La cultura forma y da forma a los individuos, a los grupos, a las sociedades, enfatizó el titular de INAH. Foto: Hector Montaño, INAH.

 

 

 

*** El antropólogo Diego Prieto participó en el 5º Encuentro Interinstitucional Tutorías del IPN con una conferencia sobre la cultura
 

*** Habló de la importancia de que un profesionista incluya a la cultura en su nivel de conocimientos porque es la que da forma a los individuos y las sociedades

 

Es de la mayor importancia proponer una formación integral de los profesionales politécnicos en la que no se descuide la cultura ni el tema del patrimonio cultural, como herramienta fundamental en el nivel de conocimientos en las distintas carreras, áreas, ingenierías y currículas profesionales, y en los distintos grados y posgrados, consideró el antropólogo Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante una conferencia dictada a la comunidad del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El titular del INAH enfatizó que una formación integral debe tener a la cultura como ese espacio en donde los profesionistas se reconozcan parte de una comunidad nacional y pluricultural, como es México. Hay distintas formas de ser mexicano, dijo, porque el nuestro es un país donde existen diferentes formaciones étnicas, lingüísticas y culturales.

Diego Prieto participó con la conferencia Importancia de la gestión cultural en la acción tutorial, en el 12º Encuentro Institucional y Quinto Interinstitucional de Tutorías que lleva a cabo el IPN dentro de su Programa de Tutorías, creado con la finalidad de fortalecer la trayectoria escolar de los alumnos de nivel medio superior y superior, dentro de una formación con calidad, responsabilidad, ética, tolerancia y compromiso social.

El antropólogo habló a los estudiantes y profesores de un instituto reconocido por su especialización en la investigación tecnológica y de innovación, de la importancia que tiene la cultura en la formación de los profesionistas mexicanos, sin importar lo que se estudie, porque da forma a las sociedades y a los individuos.

Recordó que en la antigüedad se pensaba que así como se cultivan las plantas para tener un resultado favorable para la alimentación, pasaba algo parecido en los niños: al igual que las plantas, deben ser cultivados para que surja un hombre de buenas conductas, maneras, acciones. Por eso se empieza a aplicar la palabra cultura o cultivo a la educación, a la formación de las personas, de los hombres.

La cultura forma y da forma a los individuos, a los grupos, a las sociedades y en ese sentido es evidente que en cualquier perspectiva educativa tenemos que asumir que hay un conjunto de sentidos, de valores, de maneras de pensarse en el mundo y de pensar el mundo. Es decir, hay un conjunto de elementos culturales sin los cuales cualquier formación de un profesionista carece de sentido, señaló.

Invitó a reflexionar a la comunidad politécnica reunida en el auditorio del edificio Adolfo Ruiz Cortines, en la Unidad Profesional Zacatenco: ¿para qué nos formamos como profesionistas?, ¿a quién servimos?, ¿cuáles son los deberes éticos de un profesionista?, ¿qué es lo que la sociedad espera de un profesionista? Preguntas que se tienen que contestar en el ámbito de la cultura, pensada en un sentido muy amplio como ese conjunto de expresiones, sentidos, símbolos, saberes, valores y bienes que hacen a una sociedad ser como es.

En la sociedad moderna hay instituciones políticas, económicas, religiosas, artísticas, culturales, de manera que la cultura pareciera ser un ámbito especializado que le corresponde a ciertas personas, dijo el titular del INAH, para luego abordar los diferentes conceptos de cultura: la filosofía del idealismo alemán del siglo XVIII que la consideró como el conjunto de valores espirituales que hacen a los pueblos ser lo que son: una especie de alma de las sociedades.

Entonces la cultura se empieza a traducir en grandes expresiones de refinamiento y de capacidad intelectual que hace que en esta perspectiva haya seres cultos e incultos. De alguna manera, se incluye a quienes dominan ciertas expresiones, conocimientos, capacidades comprensivas hacia la música, la pintura, la danza, hacia lo que se llamaba en el siglo XIX las bellas artes.

Sin embargo, en el siglo XIX cambia la visión: surge la perspectiva antropológica que empieza por oposición a la natura, regresando a la idea del cultivo como la intervención humana sobre la naturaleza. En ese sentido reflexiona sobre lo específicamente humano, lo que hace al Homo sapiens diferente a otras especies. En esta discusión también surgen diferentes posiciones: se pensaba a la cultura como los bienes materiales y desarrollos tecnológicos; la conducta aprendida y la capacidad de aprendizaje; la capacidad de comunicación lingüística, de la producción de símbolos, de mitos, de una conciencia sobre sí mismo.

En el siglo XIX hay una discusión sobre qué es lo específicamente humano desde la antropología filosófica hasta la antropología como ciencia. En ese camino se llega a dos conclusiones: el principio de la universalidad y el principio de la relatividad de la cultura.

El primero sostiene: todos los pueblos tienen cultura. Ya no habla de pueblos cultos e incultos, sino de que todos los pueblos tienen una cultura en la medida en que resuelven el problema de la sobrevivencia, del estar en el mundo y de construir una cosmovisión que explique qué es el ser, qué es el mundo, qué es lo humano o no humano, cuáles son las cosas bellas, las feas, qué es lo deseable e indeseable, o lo bueno y lo malo.

Cualquier pueblo que entienda esas preguntas, que posea un conocimiento y dé opciones tecnológicas para resolver el problema de la supervivencia, que no es problema de alimento, sino de saberse en el mundo, tiene cultura.

El segundo principio, de la relatividad de la cultura, postula que no hay culturas inferiores y superiores, sino distintas, explicó el antropólogo. Discutir sobre la superioridad de las culturas es muy complicado, dijo, porque eso normalmente conduce, inherentemente, al racismo: sostiene que hay razas superiores y culturas superiores. La antropología dice que no, simplemente hay culturas distintas.

Diego Prieto explicó también los conceptos de prácticas culturales, políticas culturales para llegar al tema de las instituciones culturales donde se ubica el INAH, creado durante el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas para la investigación, conservación, difusión del patrimonio cultural y la formación de profesionales que desarrollen esas labores.

También abordó el tema del patrimonio cultural y destacó el papel que ha tenido México como miembro de los comités internacionales en la materia, así como el lugar que ocupa a nivel mundial por la cantidad de sitios y prácticas culturales reconocidas con valor universal, para recordar que el patrimonio cultural da identidad a los pueblos y por eso es tan importante.

 

 

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