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Museo Nacional del Virreinato
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Lunes, 26 de Noviembre de 2007 00:00
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En el estado de México

 

El Museo Nacional del Virreinato del Instituto Nacional de Antropología e Historia, es uno de los sitios de cultura más importantes de México en donde converge la mejor colección de arte virreinal del país, una muestra completa de retablos de estilo barroco churrigueresco y un lugar que fue construido con formas arquitectónicas distintas, que en su conjunto reúnen más de 300 años del periodo novohispano.

Se trata de un lugar único donde se tiene la oportunidad de conocer y de admirar detalles sobre el ex colegio jesuita de San Francisco Javier y de la vida de sus antiguos moradores. Al mismo tiempo, descubrir los rincones de un edificio colonial de una gran belleza y conocer de cerca cientos de piezas de arte que reflejan la forma de pensar y de actuar de quienes vivieron en los siglos XVI al XIX.

Uno de los principales atractivos del lugar, actualmente convertido en el Museo Nacional del Virreinato, son los retablos de la iglesia de San Francisco Javier, que diseñó el destacado pintor oaxaqueño Miguel Cabrera y que ejecutó el escultor Higinio de Chávez, en el siglo XVIII.

Los retablos son una obra de especial belleza que integran una amplia gama de imágenes, de esculturas y de decoraciones talladas en madera de cedro blanco, recubiertas en hoja de oro de 23.5 kilates.
 
La iglesia y el ex colegio jesuita se construyeron en honor de San Francisco Javier, en el siglo XVI. Fue un santo misionero de la Compañía de Jesús que hizo labor de evangelización en la Nueva España, el cual murió en Asia, ese mismo siglo.

La devoción que le mostraron los integrantes de la Compañía de Jesús al misionero, se reflejó en las tallas que ocupan el retablo central donde puede verse a San Francisco Javier rodeado por la Virgen María y sus padres, San Joaquín y Santa Ana; San José y el Niño Dios -esposo e hijo de María, respectivamente-, y San Juan Bautista -primo de Jesús-. Todos integran una explicación teológica de la familia.
 
Otros dos retablos principales, fueron los que se dedicaron a la Virgen de Guadalupe y a San Ignacio de Loyola, cuya elaboración se atribuye también al pintor Miguel Cabrera, según consta en un contrato antiguo que fue descubierto por investigadores del museo.
 
En la misma iglesia de San Francisco Javier, pueden apreciarse otras diez tallas del mismo estilo barroco churrigueresco, que se caracterizó por la colocación de pilastras que sostienen la estructura y por la abundancia de imágenes en su decoración, la cual fue preponderante en la época virreinal, cuya técnica semejante se utilizó para construir fachadas de edificios en México, Guanajuato y Puebla, principalmente.

 
Sitios de interés

El Museo Nacional del Virreinato tiene 35 puntos de interés, que pueden conocerse a través de un paseo que dura tres horas 15 minutos aproximadamente. La ruta más larga es la que se hace al visitar el ex colegio de San Francisco Javier, un lugar que ocupó esa orden religiosa hasta que el Rey Carlos III ordenó la expulsión de esa congregación religiosa todos los reinos españoles, en 1767.

El itinerario consiste en visitar la entrada del museo, la portería, el Claustro de los Aljibes, la botica, las pinturas de Cristóbal de Villalpando, la biblioteca antigua, la Iglesia de San Francisco Javier y la Capilla Doméstica o de los Novicios, siendo ésta última un sitio donde se celebraba misa y se rezaba el rosario diariamente, desde la primera mitad del siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XVIII.
 
En la bóveda de la Capilla Doméstica pueden verse pintados los escudos de los franciscanos, los dominicos, los agustinos, los jesuitas, los carmelitas y los mercedarios, mismos que fueron acomodados del altar hacia la puerta, de acuerdo con su llegada a España, en 1524, 1526, 1533, 1527, 1585 y 1589, respectivamente.

Los visitantes también pueden conocer los espacios que fueron usados en forma cotidiana por los integrantes de la Compañía de Jesús como el patio de cocinas, la cava y el frigorífico, la despensa, la cocina, el refectorio y el jardín de los naranjos así como la huerta de 3 hectáreas, principal lugar de esparcimiento y una zona en la que se cultivaron plantas medicinales, frutas y hortalizas.

En la parte más alta del impresionante edificio colonial que alberga el Museo Nacional del Virreinato, se ubica un mirador desde donde se puede apreciar el área norte del pueblo Tepotzotlán, los claustros y los Aljibes, una estructura hidráulica, que sirvió para captar el agua de lluvia y llevarla hacia la cocina, donde se utilizó para el consumo de los inquilinos.


Exposiciones permanentes

Conocer de cerca la vida religiosa, social y económica que prevaleció por más de 300 años de México, es uno de los principales objetivos de las exposiciones permanentes que muestran el periodo Virreinal, en ocho salas del museo hay información precisa de los objetos, algunos de los cuales  representativos de la forma en que se ha dividido el análisis histórico.
 
En la etapa de la conquista se trata el sometimiento militar y la evangelización de que fueron objeto los pueblos indígenas mesoamericanos, mientras que en la sala de la primera sociedad Virreinal se analiza la explotación de las riquezas naturales en la Nueva España y el uso de trabajo forzado, así como el tributo que debían pagar los indios.
 
La sala siguiente aborda la integración de la Nueva España, en la que existió gran participación de criollos en el comercio, la sociedad, la religión y la política, que derivó en una mayor libertad respecto a la Corona. Lo anterior, mientras que España enfrentó problemas políticos y económicos que le impidieron un control preciso sobre las provincias de América.
 
En otra área, se tratan los cambios políticos y económicos que ocurrieron en la Nueva España, entre 1760 y 1821. En ese entonces, los criollos tenían un mayor control en el Virreinato, por lo cual la Corona implementó acciones para dirigir a distancia la economía y la política novohispana, lo que se conoció como las reformas borbónicas. Más que ayudarle, se creó un descontento tal que desembocó en el levantamiento independentista de 1810.
 
No obstante lo anterior, en la Nueva España se estableció un comercio con Oriente y se instauró una ruta marítima entre Acapulco y Filipinas. Derivado de ello, se conocieron en América algunos objetos como la porcelana y los indios aprendieron técnicas diversas, con las cuales fabricaron una gran cantidad de tallas en marfil.
 
En una zona aparte, se explica la creación de escuelas de artes y oficios en los conventos religiosos que fueron habilitados como tales en los primeros años de la evangelización. En esos lugares se enseñó a los indios a producir objetos e imágenes que se utilizaron en el nuevo culto religioso de América.

A través de los llamados gremios novohispanos, que fueron agrupaciones de artistas y artesanos especializados en oficios diferentes, se establecieron talleres conventuales con maestros que procedían de Europa. De esa forma, se integró la mano de obra indígena a la división del trabajo, lo que favoreció una mayor producción de objetos artísticos.
 

Monjas coronadas

Por la importancia de su contenido y por lo espectacular de sus imágenes y sus recreaciones, la exposición permanente Monjas Coronadas, nos muestra la vida de las mujeres que se dedicaron a servir a Cristo en el periodo virreinal. Se narra cómo era el ingreso, a través del pago de una dote, y las severas reglas que debían cumplir en las comunidades religiosas, después de la  boda espiritual que tenían con Jesús. Incluso, se explica el ritual funerario de que eran objeto.
 
Hay una sala pequeña donde se están instaladas varias computadoras, en las que se puede conocer más detalles de las monjas coronadas, así como también hay una pantalla en la que se proyecta un documental breve sobre los pasos que debía seguir una mujer para convertirse en esposa de Cristo.
 
Los simbolismos eran determinantes en los conventos, pues con ellos se sabía de la monja su profesión, sus momentos de éxtasis, sus formas de vida y hasta la forma que debía ser tratada una vez muerta.  La colocación de una corona en el cadáver, simbolizaba el fin de la unión de la monja con Cristo, en tanto que una palma florida, refrendaba su intachable trayectoria religiosa y auguraba que llegaría a la gloria eterna.
 
Entre las monjas, la corona simbolizó su unión con Cristo; la palma, su castidad; el Niño Dios, su divino esposo; el velo negro, su pago de dote; la vela, el símbolo de luz de la fe y el Cristo en la Cruz, su vida alejada de las delicias y los placeres. El color del hábito, distinguió a unas órdenes de otras.

 

Historia breve

El Museo Nacional del Virreinato ocupa un edificio colonial que se construyó en 1521. Los primeros pobladores que lo ocuparon fueron integrantes del ex colegio Jesuita de Tepotzotlán, entre 1580 y 1767. A partir de 1606, por un periodo de 150 años, se construyeron en su interior iglesias, capillas, claustros y bibliotecas, además de un refectorio, que fue una sala reservada para los jesuitas que se reunían a comer.
 
La arquitectura del inmueble es un claro ejemplo de la evolución que existió en aquel momento en la Nueva España, con la construcción de más áreas, el inmueble se dividió en tres para albergar a igual cantidad de colegios jesuitas: el de Tepotzotlán, donde se enseñaron lenguas indígenas; el de San Martín, donde se promovió la educación de los indígenas nobles y el de San Francisco Javier, que formó a novicios de esa misma orden religiosa.
 
En la actualidad, algunas partes del inmueble conservan buena parte de la decoración original. Con el establecimiento del Museo Nacional del Virreinato, en 1964, el edificio cambió su acomodo interno para enriquecer su acervo con obras que procedían del ex Museo de Arte Religioso.
 
La iglesia de San Francisco Javier fue construida originalmente para el pueblo de Tepotzotlán, a fines del siglo XVII, pero con el paso de los años se integró al actual espacio. La construcción de ese templo, fue solventada por una familia que se apellidaba Medina y Picaso, que era muy reconocida en la época virreinal.
 
Uno de los integrantes de la anterior familia, lo fue el sacerdote Pedro Reales, quien era maestro de la entonces escuela de San Javier. Ese clérigo destinó su herencia para edificar el inmueble religioso, pero la suma fue insuficiente, ante lo cual su madre aportó lo faltante.
 
Fue hasta el siglo XVIII, que los jesuitas del colegio de San Javier contaron con un capital para renovar el sitio. Por tal motivo, contrataron al pintor Miguel Cabrera, quien diseñó los retablos que se construyeron en el interior de la iglesia.
 

Obras destacadas

El Museo Nacional del Virreinato alberga la colección de arte novohispana más importante del país, cuyas piezas se exhiben en habitaciones y en pasillos distribuidos en los tres niveles que integran el edificio.

Hay pinturas –al óleo, en lámina y al temple-, esculturas –en pasta de caña, madera, marfil, metal y cera-, artes aplicadas o decorativas –lacas, armas, armaduras, herrería, textiles, platería, mobiliario, orfebrería, cerámica, porcelana y vidrio-, grabados, instrumentos musicales –un órgano y un clavicordio- y libros –antiguos y de coro de música polifónica y de canto llano-.

Cada una de las piezas anteriores, tienen un valor cultural importante y una historia propia, pero hay algunas que sobresalen por su fascinante belleza, por el aprendizaje que nos comparten o por la importancia que tuvieron en el periodo virreinal.

Una obra de importancia especial es la pintura Políptico de la muerte, que es un óleo sobre tela integrado por tres hojas, de autor anónimo, que se halla en la sala Integración de la Nueva España. En ella, se explica la forma en que se concebía a la muerte y cuya representación buscaba sensibilizar a los integrantes de la doctrina religiosa.
 
En esa obra se percibe a la muerte como la lucha entre las fuerzas del bien, representadas por un ángel y los sacerdotes, y las del mal, personificado por un demonio escondido bajo la cama. Se describe también el juicio final y los destinos a los que puede llegar el alma, como son el cielo, el infierno y el purgatorio.
 
Una pieza extraordinaria es la escultura del Relicario de San Pedro y de San Pablo, elaborado por el artista español Consuegra, en el siglo XVI. Se trata de un objeto elaborado en plata repujada, punzonada y esgrafiada, con partes doradas fundidas y moldeadas, mide 47 centímetros de alto por 15 de ancho.
 
Otra pieza de gran tamaño, a la que se ha puesto por nombre el Cristo del árbol, es una escultura tallada en madera policromada de extraordinaria belleza, cuya altura es de un metro y medio.
 
Hay piezas que son visitadas ampliamente, como son la fachada, las pinturas al temple en las bóvedas y los retablos de la iglesia de San Francisco Javier. Además, las tallas que se hicieron en honor de San Ignacio de Loyola, que fue el santo fundador de la Compañía de Jesús, y la Virgen María, quien está acompañada de Santa Catalina de Alejandría, Santa Bárbara, San Isidro Labrador y San Judas Fandilas.
 
Lo anterior, sin dejar de mencionar las esculturas en madera de San Francisco de Borja, Jesús Salvador de los Hombres, San Juan Nepomuceno, San José, Preciosa Sangre, patrocinio de la Virgen a la compañía de Jesús, Virgen de la Luz, Cruz de Caravaca, Pasión de Jesucristo y San Estanislao de Kotska, sin olvidar también la Casa de Loreto, las cuales se hallan al interior de la misma iglesia de San Francisco Javier.
 

Catálogo de línea

Es posible mirar a distancia casi 900 pinturas a través de un catálogo que está en Internet, cuyas obras fueron creadas por 80 artistas novohispanos. Las imágenes pueden ubicarse por su título, autor, época, técnica o tema a través de www.virreinato.inah.gob.mx, en la liga que corresponde a las colecciones. En la actualidad se trabaja para integrar más catálogos virtuales.
 
Quienes deseen conocer más temas y el origen de otras obras, puede acudir a la biblioteca pública Pablo I. Martínez del Río, que se encuentra en el interior del museo. Ahí encontrarán un acervo importante de volúmenes sobre temas de filosofía, religión, educación, comercio, arquitectura, pintura y grabado, entre otros.

El Museo Nacional del Virreinato es un espacio de cultura accesible para todas las personas. Hay visitas guiadas, festivales y conciertos de música, actividades académicas, ciclos de cine, obras de teatro, cursos de verano, pastorelas, talleres didácticos y paseos infantiles, durante todo el año.
 
A los estudiantes de secundaria, se les brindan recorridos especiales para que conozcan las obras que les provocan más interés, como son los retablos barrocos y las piezas de orfebrería. Para los alumnos de bachillerato, se les enseñan los retablos barrocos, la arquitectura del sitio, las pinturas y las esculturas, que son las obras que prefieren ver.

Hay asesorías para tesistas de licenciatura y de posgrado, que consisten en brindarles información específica y amplia de la historia virreinal en México. Para investigadores y académicos que requieren testimonios más avanzados, están disponibles para su consulta más de cuatro mil textos antiguos.
 
El Museo Nacional del Virreinato tiene también un contacto intenso con escuelas, como son la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad del estado de México, además del Colegio Nacional de Educación Técnica, para que sus alumnos realicen su servicio social en ese sitio de cultura.
 
Derivado de lo anterior, se integran entre 80 y 100 estudiantes de las escuelas antes citadas a las diferentes áreas del museo, cada año. Hay casos en que esos mismos alumnos participan en proyectos de investigación.
 
Para los niños, existe un video que les explica el periodo virreinal. La información que se les proporciona a través de ese medio, es puesta a prueba con juegos didácticos interactivos que se hacen con el uso de una computadora. Los programas y juegos pueden encontrarse en el sitio de Internet del Museo Nacional del Virreinato.
 
Las personas invidentes, también conocen la historia y algunas pinturas del virreinato en México, pues existen cédulas explicativas en braille y cuadros con textura, que les da la oportunidad de estar más cerca de la herencia histórica.
 
Mediante un programa académico anual, se desarrollan coloquios, exposiciones temporales y otros temas de interés que van dirigidos a todo el público. Se efectúan también programas de capacitación para los trabajadores, voluntarios y prestadores de servicio social. Gracias a la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo Nacional del Virreinato, se profundizan los conocimientos de la historia y del arte novohispano, mediante cursos que se imparten los jueves del mes, de 10 a 14 horas. El costo de cada uno es de 500 pesos.
 
En el segundo semestre de 2007, los temas que abordarán dichos cursos serán: los textos de la evangelización novohispana, los jesuitas formadores de santos, sabios y demonios, la vida cotidiana y mujeres de Zacatecas en Virreinato, el arte y poder político en la Nueva España, la formación espiritual y libro novohispano y la música en torno a la mujer novohispana en colegios y conventos.

Dos veces al año, se programan ciclos de cine con cintas que se asocian con la temática y que buscan acercar al público al museo. También se exhiben obras de teatro con el tema del virreinato como sucedió con las puestas en escena de El árbol, Leyendas de México o La mulata de Córdoba.
 
En el ex colegio de San Francisco Javier se realiza un festival de música, cuyos conciertos tienen como lugar sede el convento de la iglesia, el cual tiene una capacidad para 350 personas. Es tal la importancia de este tipo de eventos, que es un espacio buscado por artistas diversos, algunos de los cuales se mantienen en espera de una oportunidad para presentarse. Los conciertos no cuestan nada al museo, toda vez que la participación de los elencos es gratuita.
 
Como en otros museos, los cursos de verano buscan fomentar el conocimiento y la creatividad de niños y adolescentes que están de vacaciones  en la escuela, por lo que se promueven talleres donde se les enseña a pintar en óleo, en acuarela y en acrílico, entre otras muchas actividades.
 
 

Te esperamos

Te invitamos a que conozcas el Museo Nacional del Virreinato, un lugar que cuenta además con servicios como el del  préstamo de sillas de ruedas y de un auricular que sirve de audioguía, sin ningún costo. En el área de guardarropa, podrás dejar mochilas y cualquier tipo de paquetes con los que no podrás pasar.

En la hostería del museo, podrás probar alimentos variados y contratar banquetes sociales y otros paquetes hechos especialmente para las empresas. Recuerda que las tomas de fotografías son sin flash ni tripié y que el uso de cámaras de video requiere el pago de una cuota. Se permiten tomar placas de grupos familiares y escolares en los patios, la huerta y la fachada del Templo de San Francisco Javier, pero con cita previa.

No olvides que el uso de las imágenes captadas de las colecciones, del propio inmueble y de la fachada del museo requiere de una autorización expresa del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El Museo Nacional del Virreinato está ubicado en Plaza Hidalgo, número 99, en Tepotzotlán, en el estado de México. Puedes llegar desde la ciudad de México, a través del anillo periférico norte y su continuación que es la carretera México-Querétaro. A la altura del kilómetro 45 aproximadamente, está una desviación que te lleva al centro de Tepotzotlán, que es el lugar donde se encuentra el inmueble histórico.

Los días de visita al museo son de martes a domingo, de 9 a 18 horas. La iglesia de San Javier está abierta todo el año, en el horario anterior. El costo de admisión es de 38 pesos, cuyo pago te permitirá visitar ambos sitios.

 De martes a domingo la entrada al museo y a la iglesia es sin costo para menores de 13 y mayores de 60 años, discapacitados, estudiantes, maestros y jubilados con credencial vigente, como también lo son los domingos y los días festivos para visitantes mexicanos y extranjeros residentes debidamente acreditados.

Última actualización el Jueves, 22 de Marzo de 2012 12:54
 

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