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Antropología forense, razones de muerte y de justicia
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Domingo, 20 de Junio de 2010 18:00
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Antropología forense

Guillermina Escoto
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Fotos Melitón Tapia

 

Cuando los conocimientos de un médico no bastan para saber las razones por las que muere una persona y bajo qué circunstancias, porque el tiempo entre el fallecimiento y el descubrimiento del cadáver ha borrado toda información en tejidos blandos y es necesario escudriñar en la putrefacción o sólo las deformaciones en el esqueleto ofrecen luces, se hace necesaria la participación de un especialista que a simple vista nada tendría que ver con estos asuntos: el antropólogo.

Antropología forenseSin ser policía, detective, ni médico legista, sus conocimientos sobre la biología del humano y la práctica en la reconstrucción de la historia lo convierten en pieza clave para deliberar en la escena violenta por qué muere alguien.

Es por eso que desde 1998 el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) imparte el Diplomado en Antropología Forense en un esfuerzo por llenar el vacío de estos profesionistas en los sistemas de impartición de justicia, cada vez más necesarios ante la violencia que caracteriza las sociedades modernas.

La especialidad en antropología forense deriva de la antropología física que como ciencia se encarga del estudio de la evolución del hombre desde su biología y el modo cómo el humano se ha adaptado al medio.

La antropología forense tiene sus orígenes en México a principios del siglo XX con las investigaciones del médico y etnólogo michoacano Nicolás de León; en tanto que su enseñanza comienza en la década de los noventa, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) a través de los cursos impartidos por el antropólogo Edwin Crespo, explica el antropólogo físico Arturo Talavera, responsable del Diplomado en Antropología Forense en sus inicios.

Un antropólogo forense obtiene datos referentes al sexo, edad, afinidad racial, causa de muerte del individuo e identifica huellas de violencia cuando las hay, basándose en los huesos y dentadura; dada su amplia experiencia con la biología y cambios postmortem del esqueleto humano, Talavera advierte que en la mayoría de los casos son los médicos forenses los que tienen que realizar el trabajo del antropólogo físico pero “esto no es óptimo, los informes se quedan cortos porque un médico y un antropólogo forense no son lo mismo”.

Explica que el primero se aboca a hechos recientes, individuos de cuando mucho tres meses de fallecidos, dependiendo de las condiciones y el sitio donde se Antropología forenselocalicen; pero cuando el cuerpo entra en grado avanzado de descomposición o tiene muchos años sobre la superficie del terreno, o de inhumado, un médico no puede abordar las investigaciones porque sus conocimientos se basan en tejidos blandos y para resolver estos casos se requiere de un amplio conocimiento de las alteraciones del esqueleto.

Es cuando el antropólogo físico forense se vuelve una ayuda para el criminalista de campo y el Ministerio Público, advierte Talavera; de hecho, “es un criminalista de campo de un suceso del pasado, un perito más dentro de todo el aparato de peritos forenses para resolver un caso en el que intervienen médicos, fotógrafos, químicos e incluso arqueólogos forenses”.

Dentro de las estrategias de investigación que emplea destaca la tafonomia forense, ciencia que estudia los cambios de los huesos en todas sus fases, desde la muerte biológica hasta su total desintegración, o conservación natural o artificial, o fosilización; combina técnicas de la arqueología y la antropología física forense, a través de las cuales puede determinar el tiempo transcurrido desde la muerte y reconstruye las circunstancias antes y después del depósito del cadáver.

También sirve para distinguir en los restos humanos los factores que son producidos por la conducta humana de aquellos causados por sistemas biológicos, físicos, químicos y geológicos; por ejemplo, cuándo los cadáveres fueron atacados por carnívoros o roedores y cuándo asesinados por otro ser humano.

Antropología forenseTalavera también asegura que las diferentes formas en las que actualmente los criminales disponen de los cadáveres y segmentos de los mismos, pueden confundirse fácilmente, “la conducta homicida puede introducir variaciones extremas de transporte, desmembramiento y otras alteraciones en los restos que el método taxonómico puede describir y explicar”.

Detalla que el término de antropología forense involucra necesariamente tres especialidades: arqueología, antropología física y antropología cultural. “La primera trata de recuperar la conducta cultural del pasado y el enfoque forense es el de reconstruir la conducta criminal y recuperar evidencias asociadas en su contexto, que permitan reconstruir los eventos finales de los hechos presuntamente delictivos.

En tanto la antropología cultural se encarga de auxiliar al psicólogo forense en la interpretación de la conducta del victimario tal y cómo se evidencia en el lugar del hallazgo, a partir del conocimiento de concepciones culturales acerca de la muerte, los rituales funerarios y la muerte en contextos rituales; también auxilia para distinguir las prácticas culturales de los desórdenes mentales.

Y la antropología cultural forense ayuda al criminólogo a establecer las causas del delito, su prevención y la clasificación de reos dentro de los centros de readaptación; puede ser también auxiliar en la supervisión de programas de readaptación social y podría asistir a los psicólogos en las terapias de atención a víctimas mediante la llamada “reordenación del universo simbólico”.

 

Peritos del INAH atienden llamadas

Es común que cuando se localizan esqueletos humanos en algún tipo de excavación, generalmente derivada de obras, sean llamados los especialistas del INAH para que determinen si los restos pertenecen a la época precerámica, prehispánica, colonial o si son más recientes. Luego de este primer peritaje, si son restos históricos, los recoge el INAH; en cambio si se trata de una época muy reciente permanecen con el Ministerio Público.

Para que los restos se puedan considerar históricos deben tener más de 100 años de antigüedad y los casos de huesos más jóvenes dependen de los códigos penales de cada estado, pero el tiempo en que se puede aplicar la definición varia entre los 20 y 40 años.

Cuando se encuentra un cadáver esqueletizado o en avanzado estado de descomposición, el antropólogo sólo puede auxiliar al perito criminalista de campo a solicitud del Ministerio Público, siguiendo el marco legal, resalta Talavera.

 

La antropología forense histórica

El especialista comenta que la antropología forense en México apenas despega, el auge de la disciplina comenzó en la década de los noventa, cuando se crea el Departamento de Antropología Forense de la PGJDF y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) surge el interés en la disciplina a través de los cursos que impartió el antropólogo Edwin Crespo, coordinador académico de los primeros diplomados en Antropología Forense.

Pero el nacimiento de la especialidad en el Instituto se dio desde principios del siglo XX, con la antropología forense histórica –narra Talavera– cuando Nicolás León hizo los primeros exámenes de personajes históricos; sin embargo, resultados exitosos se obtuvieron hasta años más tarde, con Eusebio Dávalos Hurtado, quien identificó los restos de Hernán Cortés.

En tanto que la antropología forense no histórica, de acuerdo con el antropólogo físico Arturo Romano, nació en los años sesenta, cuando él identificó un cráneo valiéndose de técnicas de la antropología física, afirma Talavera.

En el diplomado que ofrece el INAH intervienen destacados especialistas en el tema y con amplia experiencia laboral tanto en materia legislativa, médica, pericial como de antropología física y los alumnos que ingresan deben cubrir una serie de requisitos muy rigurosos que permitan la correcta  identificación de cada aspirante, para evitar “dar armas al enemigo”, destaca el antropólogo.

 

Múltiples utilidades

Finalmente recordó que la antropología forense en las dos últimas décadas del siglo XX estuvo íntimamente ligada a la defensa de los derechos humanos.

Sus practicantes han participado en la detección de fosas clandestinas y en la identificación de individuos ejecutados por gobiernos militares. El primer caso fue el juicio de Nuremberg contra nazis y posteriormente se investigaron y documentaron los abusos en contra de la población civil de dictaduras latinoamericanas y africanas.

Otra aplicación en épocas recientes se ha dado en Estados Unidos y Alemania, donde se analizan las lesiones graves más comunes causantes de muerte en accidentes automovilísticos y aéreos, a fin de logar diseños industriales que protejan más a los individuos en el momento de sufrir algún percance. 

Última actualización el Sábado, 22 de Octubre de 2011 00:21
 

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