INAH
Inicio Reportajes La Merced, de ex convento a museo del siglo XXI
La Merced, de ex convento a museo del siglo XXI
(5 votos, media 5.00 de 5)
Martes, 16 de Agosto de 2011 16:40
smaller text tool iconmedium text tool iconlarger text tool icon


      

 

Por Jorge Luis Sáenz
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla    

 

El claustro principal del Ex Convento de la Merced, que en 1861 se salvó de ser demolido luego de que los religiosos lo abandonaron por causa de las Leyes de Reforma, fue escenario de vida monástica, pero también apasionados amores, sirvió además como cuartel militar, bodega, pulquería y dio cobijo a la aventura educativa de niños y obreros escultores, albergando a la escuela que dio origen a La Esmeralda.
 
Actualmente el claustro, uno de los pocos ejemplos de estilo mudéjar en una construcción colonial que se conservan en el país, es restaurado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para albergar allí el Centro Nacional de la Indumentaria, Diseño Textil y Música.
 
La Coordinación de Obras y Proyectos del INAH realiza trabajos de ingeniería y restauración para devolver su esplendor a relieves, arcos y columnas de cantera, ricamente ornamentadas en sus dos plantas.
 
Con la finalidad de ampliar en 80 por ciento el espacio destinado a la exhibición de colecciones se planea colocar una moderna cubierta de cristal templado sobre el patio, que además protegerá al inmueble de la contaminación y las inclemencias del tiempo.
 
El guión museográfico transitará por la historia de la indumentaria y la música popular de México, desde la Conquista hasta la época actual, a través de piezas representativas que provienen de las colecciones de museos del INAH. Contará también con lo más avanzado en tecnología de iluminación y control de temperatura para conservación de los objetos.
 
El objetivo de esta obra, explicó el arquitecto Jesús Enrique Velázquez, coordinador nacional de Obras y Proyectos INAH, es rescatar el alto valor histórico y estético del edificio. “Queremos que la restauración sirva para detonar dinámicas urbanas en la zona de la Merced, la cual está íntimamente vinculada al comercio desde la época prehispánica hasta el día de hoy”.
 
A continuación haremos un recorrido por las distintas etapas y usos que tuvieron lugar en el Convento de Nuestra Señora de la Merced, para concluir con los pormenores de la restauración iniciada en 2010, y que culminará con la puesta en marcha de un nuevo espacio museístico en la otrora Ciudad de los Palacios.
  
La orden de la Merced
 
“La arquitectura habla; hay metáforas encerradas en sus muros y ornamentos”, señala convencido el arqueólogo del INAH Luis Alberto Martos, quien ha estudiado la historia e iconografía del Ex Convento de la Merced y la orden que lo fundó.
 
Martos explica que la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, fue fundada en 1218 por San Pedro Nolasco para liberar a los cristianos que caían cautivos de grupos árabes, como los sarracenos, en Oriente Medio. La orden trataba de negociar el pago de un rescate, pero también tenía militares para realizar liberaciones por la fuerza; si todo fallaba, los religiosos podían intercambiarse por los detenidos, lo que era visto como un acto de sacrificio.
 
La orden mercedaria llegó al continente americano con el conquistador Hernán Cortés, en la persona del fraile Bartolomé de Olmedo. No obstante obtuvo autorización del Ayuntamiento para asentarse en la Ciudad de México hasta 1592. Se le destinó a una zona depauperada (al sureste), que era un barrio de viviendas pobres y en el cual estaban los hospitales de San Lázaro (leprosos) y del Amor de Dios (sifilíticos), donde ahora se ubica la Academia de San Carlos.
 
Para construir su convento, los religiosos compraron un predio por 18 mil pesos, uniendo cuatro terrenos (en total abarcaría una superficie de 8,800 metros cuadrados). A partir de 1602, “la orden mercedaria se considera un foco de cohesión para una barrio pobre, insalubre, donde vivían comerciantes, militares, prostitutas y estudiantes”, señala el arqueólogo.
 
Martos añade que fue un convento enorme y opulento, su templo tenía bellos retablos, además contaba con cuatro claustros, noviciado, huerta, archivo y una de las bibliotecas más ricas de la ciudad, un gran comedor y cocina. En las paredes hubo pinturas de Juan Correa y Luis Juárez.
 
El abogado y escritor liberal Ignacio Mariscal consideró al convento de la Merced, como “el más rico de todos los conventos de México y quizá el más bello”, parte del claustro y la techumbre de dos aguas de su templo quedó registrada en una litografía de Pedro Gualdi de 1842.
 
El claustro de aspecto oriental y señorial que aún se conserva, apunta Martos, se comenzó a construir en 1676 y se terminó en 1703, gracias a un donativo de 25 mil pesos de don Alonso Dávalos Bracamonte, Conde de Miravalle.
 
Tanto el templo como gran parte del convento fueron saqueados y demolidos en 1861, en el baldío se instaló en 1865 un mercado al aire libre y, en 1879, se construyó el primer mercado de la Merced –con planos de Antonio Torres Torija–, que subsistió hasta bien entrado el siglo XX.
 
Simbología en piedra
 
La serie de columnas y arcos de estilo mudéjar andaluz que componen la decoración exterior del claustro, está ricamente ornamentada con símbolos religiosos de la orden de la Merced, los cuales han sido estudiados por Martos.
 
En la planta baja, los arcos de las esquinas presentan figuras de niños sobre una concha, son símbolos de pureza e inocencia. En los cuatro arcos centrales están los santos principales de la orden: San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato, además del Cristo de la Redención y Nuestra Señora de la Merced. También están representados los apóstoles. En las confluencias de los arcos está labrada una letanía dedicada a la Virgen.
 
En el piso superior se halla una arquería doble con relación a los arcos de abajo, a la manera oriental. Los fustes de las columnas están labradas con motivos florales y los arcos son dentados o de punta de diamante. Las columnas están fajadas por enredaderas, racimos de uvas y de granadas que simbolizan, respectivamente, la eucaristía y el amor de dios y la fuerza de la fe.
 
Los barandales del piso superior, de hierro forjado, se agregaron posteriormente y pertenecieron al destruido edificio de la Universidad Nacional.
 
Los amores del Dr. Atl
 
Don Manuel Orozco y Berra consignó que una vez abandonado y saqueado el convento de la Merced, el primer claustro sirvió como cuartel y los soldados federales utilizaban los lienzos –con escenas de mártires– que aún sobrevivían para practicar el tiro al blanco.
 
Ya en la segunda década del siglo XX, en plena Revolución Mexicana, el pintor y político Gerardo Murillo (1875-1964), mejor conocido como Dr. Atl, abogó en 1915 ante el general Venustiano Carranza para que el claustro no fuera demolido. Quería instalar allí el Museo de Arte Colonial.
 
Después del asesinato de Carranza en 1920, el Dr. Atl cayó preso de las fuerzas de Obregón y fue encarcelado en Tlatelolco, de donde escapó y fue a refugiarse en el barrio de la Merced, sobreviviendo en las calles y comiendo de la basura.
 
Poco tiempo después, el portero del claustro abandonado, de nombre Ángel, invitó al Dr. Atl a vivir en un cuarto en la azotea del mismo ex convento. Atl emprendió una actividad artística intensa, alejado de la política, pintando paisajes y retratos, y desempeñándose como periodista y escritor, fue entonces cuando publicó Las artes populares en México (1921) e Iglesias de México (1924).
 
“Con una cabellera rubia y sedosa atada sobre su faz asimétrica, esbelta y ondulante, como la estatua arbitraria pero armoniosa de la Venus naciente de Boticelli”, describió Atl a la pintora y poeta Carmen Mondragón (1893-1978), a quien bautizaría como Nahui Olin.
 
El pintor conoció a Carmen en 1921, cuando regresó del exilio acompañada de su esposo, el pintor Manuel Rodríguez Lozano. De bellos y refulgentes ojos verdes, Nahui Olin no podía pasar inadvertida en el reducido mundo de intelectuales y artistas que propiciaban el renacimiento del arte mexicano.
 
Mujer libre y rebelde, con una sexualidad a flor de piel, Nahui Olin se fue a vivir con el Dr. Atl al claustro de la Merced. Con un estilo naïf (ingenuo), pintó estampas populares: plaza de toros, circo, pulquerías, puestos de mercados y autorretratos, además publicó Óptica cerebral, poemas dinámicos (1922) y Calinement, Je suis dédans (Cariñosamente estoy adentro), en 1923.
 
El Dr. Atl la pintó en un mural, en el patio poniente del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo (el cual fue borrado por órdenes de Narciso Bassols), y le hizo varios dibujos y pinturas de caballete. Diego Rivera la pintó en el mural La Creación como Musa de la poesía erótica, en San Ildefonso; también fue plasmada por Roberto Montenegro y Jean Charlot y los fotógrafos Edward Weston y Antonio Garduño captaron su belleza en retratos y desnudos.
 
La novela autobiográfica de Atl, Gentes profanas en el convento (Botas, 1950), da cuenta de sus turbulentos amores: “¡Esos ojos verdes! A veces me parecían tan grandes que borraban toda su faz. Radiaciones de inteligencia, fulgores de otros mundos. ¡Pobre de mí!”

Ella por su parte, después de hacerle una vista al pintor, le escribe en una carta: “Para mí –para ti– ya no habrá ayer ni mañana –para nosotros dos sólo hay un solo día la eternidad del amor y un solo cambio: más amor…”.
 
Tristemente, un amor tan apasionado tuvo que terminar como una erupción volcánica, entre peleas estruendosas, escenas de celos, baños de agua fría, amenazas de muerte y panfletos infamantes pegados a la puerta del claustro.
  
Un zoológico en el convento
 
No se sabe bien a bien cuántos años permaneció el Dr. Atl en la azotea del claustro, en su ficha del Diccionario de escritores mexicanos, siglo XX, de Aurora Ocampo, se menciona el año de 1937. Lo que es cierto es que entre marzo de 1927 y octubre de 1930 operó en la edificación un pequeño zoológico cuyos animales servían de modelo a los niños pobres y obreros de la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa (ELETD), fundada y dirigida por el escultor Guillermo Ruiz, quien fuera amigo del grupo de los estridentistas.
 
Los animales que sirvieron de modelo fueron un coyote, un mono araña, un águila real, un venado, un gato montés, una zorra, tejones, un oso, guacamayas, mapaches, patos, un cacomixtle, cojolites, palomas, un caballo, un teclote, una lechuza y varios perros. Los maestros donaban parte de sus ganancias obtenidas por la venta de obra para comprar alimento para el zoológico.
 
Algunas de las figuras de animales que fueron labradas en piedra, aún se pueden apreciar en la entrada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, del INBA (actualmente en el Cenart), pues la ELETD fue antecedente de dicha institución, fundada en 1943.
 
Guillermo Ruiz, quien realizó la monumental escultura de Morelos en la isla de Janitzio, Michoacán, pensaba que los escultores “debemos trabajar directamente la materia: madera, piedra, bronce, metales repujables, etcétera; crear nuevas formas encontradas dentro de nuestra naturaleza” (Forma, No. 2).
 
El claustro de la Merced se acondicionó para albergar los talleres de fundición, talla en madera, talla en piedra, cerámica, juguetes, herrería y orfebrería. Además se instalaron dos hornos para cerámica, se repellaron y se construyeron baños.
 
La Escuela Libre de Escultura y Talla Directa inició con 350 alumnos. Los maestros fundadores fueron Guillermo Ruiz, Luis Albarrán y Pliego, Andrés Romo, Bruno Chávez, así como los herreros Ángel Posada y Enrique García, y el carpintero Salvador Solorio. El éxito de la ELETD no se hizo esperar, y el propio presidente Plutarco Elías Calles adquirió varias figuras talladas en piedra y madera.
 
Notables artistas concurrieron a este experimento educativo, que trascendió las fronteras nacionales, exhibiéndose los resultados en exposiciones que viajaron a España y Estados Unidos.
 
El artista Gabriel Fernández Ledesma instaló en la ELETD un taller de estampa. También diseñó las puertas del recinto talladas en madera, que fueron ejecutadas por alumnos de la escuela, con la supervisión de Ruiz. En ella se aprecian a los niños artistas y sus maestros, así como las mascotas modelos. Tina Modotti hizo la fotografía de dicha obra.
 
También fueron profesores Mardonio Magaña, el artista indígena apoyado por Diego Rivera y el mecenas Francisco Iturbe; Oliverio Martínez, que ganó el concurso para los cuerpos escultóricos del Monumento a la Revolución; el pintor Alfredo Zalce, el indígena colombiano Rómulo Rozo; Juan Cruz Reyes, Francisco Zúñiga y el joven de 18 años Fernando Gamboa, que andando el tiempo se convertiría en el más importante museógrafo mexicano.
 
El claustro fue declarado Monumento Histórico el 3 de junio de 1932. “Para 1964 el claustro fue restaurado y se utilizó como Hemeroteca Virreinal y luego Taller Nacional del Tapiz (INBA). En 1976 se creó la plaza Alonso García Bravo al costado norte del convento. En épocas recientes, el segundo nivel del claustro lo ocupó el Centro Nacional de Investigación y Documentación Textil (INBA)”, consigna el historiador Edgar Tavares López en Relatos e historias de México (septiembre, 2010).
 
Una obra del siglo XXI
 
El INAH emprendió en 2010 la restauración del claustro integral del Ex Convento de la Merced, para albergar allí el Centro Nacional de la Indumentaria, Diseño Textil y Música.
 
El arquitecto Jesús Velázquez, coordinador Nacional de Obras y Proyectos INAH, enfatiza que “el gran reto que tenemos es cómo aprovechamos al máximo las tecnologías actuales en bien de patrimonio histórico. Por ello vamos a poner una cubierta de primerísima calidad, con un soporte de suspensión de última generación. Lo que ganamos es que recuperamos el edificio y paramos, en la medida de lo posible, el deterioro que había sufrido históricamente por la contaminación y el paso del tiempo”.
 
Abunda que se buscará adecuar un amplio espacio de exhibición tapando el patio (1,600 metros cuadrados) con una cubierta de cristal templado en forma de pañuelo, el cual va a estar sostenido por una estructura de triángulos y cables de acero. “Esta cubierta nos va a permitir mantener la iluminación y ventilación naturales, así como aumentar el espacio utilizable en un 80 por ciento, llegando a casi dos mil metros cuadrados”.
 
Otra de las aportaciones será la restauración integral de las arcadas y columnas de cantera, que fueron elaboradas con una piedra conocida como “Púlpito del diablo” de gran resistencia a la intemperie. “La Coordinación Nacional de Monumentos del INAH ya vectorizó todas las columnas y arcos con un escáner láser, que barre toda la superficie a restaurar. Con planos tridimensionales de cada pieza, se define qué se va a sustituir, qué necesita injertos o remoldeos. Es como armar un rompecabezas y se trabaja piedra por piedra”.
 
Agrega que ya empezó “la recuperación de los niveles originales del piso, que estaban 60 centímetros por debajo del actual, lo que puso al descubierto una fuente cuadrada de la época colonial. También se van a remplazar las instalaciones eléctricas y sanitarias”.
 
Velázquez concluye que la instalación del Centro Nacional de la Indumentaria,  Diseño Textil y Música en el barrio de la Merced tiene como finalidad “reorientar el espacio público y comenzar a reconstruir el tejido social, queremos que el museo sea un detonante que jale a la gente y diversificar la oferta cultural de la zona”.
 
El claustro del Ex Convento de Nuestra Señora de la Merced se ubica en la calle de República de Uruguay 170, entre Jesús María y Talavera, en el Centro Histórico.

Última actualización el Lunes, 24 de Octubre de 2011 17:23
 

Insurgentes Sur No. 421, Colonia Hipódromo, México D.F. CP 06100 Teléfonos 4040-4624 y 4040-4300 - Comentarios sobre este sitio de internet

INAH - ALGUNOS DERECHOS RESERVADOS © 2010 - POLÍTICAS DE PRIVACIDAD

Evaluación anual de los 235 sitios web gubernamentales del Gobierno Federal enmarcado en el Programa Nacional de Rendición de Cuentas, Transparencia y Combate a la Corrupción (PNRCTCC) en 2011.         Evaluación anual de los 235 sitios web gubernamentales del Gobierno Federal enmarcado en el Programa Nacional de Rendición de Cuentas, Transparencia y Combate a la Corrupción (PNRCTCC) en 2012.