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Cultura aztatlán habitó en Navolato, revela hallazgo
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Martes, 31 de Enero de 2012 14:54
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Cultura aztatlán

Tres urnas funerarias de más de 1,000 años de antigüedad descubiertas en esa localidad, dan noticia sobre la existencia de esta antigua civilización en la región.

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Encuentran primeros indicios


CULTURA AZTATLÁN HABITÓ EN NAVOLATO, REVELA HALLAZGO

*** Tres urnas funerarias de más de 1,000 años de antigüedad descubiertas en esa localidad de Sinaloa, dan noticia sobre la existencia de esta antigua civilización en la región

*** Los entierros representan la primera evidencia de asentamiento prehispánico en Navolato, durante el periodo Culiacán (900-1200 d.C.)



Tres urnas funerarias de más de 1,000 años de antigüedad con objetos dispuestos a manera de ofrenda, entre ellos la figurilla de un cánido y algunas conchas de mar quemadas, fueron encontradas en el municipio de Navolato, Sinaloa; dichos depósitos de cerámica dan noticia por primera vez sobre la presencia de la cultura prehispánica de aztatlán en la región, de la cual se desconocía su existencia hasta el momento.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) consideran que las urnas —en forma de vasijas de 60 cm de diámetro y 70 de alto— datan del periodo Culiacán (900-1200 d.C.) y pertenecen a dicho grupo cultural, según las características del entierro y la cerámica asociada.

La cultura aztatlán se asentó en el Occidente de México, en lo que hoy son los estados de Nayarit, Colima, Sinaloa y Jalisco, durante el periodo Epiclásico (850-1200 d.C.). Se caracterizó por la elaboración de piezas de cerámica fina —de bordes rojos o naranjas con diseños de bandas negras alrededor de los cuerpos—, y el desarrollo de actividades como la caza, la pesca y la agricultura, así como la realización de culto a los muertos a través de urnas funerarias acompañadas de ofrendas.

“Las vasijas encontradas —dos de ellas semicompletas y la restante muy fracturada— son de cerámica roja pulida muy fina, tiene líneas negras pintadas desde la boca hasta la mitad del cuerpo, propia de la cerámica ceremonial o ritual de la cultura aztatlán, lo que a su vez sugiere que los individuos depositados pudieron ser de alto rango social”, indicó María de los Ángeles Heredia, delegada del INAH en Sinaloa.

Asimismo, alrededor de las urnas, los arqueólogos del INAH hallaron fragmentos de cerámica tipo códice, distintiva también de esa antigua civilización, que se caracteriza por estar decorada con representaciones de personajes o seres fantásticos.

Además, la colocación de restos óseos dentro de ollas de cerámica, es igual a los entierros encontrados anteriormente en los municipios de Mocorito, Guasave y Concordia, que colindan con los ríos Mocorito, Petatlán y Presidio, respectivamente. Dichos depósitos funerarios fueron asociados a la cultura aztatlán, que se caracterizó por asentarse en lomas cercanas a afluentes, lo cual se relaciona con el hallazgo actual, pues la comunidad de Navolato se ubica a 800 m del río Culiacán.   

“El descubrimiento de las urnas funerarias brinda a los especialistas una nueva veta de investigación, porque da indicio, por primera vez, de la existencia de asentamiento prehispánico en el municipio de Navolato, algo que hasta el momento se desconocía ante la falta de evidencia arqueológica en la región”, explicó la arqueóloga Heredia Zavala.

Las piezas prehispánicas se encontraron el pasado 13 de enero en la calle Francisco Cañedo, durante trabajos de pavimentación y sustitución de drenaje realizados por la Junta de Agua Potable de Navolato, labores que en todo momento el INAH ha supervisado para cuidar y conservar los materiales arqueológicos que pudieran registrarse durante las obras.

De acuerdo con José Alberto Durán Iniestra, arqueólogo responsable de la excavación, las urnas estaban a una profundidad de entre 30 y 70 cm a partir del nivel de piso actual, con una distancia aproximada de un metro entre cada unas de ellas, y cubiertas con pedacería de cerámica utilizada a manera de relleno.

“Sólo en una de las vasijas había restos óseos depositados en su interior —abundó Durán Iniestra—, en los otros casos los huesos se encontraban dispersos fuera de las ollas; cabe referir que todos los restos humanos se hallaron fracturados y con una consistencia exageradamente dura (más de lo normal) y demasiado blancos, lo cual nos sugiere que posiblemente fueron hervidos, quizá como parte de un ritual que hasta ahora desconocemos”.

El arqueólogo señaló que se realizarán estudios antropológicos para determinar a qué número de individuos corresponden los huesos encontrados, detectar algunas enfermedades que hayan padecido, y establecer las posibles causas de muerte y las razones de la consistencia y color que presentan, así como la edad, el sexo y posición en la que fueron colocados.

El experto del INAH detalló que como objetos asociados a las urnas se hallaron diversos fragmentos de cerámica polícroma, varios cajetes negros semicompletos con base trípode, acanalados (líneas en vertical y diagonal) y con diseños de animales y plumas tallados en el cuerpo; cuatro conchas de mar quemadas, que muestran huellas de haber sido expuestas al fuego como parte de algún ritual funerario, algo que por primera vez se encuentra en un contexto de esta naturaleza.

“Asimismo —añadió el arqueólogo Alberto Durán— se encontró un malacate de cerámica naranja con esgrafiados en forma de estrellas, y dos piezas con representaciones de cánidos: una pequeña cabeza y una figurilla completa de barro rojo —de 10 cm de ancho y 6 de alto—, en la que se observa a un perro parado en sus cuatro patas y con ojos rasgados.

“El simbolismo de los cánidos dentro de las culturas mesoamericanas tiene relación con el culto a los muertos, lo cual no es excepción en la civilización aztatlán, pues era el animal guía que acompañaba a las difuntos en su recorrido hasta llegar a su destino final, el Mictlán”, explicó la delegada María de los Ángeles Heredia.

Finalmente, la arqueóloga comentó que las vasijas funerarias y piezas recuperadas en el municipio de Navolato, serán analizadas y resguardadas en el Centro INAH Sinaloa; de igual forma, durante los trabajos de infraestructura, el Instituto continuará con las labores de supervisión, excavación, investigación y resguardo de la evidencia arqueológica que se halle en el subsuelo.      
 

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Última actualización el Miércoles, 01 de Febrero de 2012 19:57
 

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