Museo de Guadalupe, Zacatecas

Museo de Guadalupe, Zacatecas. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** La exposición La Flor en la cultura mexicana cierra con broche de oro las actividades culturales y académicas conmemorativas por los cien años del recinto

 

*** Fue inaugurada en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe, donde permanecerá abierta al público hasta febrero de 2018


 


Junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, la flor fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” en el México prehispánico. Como un regalo para los visitantes, con la exhibición de 200 objetos que guardan el color y la forma de las flores, creados desde la época prehispánica hasta nuestros días, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) clausuró este 15 de diciembre, los festejos por el primer centenario del Museo de Guadalupe, en Zacatecas, único recinto museográfico del país abierto durante la Revolución Mexicana.


La flor representada en papel, textiles, esculturas, pinturas, libros, documentos, mapas e indumentaria; en objetos prehispánicos, virreinales, románticos, modernistas y populares, engalana la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe, donde fue abierta al público la exhibición La flor en la cultura mexicana. Con ésta culminan más de cien actividades, desarrolladas durante 2017 para conmemorar el aniversario del museo.


Como parte inseparable de la cultura mexicana, la flor ha sido durante siglos motivo de admiración, representación y análisis, de lo cual se derivan los múltiples símbolos y conceptos que le han sido adjudicados, y que son reflejo de los acontecimientos históricos, sociales, culturales y artísticos de nuestro país. Bajo esta premisa se concibe la muestra cuyo hilo conductor es la flor como elemento simbólico de la cultura mexicana.


La exposición abre con rosas y lirios: la primera de los 203 objetos seleccionados por la curadora Sofía Martínez del Campo Lanz es Sibila Cumana, obra pictórica del siglo XVIII, fruto del barroco novohispano que forma parte del acervo del Museo Nacional del Virreinato, en la que las rosas y los lirios, como elementos simbólicos de la virtud y la pureza, enmarcan el cesto con la imagen del nacimiento de Jesús.


El corpus de la exposición fue distribuido en cinco ejes temáticos. El primer tema, “La flor: metáfora de lo precioso”, hace un recorrido por las representaciones de flores simbólicas creadas en el México prehispánico que formaron parte de ritos y ceremonias, en una época en que fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, explica la curadora.


La pintura mural y los relieves en piedra, las esculturas, las figurillas y los objetos cerámicos guardan la forma y color de las flores y hablan de su íntima relación con las deidades en sus distintas advocaciones, lo mismo que la poesía y el canto: ¿Sólo así he de irme?/ ¿Cómo las flores que perecieron?/ ¿Nada quedará en mi nombre?/ ¿Nada de mi fama aquí en la tierra?/ ¡Al menos flores, al menos cantos!


En el segundo módulo, la dalia, la nochebuena y el cempoalxóchitl son recordadas como flores ancestrales, las tres descritas en el primer registro botánico del país, realizado entre 1571 y 1576 por Francisco Hernández, comisionado por el rey Felipe II. Este módulo, titulado “La flor: descripción de lo desconocido”, aborda el interés botánico que despertaron las flores novohispanas en los españoles, durante el siglo XVI, quienes se maravillaron con la gran variedad de especies nativas y el amplio conocimiento que tenían de ellas las culturas prehispánicas.


La curadora recordó que la flora mexicana constituyó uno de los principales objetos de estudio para colonizadores, viajeros y científicos que llegaron a nuestro país, cuyos tratados fueron publicados con ilustraciones florales en libros de herbarios y florilegios durante los siglos XVII, XVIII y XIX.


El recorrido museográfico de este módulo presenta litografías de Rafael Montes de Oca y José María Velasco realizadas en el siglo XIX, complementadas con 15 ejemplares de flores mexicanas, pertenecientes al Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM.


El tercer tema, “La flor: alegoría de los divino”, es una muestra de arte virreinal cuyas piezas muestran el papel de la flor durante ese periodo, cuando se conservaron elementos del imaginario indígena integrados a las formas y conceptos europeos, tanto seculares como sacros, inculcados por religiosos católicos. En las piezas incluidas, la flor adorna esculturas, obras pictóricas y objetos de autores como José de Ibarra, Antonio de Torres y Miguel Cabrera, entre otros importantes artistas novohispanos; asimismo, las obras incorporan a la flor como atributo en las imágenes religiosas para expresar los ideales de moralidad cristiana.


En este módulo se exhiben dos piezas únicas que dialogan entre sí, a través de las flores simbólicas que las distinguen: el altorrelieve en piedra de un cautivo o “danzante”, acervo del Museo de Sitio de Monte Albán, y una talla en madera de san Sebastián Mártir, del Museo Regional de Querétaro. En ambas obras, la flor alude al martirio con derramamiento de sangre, así como el concepto de fecundidad a través de la sangre de sacrificio que alimenta la tierra.


La obra de la pintora Olga Costa, Flores de mi jardín, abre el tema “La flor: símbolo de lo bello”, que en el cuarto módulo ofrece una muestra del lenguaje de las flores en el Romanticismo y el modernismo en México, movimientos culturales en los que este objeto de la naturaleza es considerado representación de la belleza y elemento simbólico ideal para expresar sentimientos. El módulo reúne obras elaboradas entre los siglos XIX y XX, que expresan el lenguaje de la flor en el retrato, así como su importancia en las artes aplicadas, a las que embellece con sus formas trabajadas con diversos materiales y técnicas.


El último módulo, “La flor: síntesis de lo diverso”, contempla la importancia de ésta en el arte popular mexicano, con piezas que reflejan la vida de los pueblos: costumbres, cosmovisión, riqueza de su entorno. En este sentido, la flor forma parte de la alegoría expresada por las comunidades en su manera particular, para volverse la esencia de piezas únicas cuyos conceptos han surgido de nuestra propia historia.


En el módulo cinco podemos apreciar la importancia que tienen las flores en tradiciones milenarias como el Día de Muertos, la danza de los Parachicos de Chiapa de Corzo y el Desposorio nahua de la Costa del Golfo, entre otros ejemplos. Además exhibe piezas de sorprendente exuberancia como el Árbol de la vida de Metepec, modelado en cerámica policromada con el tema de “La expulsión del Paraíso”.


La muestra se acompaña con cuatro videos que complementan los contenidos temáticos: Xochipilli, La flor en los códices mexicanos, La flor en la pintura mural prehispánica y colonial y El lenguaje de las flores en el retrato femenino.


Las piezas provienen de 31 museos y colecciones nacionales. La exhibición conmemorativa ha sido preparada por la Secretaría de Cultura y el INAH; permanecerá abierta al público hasta febrero de 2018, en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe.

 

 

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