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Museo Nacional de las Culturas
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Lunes, 26 de Noviembre de 2007 00:00
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En la Ciudad de México
Una ventana al mundo

 


 
Su acervo que proviene de la amistad y el respeto de México con otros países.

A unos pasos del Templo Mayor, del Zócalo capitalino y de la Catedral Metropolitana, se ubica un imponente edificio de arquitectura colonial, de una planta baja y dos niveles, el Museo Nacional de las Culturas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), un sitio con jerarquía propia porque cuenta con una tradición museística y una historia como ningún otro la tiene, desciende del primer museo que existió en nuestro país y en América Latina: el Museo Nacional de México.

Cada una de las piezas que integran las colecciones del acervo del Museo Nacional de las Culturas, son reflejo fiel de la política internacional de nuestro pueblo, de amistad y respeto entre las naciones del mundo, gracias a la cual ha recibido en donación más de 12 mil piezas con un valor histórico importante, que tienen su origen en rincones distintos del planeta.
 
Para entender mejor al Museo Nacional de las Culturas, debe tomarse en cuenta que desciende del Museo Nacional, que es considerado como el padre y la madre de los sitios de difusión de épocas de la historia más importantes que hay en actualidad, como son el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Historia y el Museo Nacional del Virreinato.

La trascendencia de este museo radica también, en que el terreno y el inmueble que ocupa tienen historias muy amplias y muy ricas. En el predio que está el Museo Nacional de las Culturas estaba la Casa Denegrida, que utilizaba el emperador Moctezuma para dialogar con las deidades del pueblo Mexica.
 
Ese mismo lugar fue dado posteriormente por la Corona Española como pago al conquistador Hernán Cortés, quien lo heredó a su hijo y éste a su vez lo vendió al rey español Felipe V. A partir de entonces, ese sitio se destinó a la casa del Virrey y después como sede de la Real Hacienda de la Nueva España.
 
Para 1734, fecha en que se terminó la construcción el majestuoso edificio colonial que se conserva hasta nuestros días, en la calle de Moneda 13, en el Centro Histórico de la ciudad de México, fue el primer lugar en el que funcionó la Casa de Moneda virreinal.
 
Una larga lista de instituciones y dependencias se instalaron ahí posteriormente. Por más de un cuarto de siglo albergó instancias importantes, como la Escuela de Grabado –antecedente directo de la Escuela de las Tres Artes y de la Academia de San Carlos-, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la residencia y las oficinas del ministro del Interior y los Talleres Gráficos de la Nación, sólo por citar algunas de ellas.

A principios del siglo pasado, cuando ya era lugar sede del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, el gran artista contemporáneo Rufino Tamayo plasmó en las paredes un mural al fresco, al que tituló La Revolución, que fue una de sus pocas obras que vinculó a esa lucha armada de México, con cuya obra simbolizó el fin del régimen de Porfirio Díaz.
 
Aunado a todo lo anterior, el Museo Nacional también nutrió de acervos de historia natural al Museo del Chopo, en 1909; albergó piezas de un valor cultural importante de la historia de México, como los grandes monolitos de las piedras del Sol y Coatlicue, y hasta ha compartido instalaciones con la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Todo ello, le brinda una jerarquía natural.
 

Museo distinto

El INAH tiene la custodia actualmente de 113 museos en todo el país, pero solo el Museo Nacional de las Culturas posee piezas de arte que nos enseñan la forma de vida y parte de la historia de otros pueblos del mundo.
 
Su temática es la antropología internacional y en sus salas se reúnen colecciones arqueológicas, históricas y etnográficas que lo ubican como un lugar único en América Latina y como un sitio distinto frente a otros museos semejantes del mundo, como lo es el Museo del Louvre, en París.

Ello se debe al origen de las piezas que integran las colecciones del Museo Nacional de las Culturas. “Los grandes museos del mundo tienen colecciones maravillosas de piezas, pero las han obtenido por el saqueo de otros países”, considera Gema Becerril, subdirectora de ese lugar.
 
El profesor Humberto Medina, responsable del área de difusión cultural del Museo Nacional de las Culturas, agrega que las donaciones de piezas que llegan son resultado de una política internacional de acercamiento de México con países amigos. Insiste que es contrario a lo que pasa en otros museos, como ocurre en el Museo Metropolitano, de Nueva York; el Museo Británico, de Londres o el Museo de Berlín.
 
Por tal motivo, el origen de las obras del Museo Nacional de las Culturas es “el mejor de todos”, pues las piezas llegaron de la mejor manera que pueden integrarse a una colección, como lo es a través de la donación o del préstamo.
 
Se trata de objetos etnográficos con características propias, como son textiles, figuras de vidrio, cerámica y porcelana, fotografías, armaduras, kimonos, máscaras, joyas, armas y esculturas grecorromanas, entre muchas obras más.
 
Muchas de esas piezas son originales y en algunos casos tienen un origen muy antiguo. Otras son réplicas muy bien trabajadas. En el caso de las reproducciones, éstas tienen una semejanza impresionante a las auténticas, como ocurre con las estatuas griegas fabricadas en yeso, que tienen un tamaño original y una pulcritud escultórica.
 

 

Renovación de salas

El Museo Nacional de las Culturas está integrado por 16 salas y tres áreas para exposiciones temporales. Debido a que las colecciones y las piezas que se exhiben al público se vinculan con la antropología internacional y tienen que ver con la realidad mundial debe tener una renovación museográfica permanente, como actualmente ocurre.
 
Se trata de un proceso de renovación que tiene que ver con la adaptación estructural del inmueble y con la actualización de las temáticas en sus colecciones. Por tal motivo, algunas salas permanecen cerradas al público aunque la gran mayoría está esperando la llegada de los visitantes.

Las zonas que están en proceso de ser desmanteladas ya no respondían a las necesidades ni a las características del mundo actual, ante los cambios geopolíticos del mundo. Tal es el caso de los objetos representativos de las extintas Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Yugoslavia y Checoslovaquia.
 
“Un museo vivo que habla de las culturas del mundo requiere una renovación permante”, establece la propia Gema Becerril. Por ello, también se trabaja en las modificaciones de guiones museográficos que tienen algunas décadas de antigüedad, cuya realidad ha cambiado en los países a los que se hace referencia.
 
No obstante, en cada sala donde se exponen objetos y se recrean episodios históricos, se brinda la oportunidad de conocer más sobre el desarrollo de la humanidad, como son los detalles de la prehistoria, los orígenes de la agricultura y la forma que ocurrió la domesticación de animales entre los hombres primeros.

A través de recorridos por áreas temáticas, se pueden conocer civilizaciones importantes como fue la de Mesopotamia, que aportó tanto al desarrollo de la humanidad, en ciencias, transporte, comercio, arte, arquitectura y oficios.

En el Museo Nacional de las Culturas hay la posibilidad de explorar América o África a través de su historia y al mismo tiempo, conocer aspectos de países de los que poco sabemos en Occidente, como Corea, Egipto, Israel, Japón, Camboya, Laos y Birmania.

También existe la oportunidad de explorar aspectos históricos de regiones poco conocidas en Occidente, como son las islas de Nueva Irlanda, Nuevas Hébridas, Nueva Caledonia o Samoa, que se hallan en los mares de Oceanía.
 
Un grupo interdisciplinario de especialistas trabaja en la actualización y digitalización de los acervos en este mismo museo, desde hace cuatro meses, a través de verificar colecciones y hacer descripciones de objetos, con el fin de mantener una información actual.
 
Es una labor que realizan expertos en historia, arqueología, etnología e informática, la cual consiste en determinar el origen, las características y el estado de conservación que guardan todas las piezas. De la misma manera, integran un catalogo fotográfico.

Con lo anterior, investigadores y académicos contarán con una información actual y suficiente para integrar o complementar búsquedas históricas. La elaboración de los registros servirá también a estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria para elaborar sus tareas.
 

Sitio histórico

El Museo Nacional de las Culturas se ubica en la calle de Moneda, número 13, en el Centro Histórico de la ciudad de México, a unos pasos del Templo Mayor, del Zócalo capitalino y de la Catedral Metropolitana. Ocupa un edificio de arquitectura colonial, que cuenta con una planta baja y dos niveles, el cual fue declarado monumento nacional en 1931.

La edificación del inmueble actual estuvo a cargo del arquitecto Don Juan Peinado, entre 1731 y 1734. Debido a que su primer destino fue el acuñar monedas, se le cambió el nombre a la calle donde se le instaló, que pasó del Arzobispado al de Moneda.
 
Los orígenes primeros con la promoción de la cultura, se remontan al 5 diciembre de 1865, fecha en que se instaló el Museo Nacional, que existía ya desde el 18 de marzo de 1825. Ese sitio de cultura está considerado como "la alma mater" de los museos mexicanos.
 
El Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia fue concebido originalmente por Guadalupe Victoria y Lucas Alamán, en 1835, aunque su inauguración formal estuvo a cargo de Maximiliano de Habsburgo, el seis de julio de 1866.
 
La especialización y desarrollo de las disciplinas científicas le trajo un crecimiento de las colecciones y motivó que se efectuara la primera mudanza de su acervo. Así fue como la sección de Historia Natural se trasladó al Museo del Chopo, en 1909.

A partir de entonces, dicho inmueble modificó su nombre y adquirió el de Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía. Con ello, reorganizó también espacios y colecciones, que lo convirtió en un lugar de reunión de estudiosos de la historia nacional.

Cuando el Castillo de Chapultepec dejó de ser la residencia oficial del Presidente de México, en 1939, y se convirtió en la nueva sede del Museo Nacional de Historia, ocurrió un nuevo traslado de algunas colecciones que se hallaban en el antiguo edificio de la calle de Moneda, cuya acción concluyó en 1944.

Desde entonces, el Museo Nacional de Antropología ocupó todo el inmueble de la calle de Moneda, que para ese tiempo ya contaba con más áreas de exposición, las cuales se utilizaban con la exposición de piezas prehispánicas que estaban guardadas en bodegas. La sala de monolitos fue una de las más visitadas, debido a que amplió su acervo histórico.
 
Con la construcción posterior del Museo Nacional de Antropología e Historia, en 1964, una gran cantidad de piezas prehispánicas dejaron el edificio de la calle Moneda y partieron hacia su nueva morada en el bosque de Chapultepec.

Uno de los traslados más memorables que se recuerdan fue cuando la Piedra del Sol o Calendario Azteca recorrió las calles de la ciudad de México, en 1964. En ellas, cientos de personas observaron la forma en que dejó el antiguo Museo Nacional, a donde arribó en agosto de 1885.
 
Los constantes cambios que se dieron en la antigua Casa de Moneda concluyeron cuando se inauguró el Museo Nacional de las Culturas, el 5 de diciembre de 1965. Desde entonces, el propósito del museo fue exhibir piezas de arte que provinieran de culturas extranjeras, lo que así ocurre hasta nuestros días.
 

Acopio de obras

Las primeras colecciones de arte que se recibieron fueron obsequio de gobiernos amigos. Fue la donación como se hizo crecer el acervo. Con el paso de los años se llegaron a reunir 12 mil piezas, como se han contabilizado en la actualidad.

La donación más reciente al Museo Nacional de las Culturas, la hizo el gobierno de Vietnam, a mediados de mayo pasado. Se trata de cuatro tableros de concha nácar y laca, que representan la lucha de cuatro mujeres que se defienden de las invasiones de China.
 
Aunque está en proceso la integración de la cédula museográfica correspondiente y está por definirse la sala donde se exhibirán dichas piezas, en una fecha no muy lejana podríamos verlas en exhibición.

El Museo Nacional de las Culturas cuenta con oficinas, una biblioteca y una librería, además de jardines bien conservados y una gran fuente en el patio principal.

Quienes visitan el inmueble podrán percatarse que el ala poniente, que colinda con el Palacio Nacional, es objeto de una modificación estructural y arquitectónica profunda, que tiene como objeto ampliar los espacios de exhibición.

Es una zona que sirvió como auditorio para 350 personas, en 1920, y que después perteneció a las secretarías de la Defensa, de Hacienda y de Desarrollo Social del gobierno federal, pero que regresó al dominio del museo, hace nueve años. No hay fecha probable en que se terminen los anteriores trabajos.
 

Recorrido por el mundo

La mejor forma de recorrer el museo es la que decide el propio visitante. Para quien lo prefiera, hay una ruta sugerida que está señalada con claridad. Cualquiera que sea la manera de transitar por el antiguo edificio colonial, se podrá dar un vistazo a las culturas del mundo.

Una primera sala nos acerca a la prehistoria, en la que se aborda la evolución biológica y cultural del ser humano. Ahí se sugiere que el continente africano fue el sitio más probable donde surgió el hombre, en un tiempo que comprende entre cinco millones hasta unos 10 mil años aproximadamente.

Al visitar la sala de América, se conocen las primeras comunidades humanas y las culturas que surgieron en ese continente: las civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica y de los Andes Centrales.

Respecto a Mesopotamia, Egipto e Israel, existe una explicación amplia de los pueblos que habitaron esas regiones. En el caso de Mesopotamia, se describe un desarrollo a partir del periodo Neolítico, que comprende de 7,000 a 6,000 años a.C., hasta el imperio neobabilónico, que prevaleció entre los años 625 a 539 a.C.
 
En Egipto se muestra todo lo que se relaciona con los faraones y sus emblemáticas pirámides. El análisis de su historia va desde el Reino Antiguo hasta su caída frente a los romanos. De Israel, se exhiben piezas y se abordan aspectos desde 8,500 años a.C. y hasta el año 70 d.C.
 
La caminata por la planta baja concluye en las salas de Grecia y Roma, donde se aprecian estupendas reproducciones en yeso de esculturas grecorromanas, en tamaño original.

China, Japón y Corea son presentados en su evolución y riqueza cultural. Como una información adicional, se explica la forma en que las mujeres chinas deformaban sus pies, como un signo de belleza, durante la dinastía Sung, que permaneció entre los años 960 a 1279 d.C., cuya práctica desapareció a principios del siglo pasado.

Se exhiben kimonos de seda, vasijas de porcelana, figurillas de jade, arcos, sables y armaduras de Samuari, entre muchos otros objetos que provienen de Japón.
 
En la sala de Corea, puede apreciarse una imitación de las escrituras sagradas budistas grabadas en madera, cuya técnica se utilizó por primera vez, en el siglo VIII d.C.

Entre las sociedades de las islas de los mares del sur de Oceanía, las representaciones rituales fueron importantes, como ocurría en Melanesia, donde las ceremonias de ascenso social se hacían acompañar de grandes festines, en los que se cocinaban hasta 500 cerdos.
 
Otras naciones que nos comparten parte de su historia, son Birmania, Tailandia, Camboya, Laos, Vietnam, Confederación Malaya, Indonesia y Filipinas. En el caso de Japón, se exhiben a sus primeros pobladores, cuyos descendientes habitan la isla de Kokkaido actualmente.

De África, se exhiben máscaras impresionantes y tallas en madera, que reflejan la riqueza cultural de la región subsahariana y se abordan los rituales de iniciación, que son formas de simbolizar el paso de la infancia a la edad adulta, comparable a la educación escolástica de occidente.

En esa misma región del planeta, con la supervisión de los ancianos, los nuevos hombres adquieren las técnicas y los secretos de la caza y de la labranza de la tierra, las normas dictadas por el sistema de parentesco, los mitos y la ejecución de ritos y danzas, principalmente. Una vez que se concluye la práctica, los iniciados vuelven a nacer como adultos, con derechos y obligaciones renovadas.
 
Por último, se explica aspectos históricos de las culturas indígenas que surgieron en Norteamérica y la tecnología que usaron los esquimales, que los convirtió en grandes cazadores del Ártico. Además, la forma de tallar la madera de los pueblos de la Costa Noroeste, en la elaboración de postes totémicos y máscaras.
 

Puertas abiertas

Quienes visitan el Museo Nacional de las Culturas, tienen la oportunidad de asomarse por una ventana a la diversidad cultural del mundo. En cada una de las salas encontrarán expresiones del conocimiento y formas de pensamiento distintos, con lo cual comprenderá mejor las distintas formas de pensar para promover un mayor respeto hacia otras civilizaciones.

En el antiguo edificio colonial que albergo a la Casa de Moneda, se organizan también cursos y talleres los fines de semana, que van dirigidos a niños, jóvenes y personas adultas.
 
La enseñanza que se imparte, consiste en conocer los códices y aprender artes plásticas y técnicas de cartonería, bordado, origami, vitrales, encuadernación y conservación de libros, entre otras actividades.

El horario de atención es de martes a domingo, de 9:30 a 18 horas. La entrada es sin costo. No dejes de visitarlo.

Última actualización el Jueves, 07 de Agosto de 2014 11:21
 

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