habla de un pueblo altamente especializado en la cerámica, y ante la carencia de piedras o rocas adecuadas para la escultura, produjo imágenes de sus deidades en barro, como se ha confirmado en el sitio arqueológico, donde se han hallado abundantes restos de xantiles.

 

La arqueóloga Noemí Castillo Tejero, responsable del proyecto arqueológico de Tehuacán, sostuvo que la figura del xantil es muy común en toda el área popoloca, desde Tecamachalco, Puebla, hasta  Coixtlahuaca, en Oaxaca.

 

En la Zona Arqueológica de Tehuacán se han encontrado esculturas en piedra y gran cantidad de xantiles de barro en las áreas habitacionales, donde los sacerdotes tenían sus altares.

 

Explicó que en el caso de las piezas encontradas en el Altar de los cráneos, estaban fragmentadas a propósito, porque no se encontraron los cuerpos, y en cuanto a la pieza adosada al muro no se localizó la cabeza, por lo que, seguramente, fueron llevadas así para enterrarlas con las osamentas en el ritual de clausura. 

 

Las fuentes históricas señalan que los antiguos popolocas habitaron la región del sur de Puebla y el norte de Oaxaca desde finales del Periodo Clásico (650 d.C.), su expansión fue durante el Posclásico Temprano (900-1100 d.C.), y su apogeo desde la caída de Tula hasta la llegada de los mexicas en el siglo XV.  Era un pueblo que estaba organizado en cuatro señoríos: Tecamachalco, Tepexi y Tehuacán, en Puebla, y Coixtlahuaca en Oaxaca.

 

El sitio arqueológico de Tehuacán se distingue por los conjuntos de edificaciones y basamentos piramidales distribuidos en los desniveles de la meseta, donde  realizaban ceremonias rituales y también había unidades habitacionales en las que residían los gobernantes y sacerdotes.

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  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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