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Tecnología de punta en atención de mural prehispánico
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Miércoles, 07 de Diciembre de 2011 12:18
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Mural

Especialistas del INAH echan mano de un georradar en el proceso de restauración de Los Bebedores, en Cholula Puebla.


Con ondas electromagnéticas

 

TECNOLOGÍA DE PUNTA EN ATENCIÓN DE MURAL PREHISPÁNICO

*** Especialistas del INAH echan mano de un georradar en el proceso de restauración de Los Bebedores, en Cholula Puebla, para detectar fracturas que inciden en su problema de humedad

*** Originalmente este aparato era usado en las guerras para localizar escondrijos en el subsuelo

 

Usado originalmente con fines estratégicos durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, el georradar es utilizado por restauradores en las tareas de preservación del mural prehispánico Los Bebedores, en Cholula, Puebla, para localizar las zonas con fallas, fracturas u otros elementos que podría haber detrás de esta antigua obra y que inciden en el problema de humedad que padece, debido a que fue creado debajo del nivel de la superficie.

Se trata de una tecnología no invasiva ni destructiva, que especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) aplican para localizar las zonas más críticas, y a partir de ello afinar la metodología de restauración a efectuar, sin necesidad de hacer perforaciones en dicha pintura, que fue plasmada hace 1,800 años en el interior de la pirámide de esa zona arqueológica.

La obra fue pintada sobre paredes de adobe y tierra, y sus creadores utilizaron pigmentos de origen mineral unidos con adhesivos naturales, que se han perdido con el tiempo. Debido a su ubicación, debajo del nivel del suelo, concentra la humedad proveniente de los pisos y estructuras superiores.

La atención de este antiguo mural forma parte del Programa Nacional de Conservación de Pintura Mural Prehispánica, que desarrolla el INAH en distintas obras de este tipo del país, en colaboración con el Instituto Getty de Conservación, de Estados Unidos.

Los trabajos de atención de Los Bebedores comenzó en 2009 con la aplicación de diversas técnicas de preservación, a cargo de restauradores de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) de INAH, mismas que continúan hasta la fecha, y en las que se ha recurrido al uso del georradar o radar de penetración de tierra y al método de resistividad eléctrica.

Al respecto, la especialista Dulce María Grimaldi, de la CNCPC y responsable del proyecto, informó que para afinar la metodología de restauración a aplicar en dicho mural, se consideró el uso de dicha tecnología que, en este caso, permitirá determinar el espesor del soporte de la pintura y el estado de conservación que guarda, además de la identificación de fracturas y demás elementos que pudieran incidir en la humedad que lo afecta.

Sin embargo, dijo, el estado actual de la obra dificulta su estudio, lo que hace indispensable el empleo de métodos que no afecten la capa pictórica. “En atención a esta circunstancia, se solicitó la colaboración de José Ortega Ramírez, investigador y responsable del Laboratorio de Geofísica del INAH, para realizar trabajos de prospección”.

De esta manera, se echa mano de un georradar, así como de un equipo eléctrico de resistividad. El primero utiliza antenas que generan ondas electromagnéticas de diferente frecuencia que se envían al subsuelo, las cuales detectan la energía que se refleja cuando atraviesa alguna estructura.

“Este aparato funciona con una antena transmisora que lanza estas señales, y también una receptora, que registra las reflexiones de las ondas mientras pasan entre materiales con diferentes propiedades físicas”, explicó Ortega Ramírez, al puntualizar que en el caso del mural Los Bebedores, se busca entender cómo está conformado su soporte, los deterioros que presenta y los factores que inciden en ello.

“Se sospecha que el problema de humedad está relacionado con el soporte de la pintura. Aún estamos por confirmar si hay zonas con oquedades conectadas directamente con la capilaridad (propiedad que hace subir líquido por las paredes de un cuerpo sólido) y cambios en la presión hidrostática. Así, podremos definir las zonas más críticas para que la restauración sea precisa y no requiera ninguna perforación”.

“Tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, el georradar fue utilizado para medir el espesor del hielo de los lagos congelados, y asegurar el aterrizaje de aviones de la fuerza aérea; posteriormente, en la Guerra de Vietnam, se empleó para detectar escondrijos en cavidades.

Posteriormente, en los años 70 fue usado en el ámbito industrial, particularmente en campos como ingeniería, para estudios del subsuelo y para detectar fallas y fracturas, y con ello garantizar el control de calidad de obras civiles. Hoy, incluso es aprovechado por la agricultura, pues ayuda a identificar superficies con diferente contenido de humedad mediante el análisis de reflexiones de ondas electromagnéticas”.

“Es un método que no causa daños, toda vez que utiliza frecuencias que están en el mismo rango que las de telefonía celular. Resulta, por tanto, una aplicación novedosa y apropiada para investigar bienes culturales de esta naturaleza”, apuntó Ortega Ramírez.

El especialista señaló que, a la par del radar de penetración, se usa el método de resistividad eléctrica, que emplea corriente directa a través de electrodos y mide la diferencia de voltaje entre ellos. “Este aparato genera una tomografía o imagen de la distribución de la conductividad y resistividad en el subsuelo. La humedad y la sal son transmisoras de corriente, por tanto, podemos precisar en qué partes o de dónde proviene la humedad concentrada que perjudica el mural prehispánico”.
 

 

Los Bebedores, ejemplo de trabajo interdisciplinario
 

El mural prehispánico Los Bebedores data de 200 d.C. y alude a un ritual en que dioses y hombres se unen a través del pulque. Las imágenes representadas están distribuidas en una superficie aproximada de 120 metros cuadrados, al interior de una subestructura del llamado Patio Sur, de la Zona Arqueológica de Cholula, Puebla.

Tras su descubrimiento, en los años 70, se creó un túnel para acceder al mural sin tener que desmontar el edificio prehispánico. Desde su hallazgo, esta obra no ha sido vista directamente por el público, más que en fotografías, debido a que por razones de conservación se imposibilita su exhibición.

Desde 2009, un grupo de especialistas trabaja en la preservación de la capa pictórica del mural, que presentaba afectaciones por sales y humedad. “La restauración es multidisciplinaria, de manera que se efectúa con colaboración de biólogos, arqueólogos, ingenieros e historiadores, por mencionar algunas especialidades”, comentó Dulce María Grimaldi, de la CNCPC.

Derivado de este trabajo conjunto, dijo, se ha logrado apuntalar, a través de consolidación química y mecánica, zonas de la pintura que estaban por derrumbarse; “sin embargo, hay que enfocarse en aspectos muy específicos, como la estructura de la edificación prehispánica que alberga la obra, pues una vez que aseguremos su estabilidad, podremos trabajar mejor en el mural, y por ende, aplicar tratamientos a largo plazo”.

La selección de materiales utilizados en la restauración ha requerido una amplia y constante investigación, así como la realización de diversas series de pruebas para evaluar su eficacia. Uno de estos exámenes está basado en nanopartículas de hidróxido de calcio, un método aplicado como resultado de la colaboración con la Universidad de Florencia, detalló Grimaldi Sierra.

Finalmente, la especialista del INAH añadió que en la más reciente temporada de trabajo se prioriza la atención de sectores que requieren protección urgente. Algunos de éstos estaban a punto de desprenderse, por lo que nos hemos enfocado al fijado, tanto de la capa pictórica, como del soporte.
 

Archivos adjuntos
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Última actualización el Jueves, 08 de Diciembre de 2011 14:42
 

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