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Entierros teotihuacanos revelan clases sociales
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Miércoles, 25 de Enero de 2012 15:28
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Más de 30 entierros humanos.

Más de 30 entierros humanos de 1,450 años de antigüedad, indican que en la periferia de la Ciudad de los Dioses vivía la clase media.


Reciente investigación arqueológica

ENTIERROS TEOTIHUACANOS REVELAN CLASES SOCIALES

*** Más de 30 entierros humanos de 1,450 años de antigüedad, indican que en la periferia de la Ciudad de los Dioses vivía la clase media

*** El descubrimiento se dio en 2011 a 2 km de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras prehispánicas detectadas en 1973

En la periferia de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) registraron el hallazgo de 33 entierros humanos con sus ofrendas de más de 1,450 años de antigüedad, la mitad de los cuales se ha inferido corresponde a población que era de clase media.

El descubrimiento se dio a 2 km de la Ciudadela del sitio prehispánico, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras de las que se tenía conocimiento desde 1973, en el Plano Arqueológico y Topográfico de la Antigua Ciudad de Teotihuacan, hecho por el arqueólogo norteamericano René Millón. La detección de la treintena de entierros como de los restos arquitectónicos, permite profundizar en las características de la organización social y urbana que tuvo la antigua metrópoli, así como de sus costumbres funerarias.

“A partir de las excavaciones e investigaciones hechas, se determinó que las cinco estructuras fueron de uso doméstico, y que una de ellas, denominada Edificio 8 fungió como área residencial de la clase media según las características arquitectónicas que presenta, como la disposición de cuartos alrededor de un espacio abierto y patios destinados al culto doméstico, además de espejos de agua y sistemas de drenaje”, explicó el arqueólogo Gonzalo Morales Hernández, responsable de los trabajos en el sitio.

Las unidades arquitectónicas, que fueron denominadas como estructuras 10, 8, 2, 21 y 6Sa, se localizan en los ejidos de San Francisco Mazapa, Santa María Coatlán, San Sebastián Xolalpan y San Lorenzo Tlamimilolpa, pertenecientes al municipio de Teotihuacan de Arista, Estado de México. Los detalles de esta investigación fueron expuestos por el especialista en la V Mesa Redonda de Teotihuacan, efectuada en noviembre pasado.

De la treintena de entierros hallados —cuyas ofrendas en conjunto suman más de dos mil objetos líticos y 31 mil fragmentos de cerámica— destaca el del Edificio 8, donde se descubrieron 15 con restos óseos de mujeres, niños y neonatos que aún son analizados, así como objetos de tipo ceremonial, entre ellos un vaso esgrafiado lustroso del Golfo de México que datan de 225 a 550 d.C.

Este punto, dijo Morales Hernández, se considera era un área residencial teotihuacana ocupada por gente de clase media, dado que las características arquitectónicas de los que fueron las viviendas son parecidas a las que se han hallado en otros contextos de la antigua urbe, relativas a dicho estrato social: cuartos alrededor de un espacio abierto y patios para el culto doméstico.

“En lo que llamamos el Edificio o Estructura 8 se hallaron los vestigios de cinco cuartos, tres patios, un pórtico, dos sistemas de canales y un muro perimetral, así como restos de pintura roja en pisos estucados, además de espejos de agua (pequeños patios hundidos que se llenaban de agua) y sistemas de drenaje”.

El arqueólogo Gonzalo Morales Hernández abundó que otro de los entierros que destaca es el hallado en la llamada Estructura 10, donde había cuatro depósitos funerarios con sus respectivas ofrendas, integradas por figurillas y vasijas cerámicas, un asta de venado y un fragmento de hueso de animal trabajado como aguja.

“Uno de los entierros era múltiple, es decir, estaba integrado por restos óseos de cinco individuos: una mujer que al morir tenía entre 25 y 30 años de edad, y cuatro niños de entre 4 y 10 años de edad, cuyas osamentas presentan deformación craneal y desgaste dentario; en los tres depósitos funerarios restantes se descubrieron los restos de dos mujeres que al fallecer tenían entre 30 y 35 años de edad, y una osamenta incompleta de un neonato, quizá de un año”.

La estructura  donde se encontraron estos entierros, sobresale porque tiene un altar tipo talud-tablero al centro de una plaza dispuesta al oeste, tres cuartos, dos patios y una serie de pasillos hechos en piedras de basalto y tezontle unidas con lodo y recubiertas con aplanado de gravilla o en algunos casos con acabado de estuco. Según el material asociado, comentó el arqueólogo del INAH, se ha determinaron que la unidad habitacional corresponde a los periodos Tlamimilolpa Tardío y Xolalpan Tardío (250-550 d.C.).

Por otra parte, la exploración hecha en la unidad arquitectónica 21 arrojó el hallazgo de un entierro que contenía los restos óseos de un infante de menos de un año de edad; a sus pies estaban fragmentos “matados” —es decir, que fue roto de manera intencional— de un incensario de la fase Xolalpan (350-550 d.C.) a manera de ofrenda.

“La intervención arqueológica en dicha estructura permitió detectar un muro conformado por bloques de adobe y tepetate recubiertos con aplanado (que establece el límite oeste), y se localizaron los costados norte y este de una plaza”.

En tanto, que en las estructuras 2 y 6Sa se localizaron los desplantes y algunos muros de adobe y tepetate que formaban cuartos habitacionales, así como 13 entierros y diversas ofrendas que aún son analizadas. Los restos arquitectónicos corresponden a las fases Tlamimilolpa Tardío a Xolalpa Tardío (250-550 d.C.).

En lo que respecta a los vestigios de objetos líticos y cerámicos que conformaban las ofrendas de los entierros, el arqueólogo Gonzalo Morales señaló que de acuerdo con los estudios realizados, 90.5% de los 31 mil 307 tiestos cerámicos corresponde a las fases Tlamimilolpan y Xolalpan.

Mientras que de los más de dos mil objetos líticos descubiertos, principalmente navajillas prismáticas, 63% corresponde a obsidiana verde-dorada procedente de un área de Pachuca, y 36% a fragmentos de obsidiana gris originaria de Otumba.

La investigación formó parte del proyecto de salvamento arqueológico durante la construcción de un poliducto; los estudios abarcaron recorrido de superficie, pozos estratigráficos, calas de aproximación, excavación extensiva y análisis antropológicos y de materiales arqueológicos.

Finalmente, Gonzalo Morales comentó que los materiales arqueológicos recuperados están bajo resguardo en los laboratorios de salvamento arqueológico de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, donde algunos aún son analizados; mientras que los vestigios de las edificaciones halladas, fueron consolidados, restaurados y enterrados nuevamente a fin de asegurar su conservación.

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Última actualización el Miércoles, 25 de Enero de 2012 18:58
 

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