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Examinan al único perro momificado de México
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Miércoles, 14 de Noviembre de 2012 15:01
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El cánido desecado, cuya antigüedad se estima en mil años, será sometido a una serie de análisis, luego de haber sido integrado a los acervos arqueológicos del INAH.

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Descubierto en Coahuila

EXAMINAN AL ÚNICO PERRO MOMIFICADO DE MÉXICO

*** El cánido desecado, cuya antigüedad se estima en 1,000 años de antigüedad, será sometido a una serie de análisis, luego de haber sido integrado a los acervos arqueológicos del INAH

*** La momia del animal fue hallada en 1953 en la Cueva de la Candelaria, Coahuila; se trata de la única encontrada hasta ahora en el país, y de las pocas que hay en el mundo

Un perro momificado de alrededor de 1,000 años de antigüedad, hallado en la Cueva de la Candelaria, en Coahuila, el único que se ha encontrado, hasta ahora, en México en esta condición, será sometido a diversos estudios, entre ellos radiografías y ADN, luego que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) lo recuperó y reintegró a los acervos arqueológicos que resguarda, después de haber estado en manos de particulares.

De acuerdo con especialistas del INAH, se trata además de uno de los pocos ejemplares de cánidos momificados en el mundo —solo se conocen casos similares en Perú y en Egipto—, el cual fue reintegrado al patrimonio cultural de la nación, junto con 2,500 materiales arqueológicos encontrados en dicha caverna en 1953.

“Para la región norte del país, son pocos los esqueletos de cánidos encontrados en contextos funerarios prehispánicos, y este perro momificado —de aproximadamente 42 cm de largo y 22 de alto— es el único que se ha hallado en México en tales condiciones”, informó el arqueólogo Alejandro Bautista Valdespino, subdirector de Registro de Bienes Arqueológicos Muebles, del INAH.

El cánido desecado guarda la posición de estar echado, recostado sobre su lado derecho, y con la cabeza y cuello flexionados hacia abajo; su pata izquierda trasera está flexionada y la delantera extendida; además se aprecia su cola enroscada y erguida.

“Dicho hallazgo —destacó el arqueólogo— genera expectativa sobre el conocimiento de la arqueología del norte de México, pues por un lado refuerza la idea de la colocación de perros como acompañantes dentro de las tradiciones funerarias de los nómadas de esa región, y por el otro, la posibilidad de domesticación de este animal”.

La recuperación del ejemplar se logró tras la inspección del lote de bienes, realizada en agosto de este año por expertos de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas (DRPMZA) del INAH, que derivó en la firma de un Acta de Entrega-Recepción signada el mismo mes.

Durante la supervisión, los arqueólogos constataron que las piezas, en su mayoría hechas con materia orgánica, no tenían las medidas de conservación adecuadas, de manera que mediante la labor conjunta del Centro INAH-Coahuila, la Coordinación Nacional de Asuntos Jurídicos y la Dirección de Registro, fueron recuperadas y quedaron bajo resguardo y potestad del Instituto.

Respecto al contexto en que fueron hallados estos materiales, el arqueólogo Yuri Leopoldo de la Rosa Gutiérrez, del Centro INAH-Coahuila, indicó que la Cueva de la Candelaria fue usada por grupos de cazadores-recolectores como sitio para depositar a sus muertos, de manera que en el interior se hallaron más de cuatro mil objetos y alrededor de 200 osamentas humanas. A partir del fechamiento que se ha establecido para tales vestigios, relativo al periodo Prehistoria Tardía (800-1200 d.C.), se ha considerado, preliminarmente, que la antigüedad del perro momificado oscila alrededor de los 1,000 años, dato que se precisará próximamente con estudios de carbono 14.

Asimismo, refirió que el cánido momificado se relaciona con el grupo poblacional denominado “lagunero”, cazadores-recolectores que se asentaron en lo que hoy se conoce como Comarca Lagunera (zona semidesértica que abarca los estados de Durango, Coahuila y Zacatecas), donde se localiza la Cueva de la Candelaria.

A su vez, el arqueólogo Isaac Aquino Toledo, investigador de la DRPMZA, recordó que dicho abrigo rocoso  —de 10 metros de profundidad— fue investigado por primera ocasión en 1953, por especialistas del INAH; su hallazgo significó un parteaguas para la arqueología del país, ya que reunía más de cuatro mil objetos, casi todos orgánicos y en excelente estado de conservación, entre ellos textiles, cestería, artefactos de madera y hueso, y los restos óseos de aproximadamente 200 individuos.

“Ese —dijo— fue el primer descubrimiento de gran magnitud en el norte de México, lo que impulsó el desarrollo de investigaciones arqueológicas en esa parte de la República”. La mitad de las piezas encontradas en la Cueva de la Candelaria quedaron bajo resguardo del INAH, y la otra mitad en potestad de particulares que se involucraron en las exploraciones en aquella década.

En 1990, con base en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, en la que se establece el registro de todos los bienes culturales del país, los materiales en manos de particulares fueron catalogados por personal del Instituto, sin embargo, esta colección quedaba pendiente.

“Fue hasta este año, que derivado de la verificación física, efectuada por arqueólogos del INAH, que se recuperaron las más de dos mil piezas y se conjuntaron con las que se tienen en custodia en el Museo Regional de la Laguna, en Torreón, Coahuila, completando así el acervo de más de cuatro mil piezas”, indicó Isaac Aquino.

De acuerdo con el arqueólogo, algunos de los objetos rescatados serán sometidos a procesos de conservación, restauración y estudios para conocer, entre otros aspectos, su manufactura, precisar antigüedades y enriquecer el conocimiento en torno a las costumbres funerarias que desarrollaron los grupos de cazadores-recolectores desde el año 800 d.C. hasta la llegada de los españoles al norte del país, a principios del siglo XVII.

Entre los materiales recuperados, además del cánido momificado, destacan bultos mortuorios, herramientas (cuchillos, flechas, portaflechas, arcos, bolsas, canastos) y ornamentos, como orejeras, collares, tocados y sandalias.

“La momia del perro será el primer elemento a analizar; se le harán radiografías para identificar lesiones, patologías y quizá dilucidar la posible causa de muerte; además se le realizarán estudios de ADN, mediciones de cráneo, huesos y dientes, para determinar el tipo de especie y familia, y análisis de carbono 14 para saber la fecha precisa de antigüedad”, informó el arqueólogo Isaac Aquino Toledo.

Preliminarmente, los especialistas consideran que la momificación del animal se debió a causas naturales, ante las condiciones de humedad y el clima que impera en la cueva; asimismo, se ha planteado la hipótesis que quizá murió por inanición, porque, aparentemente, no se han localizado marcas de corte o de lesiones a nivel superficial, lo que se confirmará o descartará con los resultados derivados de la serie de análisis.

“Cabe resaltar que la información de los materiales, así como los resultados de los estudios serán incorporados al Sistema Único de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos del INAH, que es la herramienta tecnológica que concentra los datos relativos a la inscripción del patrimonio cultural mueble e inmueble de México, y al cual puede accederse vía Internet para consultar la información”, concluyó Alejandro Bautista Valdespino.

Tras la conclusión de las labores de conservación y análisis de los objetos recuperados, una parte de ellos será exhibida primera vez en el Museo Regional de la Laguna.
 

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Última actualización el Jueves, 15 de Noviembre de 2012 17:23
 

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