Historia del Museo

 

El reducto de San José el Alto fue construido a fines del siglo XVIII, según una inscripción que aún se aprecia en su fachada que dice que se concluyó el 9 de agosto de 1792. Esta obra se debe al Teniente de Rey, don José Sabido de Vargas, que ocupó el cargo entre 1784 y 1793. Años después, se observa este reducto a través de un plano elaborado en 1799 por Juan José de León, en donde se determina que su superficie es de 1,828.79 metros.

 

San José el Alto fue levantado sobre el cerro que era conocido como de la Vigía Vieja, puesto de observación al que seguramente sustituyó. También es conocido popularmente como el “Castillo de las Tres Piedras” en alusión a las tres grandes lajas que se encuentran a un costado de la fuerza, hoy cubiertas en gran parte por el paso del tiempo.

 

Esta construcción militar contaba con dos auxiliares menores denominadas Baterías de Costa: San Matías y San Lucas. Ambas cruzaban sus fuegos para defender las costas de barlovento, las de menores posibilidades de desembarco, aunque también sufrió algún ataque pirata.

 

A fines del siglo XIX, al aproximarse las tropas del ejército centralista enviadas por Antonio López de Santa Anna para sitiar Campeche, durante la separación de Yucatán respecto de México en 1842, se ordenó la demolición parcial de San José el Alto, inutilizándolo junto con la batería de San Matías. Además, el Fuerte de San José el Alto fue intervenido en 1971 y en 1988 por el INAH y el Gobierno del Estado. Se reconstruyeron techos y consolidaron muros.  Posteriormente el edificio fue utilizado como bodega de material prehispánico y colonial, resultado de las investigaciones arqueológicas realizadas por el Centro INAH en el Estado.

 

Descripción del inmueble

 

El Fuerte de San José el Alto es un reducto sin baluartes el cual está rodeado por un foso y una crujía de habitaciones en torno al patio que servían como cuerpo de guardia, alojamientos para la tropa, almacenes de víveres, de pertrechos, de repuestos de pólvora, la cocina y la capilla. En los cuartos habían lumbreras o claraboyas que cumplían con una doble función: iluminar los interiores y servir como troneras desde las que se defendía el foso. Se llega a él a través de un camino de forma sinuosa, hecho de esta manera para evitar un ataque directo sobre la puerta. Se continúa por un puente durmiente (puente fijo) e inmediatamente por otro levadizo de madera, y de ahí a la portada, que originalmente era una pesada puerta hecha de madera de jabín, que hoy se compone de una reja de dos hojas con barrotes. Del zaguán se accede al patio en cuyo centro se localiza un aljibe, característica indispensable en este tipo de construcciones.

 

A la parte superior se accede por una escalera adosada a las habitaciones del lado de mar, la cual esta soportada por arcos montantes; ahí se localizan cuatro cañoneras con sus respectivos parapetos, merlones, a excepción del lado del mar, que por ser el más importante, tenía dos grandes parapetos para darle mayor movilidad a los cañones. También se observan dos garitas en ángulos encontrados, así como una letrina conocida como “común” en otro de los ángulos; a todos ellos se llega pasando por un corredor, llamado “boquilla”.

 

Temáticas tratadas en el Museo de Arqueología Subacuática

 

El Fuerte de San José El Alto en Campeche, alberga desde diciembre del 2017 una colección inédita compuesta por objetos procedentes de contextos arqueológicos sumergidos en aguas marinas del Golfo de México y Caribe Mexicano, así como de ríos, lagos, lagunas, manantiales, arroyos, cenotes, cuevas inundadas, semi-inundadas y terrenos ganados al mar de la península de Yucatán.

 

Las investigaciones desarrolladas en estos espacios constituyen un acervo de gran valía para todos los mexicanos. La identificación y el registro de cada uno de los yacimientos paleontológicos, arqueológicos e históricos, son parte del gran rompecabezas cuyas piezas forman nuestra historia.

 

A través de las seis salas que conforman a este Museo, nos sumergiremos en diversas experiencias visuales, auditivas y emocionales que los espacios acuáticos nos ofrecen, apreciando las maravillas del patrimonio cultural sumergido de la península de Yucatán, desde los principales hallazgos sobre la prehistoria identificados en las cuevas inundadas, los restos culturales de la cultura maya y su relación con el agua recuperados en cenotes, los principales pecios identificados durante cuatro décadas relacionados a la navegación durante la época virreinal, para finalizar con los hallazgos más notables sobre la navegación a vapor y el desarrollo tecnológico paralelo.

 

Este recinto cuenta con la Declaratoria como Buena Práctica de la Convención UNESCO 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, la cual tiene como objetivo fomentar la protección de este Patrimonio mediante la apropiación y visibilidad del mismo.

 

La identificación, recuperación y estudio se ha realizado mediante el desarrollo de diversos proyectos en la región por parte de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH a lo largo de cuatro décadas.

 

Sala 1

En esta sala se explica que es la Arqueología Subacuática como disciplina encargada de investigar a las sociedades antiguas a través de la recopilación de datos y estudios especializados de objetos, restos humanos o de animales sumergidos en los mares, ríos, lagos, lagunas, manantiales, pantanos, ciénagas, marismas, arroyos, cenotes, cuevas inundadas, cavernas semi-inundadas, lagos cráter y terrenos ganados al mar.

Asimismo y de forma didáctica se muestra como se localiza, protege, estudia y conserva el patrimonio cultural subacuático, destacando la importancia del trabajo multidisciplinario, la aplicación de la tecnología y la participación de los pescadores.

Sala 2

A través de esta sala de inmersión, el visitante podrá adentrarse a una cueva, en donde se explica cómo se formó el territorio mexicano desde hace 165 millones de años, con especial énfasis en la vida que habitaba bajo el agua en la península de Yucatán, su transformación y la del paleoambiente, hasta llegar a la era del Hielo (de 40 000 a 10 000 años de antigüedad).

Destaca la recreación de fauna del Pleistoceno a escala real, como los colmillos de un mamut, el cráneo de un tigre dientes de sable y la representación del esqueleto de perezoso, tres de las trece especies localizadas en la cueva Hoyo Negro, Tulum, Quintana Roo, que junto con la historia narrada por Naia, la mujer más antigua de América, internan al visitante al mundo de la prehistoria, hoy en día sumergido.

Sala 3

Se exponen piezas provenientes de diversos contextos arqueológicos subacuáticos inmersos en aguas continentales, vinculados con la cultura maya, que evidencian de forma material, la relación entre conceptos divinos, tales como el agua, el vientre de la tierra y el inframundo como un espacio sagrado de muerte, vida y renacimiento. Destacan los hallazgos realizados en los contextos arqueológicos subacuáticos del cenote San Manuel, municipio de Tizimín, así como de cenotes de los municipios de Homún y Chemax, Yucatán. En estos espacios sagrados se identificaron jarras tipo “chocolateras” correspondientes al horizonte Preclásico tardío (400 a.C. a 200 d.C.), similares a las encontradas en sitios terrestres de Belice y Guatemala, asociadas a enterramientos o depósitos mortuorios.    

Los mayas son considerados un pueblo de navegantes, reconocían como otras tantas culturas a la navegación como el medio más rápido y económico de transporte. Gracias a esta actividad, la cultura maya se desarrolló de una forma interconectada entre sus distintas regiones. Desde el año 1200 a.C., tenían un amplio conocimiento de las corrientes, vientos y mareas, así como de los peligros de la mar. Desde el golfo de Honduras y hasta Tabasco, a bordo de canoas monóxilas impulsadas por remos y velas, realizaban navegación de cabotaje y a través de ríos navegables, transportando mercancías como: pescado, crustáceos, cacao, miel, sal y cueros, así como objetos suntuarios, ideas religiosas y políticas, e incluso noticias y enfermedades.

Para lograr esta hazaña, construyeron una elaborada infraestructura portuaria edificando muelles, puertos, lugares de abastecimiento, astilleros, zonas para áreas sanitarias y de culto, además de aprovechar y transformar el paisaje implementando sistemas para la señalización marítima entre ellos: faros, torres vigía y balizados, que indicaban las áreas de riesgo para la navegación (bajos y arrecifes), así como los lugares de fondeo. Destaca como uno de los principales puertos peninsulares la isla de Jaina, al norte de Campeche; en esta sala se exhibe una de las ofrendas más importantes recuperadas en esta ínsula.

Sala 4

Los navegantes europeos que arribaron al Nuevo Mundo traían consigo un bagaje tecnológico que les permitió cruzar el Atlántico a través de la navegación a vela mediante carabelas (siglo XV) y a bordo de galeones (siglos XVI y XVII).

En esta sala se podrán apreciar diversos instrumentos como: brújula, astrolabio, sextante y escandallos (estos últimos provenientes de diversos pecios ubicados en la Sonda de Campeche), objetos que sirvieron a la navegación, y posibilitaron a partir del siglo XV la travesía de "altura", es decir, navegar lejos de las costas sin otro punto de referencia que las estrellas. Gracias a estos inventos, los marinos pudieron estimar mejor su posición en la mar, el rumbo a seguir, conocer la naturaleza del fondo para evitar accidentes, así como el adecuado uso de los vientos y las corrientes.

Destacan en esta sala dos piezas correspondientes al siglo XVI, una media culebrina de bronce proveniente del pecio Cayo Nuevo I, considerada el cañón más antiguo en su tipo en el Hemisferio Occidental, así como una caña de timón de ébano recuperada en el arroyo Seco, Palizada, Campeche.


Sala 5

Compuesta por una de las colecciones más importantes del Museo, en donde se exhiben objetos de oro, esmeraldas y otras piedras preciosas, así como monedas macuquinas de plata recuperados en las exploraciones del pecio Ancla Macuca identificado en el arrecife Alacranes, Golfo de México.

Esta colección está conformada por 211 piezas de oro, esmeraldas, amatista, un rubí, y coral rojo, considerada parte del cargamento de un orfebre que trabajaba durante la travesía en la confección de elementos de joyería, portando herramientas y laminillas de oro como materia prima.

Estas piezas, estaban destinadas para la vida cotidiana de un sector social europeo, entre ellas: anillos, dijes, mancuernillas, botones, mondadientes, cadenas, así como relacionados con la liturgia católica: aplicaciones a mantos, medallas, rosarios, (oro y coral rojo), relicarios y cruces.

Destaca la importancia de los elementos del navío, como el recubrimiento de plomo del casco, la clavazón y los pernos de bronce, lo mismo instrumentos propios para la navegación, como un ancla y escandallo de plomo, a lo que se suman la artillería y los pertrechos de guerra asociados, además de monedas macuquinas de plata de origen mexicano. Todos los artefactos diagnósticos estudiados en su contexto arqueológico fueron analizados por expertos en diversas disciplinas, lo que permitió definir al pecio Ancla Macuca como correspondiente a la primera mitad del siglo XVIII y de filiación española.

Sala 5B

En esta pequeña sala podremos observar piezas de armamento ligero como un trabuquín, mosquetes y fusiles, así como pertrechos de guerra utilizados a bordo de los navíos, tanto para el ataque a distancia como en el combate frente a frente.

Asimismo se pueden apreciar diversos elementos como la diversidad en el tipo de lastre que viajaba en las sentinas de los barcos, objetos recuperados de los pecios del siglo XVIII: El Pesquero y Carron, además de vasijas, restos de cinchos para barril y sus espitas provenientes de pecios del arrecife Alacranes, como muestra del almacenamiento de la carga a bordo de los buques.


Sala 6

Los cambios tecnológicos acaecidos con la llegada de la Revolución Industrial es el tema de la Sala 6. En este espacio se muestran diversos elementos propios de la arquitectura naval que provienen de contextos arqueológicos sumergidos en donde la tecnología, mediante el uso de la máquina a vapor, substituye a la vela, destacando la historia de los vapores correo: R.M.S. Forth, R.M.S. Tweed (arrecife Alacranes), La Unión (Sisal) y Calderas (Banco Chinchorro), así como piezas utilizadas para la vida cotidiana provenientes de contextos arqueológicos subacuáticos identificados en el Golfo de México y costa de Veracruz entre ellas una vasta colección de diversos tipo de botellas de vidrio, cerámica, loza fina, cubiertos de peltre -utilizados por pasajeros a bordo de estos navíos-, así como parte de un microscopio recuperado en las inmediaciones de Isla Aguada, Campeche.

 

Servicios disponibles en el Museo de Arqueología Subacuática
 
Taquilla, sanitarios y estacionamiento.

Horario

Martes a domingo de 8 a 17 horas.
 
Costo de acceso
 
Entrada general: 45 pesos.
 
Recomendaciones

Por favor prevea llegar al sitio una hora antes del cierre a fin de contar con el tiempo suficiente en su visita.

Contacto
 
Directora de Museos
Arq. Claudia Elena Escalante Díaz
Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Teléfonos: 01 (981) 816 - 9136 | 01 (981) 816 - 9111. Ext: 138035 | 138036.
 
Arqlgo. Antonio Benavides Castillo
Delegado del Centro INAH Campeche

 
Dirección del Centro INAH Campeche
Calle 59 #36, entre 14 y 16, Col. Centro. San Francisco de Campeche, Campeche. CP. 24000. México.