
Inauguran en el Munal la exposición "El vuelo de las imágenes".
Cultura y ornitología
CUATRO SIGLOS DE HISTORIA EN OBRAS DE ARTE PLUMARIO
*** Más de 170 piezas hechas con plumas entre los siglos XV al XVIII son presentadas en la exposición El vuelo de las imágenes. Arte plumario en México y Europa
*** La muestra, organizada por el INAH y el INBA, fue inaugurada anoche en el Museo Nacional de Arte
“El vuelo de las imágenes representa una exploración del significado del pasado en el presente, que desvela obras de plumaria hechas por artistas mexicanos del siglo XV al XVIII, algunas de las cuales —después de más de 400 años— ahora pueden ser vistas en México tras su salida rumbo a Europa”.
Así lo señaló Diana Magaloni, directora del Museo Nacional de Antropología (MNA), anoche en el acto inaugural de la exposición El vuelo de las imágenes. Arte plumario en México y Europa; muestra inédita organizada por los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH), y de Bellas Artes (INBA).
Al respecto, Teresa Vicencio, directora del INBA, se congratuló por el esfuerzo conjunto de ambas instituciones “que comparten objetivos comunes en la conservación y difusión del patrimonio cultural, y que hoy llevan al público esta muestra, resultado de un sugerente diálogo entre el arte, la historia, la antropología y la ornitología”.
La primera de dos partes de esta exhibición, fue abierta al público en el Museo Nacional de Arte (Munal), con la presentación de 170 obras prehispánicas, novohispanas y contemporáneas. La segunda será mostrada en el Museo Nacional de Antropología a finales de abril próximo; en conjunto ambos recintos reunirán 430 piezas procedentes de colecciones mexicanas y extranjeras.
Son objetos precolombinos, novohispanos y contemporáneos del arte plumario desarrollado entre las culturas prehispánicas, el cual que representó la primera manifestación artística que impactó a Europa y a Asia tras la conquista española, destacó Diana Magaloni, al comentar la relevancia de este acervo.
En su intervención, el director del Munal, Miguel Fernández Félix, comentó que “la exposición da fe de la complejidad del arte plumario, técnica que involucra significados religiosos, sociales y culturales, y que constituye un espacio donde se pueden rastrear las transformaciones de la identidad nacional hasta nuestros días”.
En El vuelo de las imágenes. Arte plumario en México y Europa, el público puede admirar piezas que datan de los siglos XV al XVIII, como pinturas, esculturas, manuscritos medievales, códices mesoamericanos, trabajos de orfebrería y pedrería, entre otros, que provienen de museos y bibliotecas nacionales e internacionales, como Canadá, Estados Unidos, Italia, Alemania y España.
En entrevista previa, el amanteca —término náhuatl para nombrar artistas que se dedican a trabajar la pluma— Eliseo Ramírez, explicó que este trabajo artístico tiene su origen en las culturas mesoamericanas, desde 1300 a.C., fecha de la que data una cabeza olmeca que tiene una pluma tallada como elemento ornamental en la parte frontal.
Posteriormente, fue trabajado por teotihuacanos, mayas, toltecas y purépechas, aunque la mayor producción de este oficio se dio durante el esplendor mexica (1486-1502 d.C.). Durante esa época se desarrollaron dos técnicas: la pluma tejida o entrelazada y la pluma pegada, para lo cual emplearon mucílago de orquídea como adhesivo.
Una de las obras novohispanas que fue hecha con esta última técnica es San Pedro, de los siglos XVI al XVII, que consta de mosaico de plumas, con delineado de oro, sobre soporte de algodón sin hilar adherido con mucílago de orquídea sobre lámina de cobre. Dicha pieza es prestada por el Museo de Historia Mexicana de Monterrey.
Así mismo, Eliseo Ramírez abundó que en la época prehispánica “las plumas estaban íntimamente relacionadas con el culto religioso, los dioses y el poder, por ello eran usadas en los trajes de los grandes dignatarios. Por esta razón los únicos grupos sociales que podían portar algún tipo de pluma eran gobernantes, sacerdotes, guerreros o mujeres. Éstas últimas las usaban de color blanco como muñequeras o en sus huipiles para las celebraciones de boda, debido a que significaban pureza”.
En ese sentido una de las curadoras, Alessandra Russo, profesora del Departamento de Culturas Latinoamericanas e Ibéricas de la Universidad de Columbia, EU, comentó que la cultura mexica poseía espacios llamados totocalli o casa de las aves, donde los grandes jerarcas conservaban pájaros con plumas variadas que los amanteca recolectaban a partir de la pérdida natural del plumaje de las aves, al conocer los ciclos naturales de muda, y las usaban en la elaboración de diversas piezas.
Al respecto, dijo, en uno de los cinco módulos que conforman la exposición, titulado La pluma fijada, el público puede ver más de 50 variantes de plumas, entre las que destacan de loro, cardenal, avestruz, faisán burgos, continga azul, búho, pavo silvestre, colibrí y quetzal, muchas de ellas utilizadas durante las épocas prehispánica y novohispana, y algunas más hasta nuestros días. Los otros cuatro módulos temáticos son Vuelo y deseo; Naturaleza entre arte y ciencia; Itinerarios y ofrenda; e Iridiscencia de la mirada.
La especialista comentó que a la llegada de los españoles al territorio que hoy es México, las temáticas y los materiales empleados en el arte plumario cambiaron, de tal manera que las piezas perdieron su simbolismo guerrero y pasaron a tener una connotación sagrada. Además, durante los siglos XVII y XVIII con la introducción del óleo en América, los amanteca comenzaron a usar este material para pintar los rostros y manos de las imágenes católicas que realizaban.
Un ejemplo de ello, es el mosaico San Antonio de Padua, del siglo XVIII al XIX y perteneciente al Museo Nacional de Historia, que además de plumas tiene aplicaciones de óleo sobre lámina de cobre.
Otras obras que tienen delineados al óleo son los mosaicos de plumas: Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro, del siglo XIX, préstamo del Museo Nacional del Virreinato; la Inmaculada Concepción, siglo XIX; Santa Rita de Casia —también conocida como Santa Catarina— de los siglos XVI al XVII, y Santa Catalina, del siglo XIX, todas ellas forman parte del acervo del Museo Nacional de Antropología (MNA).
El Museo Nacional de Arte se localiza en la calle Tacuba número 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, frente al Palacio de Minería. Horarios: martes a domingos de 10:30 a 17:30 horas. Costo de admisión: $33.00 y $15.00 para estudiantes, maestros y miembros del Inapam. Domingos: entrada gratuita para público mexicano.

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