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Misiones de la Sierra Gorda:
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Jueves, 25 de Junio de 2009 00:00
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Una historia de resistencia

 

Por Carmen Mondragón
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“Deleitarse la pupila” con la exuberancia y el colorido de las portadas barrocas de las Misiones Franciscanas, bien vale la pena adentrarse en el agreste terreno de la Sierra Gorda de Querétaro, una geografía que habla en sí misma de un pasado indómito que significó no sólo el enfrentamiento entre indígenas y españoles, sino entre las propias órdenes religiosas.

Quien se halle frente a estos ejemplos arquitectónicos del mestizaje —Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 2003—, forzosamente se preguntará sobre la “buena voluntad” con que los indígenas pames elaboraron en cal y canto, estas alegorías que entrelazan la imaginería y la riqueza del medio físico, con los principios cristianos; sin embargo, lo que la historia refiere es una colaboración forzosa.

Detrás de los nombres de Santiago de Jalpan, San Miguel Concá, Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol, Santa María del Agua de Landa y San Francisco del Valle de Tilaco, subyace los “estira y afloja” de agustinos, franciscanos y dominicos; así como el suicidio, resistencia y/o “anexión” con los españoles, de pames, jonaces y ximpeces.  

La distribución de estos monumentos que parten del corazón de la Sierra Gorda y se abren hacia el noreste y el noroeste, para desembocar hacia el estado de San Luis Potosí, vislumbran los esfuerzos por “pacificar” la región, no a partir del siglo XVIII —como se ha manejado históricamente—, sino desde un par de centurias antes.

Sí, la investigadora Elizabeth Mejía, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), refiere que la entrada de los conquistadores a la zona serrana de Querétaro partió primeramente de norte a sur, luego de su enfrentamiento con los huastecos.

Ya sosegados los indígenas, arribaron agustinos en forma individual para comenzar la evangelización pero, sorpresa, se toparon con franciscanos que llegaban desde el lado de Xichú, que es límite del actual estado de Guanajuato con la Sierra Gorda.

Por otra parte, los dominicos también emprendían su labor misional y debido a rebeldía de los indígenas, de la misma manera que edificaban los templos (con materiales perecederos), construían presidios, cuyo ejemplo más sobresaliente es el que todavía se encuentra en Jalpan de Serra.  

Los vencedores del conflicto entre agustinos y franciscanos, fueron estos últimos y fray Junípero de Serra fue —a decir de la arqueóloga conocedora del devenir de esta región—, quien “cosechó” el esfuerzo de sus hermanos de orden.

Sin embargo, los franciscanos antes de catequizar en el norte de la Sierra Gorda, lo intentaron en la parte sur, “donde indígenas, hartos del confinamiento a que eran sometidos,  quemaron una y otra vez las iglesias. Los frailes, quienes consideraban más pacíficos a los pames, decidieron ‘retirarse’ al norte y dejar el sur a cargo de los dominicos”.

Allá, fray Junípero de Serra, quien se encargaría de la misión de Jalpan nombró responsables para las demás: José Antonio de Murguía (Concá), Juan Crespi (Tilaco), Juan Ramos de Lora (Tancoyol) y Miguel de la Campa (Landa). Por eso, aunque datan del siglo XVIII, están fechadas en distintos años a partir de mediados de esa centuria, e incluso, sus portadas fueron realizadas en función de las necesidades locales.

“En este marco, desde Querétaro ya desean concluir con la guerra y envían a José de Escandón, el Conde de la Sierra Gorda, a exterminar. Dicen los relatos, que en el cerro de la Media Luna, los pocos jonaces y ximpeces que aún quedaban, decidieron suicidarse, aventarse desde esta elevación, antes de caer en manos de los españoles.”

“Entonces, para los queretanos la pacificación de la Sierra Gorda empieza en el siglo XVIII, cuando llega Escandón; pero agustinos, dominicos y las primeras entradas franciscanas, se desconocían o se omitían”, explica la arqueóloga del Centro INAH Querétaro.

 

Los constructores

Las misiones de la Sierra Gorda, en la Huasteca queretana, fueron construidas por los pames que, desde 1600, decidieron quedarse en las estancias españolas, luego de que los españoles quemaran sus áreas de vivienda a fin de confinarlos a un espacio que representaba un mayor control. El resto de los pames optaron por el suicidio o el refugiarse en cuevas y llevar una vida nómada.

Con nave de cañón corrido y bóveda, una composición arquitectónica propia de los templos europeos, las misiones serranas de Querétaro tienen sus particularidades. Por ejemplo, Tilaco se halla en desniveles y las fachadas están compuestas por cuerpos horizontales y tres verticales, donde la constante iconográfica es, obviamente, el escudo de la orden franciscana.

Algo que, sin duda, llama la atención del espectador es que algunos de los santos, pensadores de la Iglesia, padres de la orden franciscana, vírgenes y mártires  que aparecen en las portadas están “degollados” como resultado de las acciones revolucionarias, a inicios del siglo XX.

Quizá para la próxima vez que el visitante desee adentrarse en la Sierra Gorda, comprenda que su profusa cultura, dispersa en cada una de sus zonas, parte de una historia de resistencia que pese al tiempo, está presente en lo agreste del paisaje, alguna vez hogar de pames, jonaces y ximpeces, los mal llamados chichimecas.

Última actualización el Martes, 07 de Septiembre de 2010 11:52
 

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