Mercedes de la Garza

La historiadora, quien ha entrelazado tiempos y espacios para descubrir el pensamiento de las culturas maya y nahua, será galardonada en el FIC Maya. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

 

 

*** La historiadora, quien ha entrelazado tiempos y espacios para descubrir el pensamiento de las culturas maya y nahua, será galardonada en el FIC Maya

 

*** A este galardón, la investigadora emérita sumará el doctorado honoris causa que le entregará la UNAM, su alma máter

 

Mercedes de la Garza Camino sabe que “el alma es voluble” y que las vocaciones, al igual que el amor, se despiertan con la primera impresión, en su caso fue descubrir Palenque, “ahí, en el Templo de las Inscripciones, decidí dedicar mi vida a estudiar a los que hicieron esa maravillosa ciudad”. Su análisis ha ido en busca del pensamiento de una civilización compleja y fascinante, entrelazando tiempos y espacios, por tal motivo el próximo 20 de octubre será reconocida con la Medalla Yuri Knórosov.

 

Con el reconocimiento a esta destacada historiadora de las religiones, comenzarán las actividades del Festival Internacional de la Cultura Maya, en Mérida, Yucatán, que en esta edición está dedicado a La Cosmogonía y la Preservación del planeta. En el marco de la Mesa Redonda del Mayab, organizada  por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Mercedes de la Garza dictará la ponencia magistral La idea del ser humano en los mitos cosmogónicos mayas.

 

Otra ponencia la dará en el contexto de la Conferencia mundial de la Cosmogonía y la mitología de las culturas milenarias en la preservación del planeta, bajo el tema Conservar lo que los dioses crearon.

 

Mercedes de la Garza fue la mente detrás de la reestructuración integral de 20 salas del Museo Nacional de Antropología, una labor titánica que emprendió siendo su directora entre 1997 y 2000. Un malestar permanente en su rodilla, le recuerda cuando a diario caminaba los cinco kilómetros de recorrido del que se considera uno de los mejores museos del mundo, y siempre iba a parar frente al rostro del gobernante Pakal.

 

Entrevistada en el Centro de Estudios Mayas de la UNAM, espacio que dirigió por 13 años o un katún —lapso maya que ella prefiere usar para cerrar ciclos—, reconoce que nunca emprendió el aprendizaje de la lingüística ni la epigrafía mayas porque le resultaba complejo e inasible, y aunque el galardón que recibirá lleva el nombre de quien sentó las bases del desciframiento de la escritura de esta civilización, sus aportes están en otra dirección.

 

“En mis estudios siempre he considerado el lado religioso-filosófico, la concepción que los mayas y los nahuas tenían del ser humano, qué implica que tal dios tenga tales o cuales características. No su política, no su economía, no su arquitectura, sino lo que pensaban, claro, para ello me he valido de fuentes de diversa naturaleza, desde las documentales que van de los testimonios arqueológicos a los códices y crónicas, hasta la etnografía de los grupos mayances actuales”.

 

A la Medalla Yuri Knórosov, Mercedes de la Garza sumará el doctorado honoris causa que le entregará la que es desde los 18 años, su alma máter, la Universidad Nacional Autónoma de México, el próximo 9 de noviembre.

 

Ya en 1995, año en que creó el Posgrado en Estudios Mesoamericanos en esta casa de estudios y que ha servido en la formación de varias generaciones de especialistas nacionales y extranjeros, recibió el Premio Universidad Nacional de Docencia en Humanidades. A estas distinciones se suman el emeritazgo del Sistema Nacional de Investigadores, y la inclusión como miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia.

 

Hay sendas que se terminan de recorrer “por disciplina”, dice la investigadora emérita de la UNAM al recordar su paso por la Licenciatura en Letras Españolas, aun cuando “los estudios de fonética y gramática nunca me gustaron”. Al mismo tiempo ejerció teatro universitario, hizo radio y participó de un grupo de poesía en voz alta que se reunía en la Casa del Lago, donde compartió con actores como Enrique Lizalde y Ofelia Guilmain.

 

Las clases sobre culturas antiguas del mundo que empezó a impartir como un medio para allegarse recursos, fueron trazando un camino que la llevó a ingresar a la Licenciatura en Historia, también en la UNAM, y sobre el que lleva andados 50 años.

 

Como en su momento llegó a ser la lectura del gran poema épico de John Milton, Paraíso perdido, su visita a Palenque en 1968, un sitio cuyo espacio cívico-ceremonial había dejado al descubierto el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, fue el punto de inflexión en su trayectoria.

 

Mercedes de la Garza fue “pisando los talones” de su maestro Alberto Ruz,  sin proponérselo. Tomó el curso de Civilización Maya que él impartía, fue su ayudante y luego obtuvo la titularidad del mismo; algo similar sucedió cuando se hizo cargo del Centro de Estudios Mayas, fundado por el célebre descubridor de la Tumba de Pakal.

 

La maestra ha sido pionera en la aplicación del análisis comparativo entre los mayas prehispánicos, coloniales y actuales, un enfoque metodológico que no siempre fue comprendido por sus colegas, pero que cuando especialistas norteamericanos, como la epigrafista e iconografista Linda Schele, comenzaron también a utilizar, abrieron un nuevo campo de abordaje.

 

“Empecé a estudiar a los teóricos de la filosofía y la fenomenología de la religión, ésta a través de exponentes como Mircea Eliade y  Michel Meslin, buscó un método comparativo que retomara todas las manifestaciones del fenómeno religioso, pero que a la vez considerara a los hechos en su concreción histórica. Fue bajo esta idea que publiqué Una metodología para el estudio de las religiones mesoamericanas.”

 

Con tono pedagógico, la doctora pone como ejemplo el caso de la cosmogonía: “Puedo irme a los mitos cosmogónicos, desde la época prehispánica, hasta la Colonia, y retomar el pensamiento de los mayas actuales. La interrogante es ¿cómo llegaron esos mitos cosmogónicos a los mayas actuales?, ¿cómo los resignificaron? Pese a la evangelización, los indígenas siguieron teniendo sus tradiciones y disfrazaron varios de sus cultos, de manera que el dios solar era ya Jesucristo. Sólo así pudieron sobrevivir esas “idolatrías al demonio”, idea con la que se juzgó a las religiones indígenas. Los mayas, nunca abandonaron sus tradiciones, y ahora las encontramos resignificadas, ahí siguen los elementos”.

 

El primer libro que Mercedes de la Garza escribió adoptando esa metodología fue su tesis de doctorado, El universo sagrado de la serpiente entre los mayas. “Desde 1984, asocié a varias imágenes de serpientes tragando a seres humanos, y que aparecen tanto en la arqueología como en las obras clásicas, con las creencias de varios grupos mayances actuales, como los mopanes y k’ekchis de Belice, y los ixiles de Guatemala, que tenían y tienen hasta hoy un rito iniciático que consiste en la vivencia de ser tragado por una gran serpiente”.

 

De lo anterior se desprendió una de las vertientes de su mayor interés: el chamanismo, centrándose en los principales ritos de esos especialistas de lo sagrado. El chamán, empezando por los propios gobernantes supremos, “podía ocupar cuerpos de animales, transmutarse en líquidos vitales y en fenómenos naturales, dominar a las fuerzas de la naturaleza y ser capaz de ‘ver’ las enfermedades del paciente. Entre los mayas actuales, los chamanes siguen detentando varios de estos poderes, y son consejeros y guías de la comunidad”.

 

Entre las prácticas iniciáticas para lograr ser intermediaros entre los hombres y los dioses, los chamanes practicaban el ayuno, la abstinencia, la meditación, el autosacrificio y la ingesta de alucinógenos, sobre éstos Mercedes de la Garza escribió Sueño y alucinación en el mundo maya, y después publicó Sueño y éxtasis, visión chamánica de los nahuas y los mayas, en el que da cuenta de al menos 40 plantas alucinógenas usadas por estos grupos, y de las que poco o nada se conoce.

 

Otra obra fundamental que realizó en coautoría con la arqueóloga del INAH, Martha Cuevas, y el epigrafista Guillermo Bernal, es Palenque-Lakamha’. Mercedes de la Garza considera el libro editado por El Colegio de México, como uno de los más completos escritos hasta ahora sobre la célebre ciudad maya y, a su modo, es un homenaje a un lugar que considera suyo.

 

“Los mayas crearon una civilización maravillosa, basta ver los relieves de Yaxchilán, Palenque, y tantas otras ciudades, sus recintos funerarios hechos templos. Todos los vestigios materiales que nos dejaron conducen a la fascinación, por eso las exposiciones sobre los mayas que se presenta en el extranjero tienen gran éxito”, señala quien ha sido comisionada de muestras que han viajado a Venecia, Sao Paulo, París y Liverpool, o se han presentado en importantes recintos de nuestro país como el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

 

Como Clío, musa de la historia, quien cantaba el pasado de los hombres y de las ciudades, Mercedes de la Garza Camino ha dedicado una vida a interrogar e interpretar los testimonios de una civilización milenaria que permanecerá hasta el final de los tiempos, la maya.

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