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Mercados mexicanos, síntesis y germen de cultura
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Martes, 03 de Agosto de 2010 00:00
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Por Verenise Sánchez

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Envueltos en olores, colores, sabores y significados, los mercados más que un simple espacio de compra y venta para el abastecimiento diario, son una síntesis de la cultura y la historia de una región, así como de las relaciones comerciales que tiene ésta con otras poblaciones.


Amalia Attolini, etnohistoriadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explicó que estos espacios comerciales y culturales tienen sus orígenes en la época prehispánica, cuando se realizaban trueques entre las diversas culturas mesoamericanas.

En la época colonial esos mercados fueron transformados, ya que con la llegada de los españoles y la introducción de la rueda a la Nueva España se ampliaron las rutas y los espacios destinados para la venta de productos. 

En la época independentista, y sobre todo en la revolucionaria, tuvieron otras modificaciones, pues al sumarse muchos productores y comerciantes a las luchas armadas hubo escasez de productos y dinero; entonces estos espacios comerciales fueron adaptados a las nuevas circunstancias.

Actualmente en todo el país, y principalmente en la Ciudad de México, existe una gran cantidad de mercados y de tianguis con características de todas las épocas, indicó la especialista.

 

Mesoamérica

La red de comunicación mesoamericana era extensa y por los caminos llegaban no sólo productos, sino usos y costumbres, formas artísticas, conocimientos científicos y tecnológicos, diferentes lenguas y formas de ver el mundo, dice Attolini Lecón.

“A través de los restos arqueológicos que se han encontrado se sabe que el intercambio de diversos productos entre las culturas antiguas fue muy importante. Teotihuacan y Tula, cada una en su tiempo, establecieron relaciones comerciales y culturales muy cercanas con la zona maya, lo cual se ve reflejado en la arquitectura, los entierros y objetos de diversos usos.

El intercambio más activo de toda Mesoamérica se daba en la Cuenca de México, a través de la red de lagos que permitió la comunicación por medio de embarcaciones, favoreciendo el comercio y el crecimiento de la economía en la altiplanicie central.

En medio del lago estaba Tenochtitlan, en su tiempo la ciudad más poblada de América y una de las de mayor densidad del mundo. Estaba dividida en cuatro barrios principales, los cuales contaban con su propio mercado, como sucede actualmente con cada colonia.

 

La Nueva España

Una vez consumada la conquista vino un largo periodo de ajuste, absorción y mestizaje en todos los órdenes de la vida colonial. Sin embargo, se mantuvo el expendio de mercancías tradicionales a las que se adicionaron algunos productos provenientes de España. Así mismo, las semillas de cacao siguieron  fungiendo como moneda, al igual que las metálicas que en esa época se empezaron a acuñar.

Hay que destacar que la tecnología europea llegó a revolucionar la agricultura americana, aumentando la producción y disminuyendo el trabajo humano, así se introdujo gran variedad de verduras, leguminosas, hortalizas, cereales, frutas, cítricos, caña de azúcar y más tarde café y arroz.

Una de las características del comercio en la Ciudad de México al iniciarse el siglo XVII fue la agrupación de gremios en determinadas calles, plazas y barrios, como antiguamente acostumbraban los grupos prehispánicos.

Así se podía localizar a los carpinteros, cerrajeros y herreros en la calle de Tacuba; a los gamuceros, en La de Palma; a los curtidores, en los barrios de San Hipólito y San Sebastián, en un principio, y más tarde en el barrio de San Pablo. 

En la Plazuela de San Diego o Santo Tomás, a los caoneros; a los alfareros en la calzada de Santa María y, en tanto que sastres, tocineros, zapateros, albañiles, panaderos, confiteros, pulqueros, posaderos, etcétera, estaban esparcidos por toda la ciudad.

En el siglo XVII se creó el mercado de El Volador, en donde hoy se encuentra la Suprema Corte de Justicia; fue el primer mercado como tal y en poco tiempo se convirtió en el principal de la ciudad de aquellos años.

En 1703 se inauguró el Parián, donde los gremios comerciaban sus diversas manufacturas; además había vendedores ambulantes que pregonaban sus mercancías por toda la ciudad, antecedente de cómo ahora vemos que en los mercados y tianguis gritan los productos que venden. 


En la última centuria colonial ya se habían establecido “estancos” o monopolios gubernamentales para la producción y el comercio de algunos productos, tales como el tabaco, la pólvora, los naipes, los cordobanes o pieles curtidas, la sal, el mercurio y la nieve, por cierto traída a lomo de mula de los volcanes, envuelta en zacate.


En 1793 se inauguró el mercado de la Cruz del Factor, que con el tiempo se le llamó el Baratillo Menor. Al finalizar el periodo virreinal, los mercados y tianguis de la ciudad de México se agrupaban en tres categorías: la primera correspondía a un núcleo principal ubicado en la Plaza Mayor, como El Parián, los portales de Mercaderes, las Flores, la Diputación y El Volador.

También había un grupo de mercados con cajones y puestos fijos de madera ubicados en la periferia, como en las plazuelas de Santa Catarina Mártir, la Cruz del Factor y de Las Vizcaínas, considerados como de segunda importancia. 

El tercer grupo se extendía en numerosas plazas y plazuelas sobre petates o bajo la sombra, con puestos no fijos, entre éstos estaban los tianguis de Jesús, La Cal, Santa Ana, Carbonero, Burros, Mixcalco, La Paja o de El Maíz, ubicados en lo que hoy es Pino Suárez esquina con República del Salvador.

 

El México independiente

En 1841 el gobierno inició la construcción de un nuevo mercado, el de San Juan o Iturbide, el cual fue inaugurado en 1850. En 1863 se edificó el mercado de La Merced, sustituido más tarde por la construcción porfirista que marcó el inicio de una decidida política para la modernización de mercados.

En 1869 se estableció el mercado Guerrero. Ya en 1887 había 9 mercados para abastecer a la capital: en el norte, el de Santa Catarina, Santa Ana y Guerrero; al sur, el de San Juan; al oriente, el de La Merced y San Lucas; al poniente el Dos de Abril y el de San Cosme.

En 1889 se inauguró el mercado de Loreto, en 1893 el de La Lagunilla y dos años después el de Martínez de la Torre. En 1912 se edificó el mercado Juárez, sin embargó, la Revolución Mexicana trajo un estancamiento de los mercados, así tuvieron que pasar 22 años para que en 1934 se inaugurara el Abelardo. 

Durante la gestión del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) llegó a su clímax la construcción de mercados, pues sólo en la ciudad de México se inauguraron 88.

 

Los mercados de hoy

La situación actual del comercio en las ciudades mexicanas ofrece un contraste muy marcado: por un lado el pequeño comercio de misceláneas y expendios de abarrotes y por el otro extremo están las grandes cadenas de autoservicio surgidas en la segunda mitad del siglo XX.

Cada vez son más frecuentes los “mercados sobre ruedas”, según datos del INEGI el 23 por ciento de la población, es decir, poco más de 23 millones de personas se dedican al comercio informal en México.

Actualmente sobresalen algunos mercados que tienen más de 150 años de tradición como el de San Juan, reconocido por su gran variedad de carnes y quesos; La Merced, Xochimilco, Jamaica, La Viga, este último especializado en pescados y mariscos.

Así mismo el Sonora, en donde se pueden conseguir animales vivos y toda clase de hierbas medicinales y otras “materias primas” de las que requieren los curanderos populares; el de La Lagunilla con su amplio surtido de muebles y ropa, y el de Tepito donde hay mercancía nacional y de fayuca.

 

Entre lo prehispánico y lo actual

Una de las características prehispánicas todavía presente en los mercados es la especialización en ciertos productos. Por ejemplo en dulces, como el de la Candelaria; en carnes, el de San Juan; o el de plantas, en Xochimilco.

En la época prehispánica existía el mercado donde se comerciaba principalmente la sal, en el barrio de Atenantitlan; el de perros para comer, en Acolman; y los de esclavos, en Azcapotzalco y en Iztocan, por mencionar algunos.

Otra de las características que todavía sobrevive en los mercados es el altar con una imagen religiosa sea de una virgen o un santo. En la época prehispánica, los espacios de comercio también contaban con un altar para sus dioses.

No obstante la proliferación de supermercados, los mercados y tianguis no van a desaparecer porque junto con los productos, en estos espacios comerciales convergen un sin fin de aspectos culturales. 

“En los mercados se refleja casi la totalidad de la cultura de una región, estado o país porque los objetos que se comercian en ellos son como la memoria de los pueblos, por eso es que en las investigaciones arqueológicas cuando se encuentran objetos se puede inferir qué pasaba ahí.”
 

Última actualización el Jueves, 22 de Marzo de 2012 13:43
 

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