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Un 2 de abril, hace 245 años, inició la travesía jesuita al exilio
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Martes, 03 de Abril de 2012 13:00
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Francisco




Por Jorge Luis Sáenz
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El 2 de abril de 1787, a la cuatro de la tarde, moría a los 56 años el sacerdote jesuita Francisco Javier Clavijero en Bolonia, Italia, a donde había llegado exiliado 20 años atrás a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios del Imperio español, decretada por el rey Carlos III, también un 2 de abril pero de 1767.

Especial ClavijeroAutor de la clásica Historia antigua de México, el humanista Francisco Javier Clavijero “se caracteriza por una decidida entrega al estudio, siempre en relación con la cultura patria”, señala el historiador Miguel León Portilla, en “Recordación de Francisco Xavier Clavijero, su vida y obra” (Veracruz, 1970).

A 225 años de la muerte del insigne filósofo e historiador mexicano –cuyos restos fueron repatriados en 1970, y ahora reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres– y a 245 del decreto de expulsión jesuita de España y sus dominios, recordamos algunos de los pasajes de la biografía del intelectual y la de otros notables religiosos que fueron desalojados de sus colegios y casas de formación de la Nueva España en 1767.

Entre los religiosos expulsos destacan el escritor Juan Luis Maneiro –amigo y biógrafo de Clavijero–, así como Francisco Javier Alegre, Diego José Abad, José Rafael Campoy, Rafael Zelis y Manuel Fabri, quienes también escribieron muchas de sus obras en el exilio.

La doctora Alma Montero, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha reconstruido paso a paso lo acontecido a los 76 jesuitas que de manera precipitada tuvieron que abandonar el convento de Tepotzotlán (Estado de México).

A partir de documentos de archivo, fuentes bibliográficas y de un registro fotográfico realizado en México y en Italia, la doctora Montero ha escrito tres libros que reconstruyen “el difícil camino de los jesuitas al destierro, su larga espera en el puerto de Veracruz donde los atacó una epidemia y después la travesía marítima hasta Italia, donde finalmente la mayoría se estableció en Bolonia, hasta su muerte”.

“En el destierro, jesuitas distinguidos en las artes liberales promovieron el conocimiento de México entre los europeos, que sabían muy poco de la capacidad científica y literaria de los nacidos en América... En Europa, por ejemplo, Francisco Javier Clavijero escribió su Historia antigua de México y Francisco Javier Alegre describió con nostalgia sus recuerdos de la tierra novohispana”, explicó la especialista.

De los casi 600 jesuitas que salieron de Nueva España, acaso media docena logró regresar del destierro, expresa Montero. En total se calcula que fueron cerca de 10 mil todos expulsados (entre sacerdotes y novicios) de todos los dominios del Imperio español.

Los jesuitas novohispanos fueron desalojados de Tepotzotlán, Querétaro, Celaya, Zacatecas, Chihuahua, Guanajuato, Valladolid, Guadalajara, San Luis de la Paz, León, Parras, Parral, Veracruz, Pátzcuaro, Oaxaca, Durango y San Luis Potosí. También abandonaron las misiones fundadas en Sonora y las Californias. En la Ciudad de México, salieron de los colegios de San Pedro y San Pablo y San Ildefonso, entre otros.

El escritor Julio Jiménez Rueda, en el prólogo de Capítulos de Historia y Disertaciones (UNAM, 1994), del padre Clavijero, recapitula las consecuencias de la expulsión: “… los habitantes de la Nueva España se dieron a murmurar en contra del virrey que en forma tan drástica comunicaba el decreto de expulsión… Verdaderos tumultos se produjeron en las provincias y reinos del interior, que el virrey  marqués de Croix se vio obligado a reprimir con mano de hierro…”.

El prologuista advierte otras consecuencias, no menos importantes: “Llegados a Italia, procedieron a realizar una campaña en contra del gobierno español, en las cortes europeas y en los reinos americanos… Los jesuitas, además, defendieron el nacionalismo americano frente al imperialismo español… Fueron, por lo tanto, los paladines de las reivindicaciones criollas y así se manifiesta aun en las obras que escribieron en el destierro”.
 

Exilio de los Jesuitas

Ante el decreto imperial de expulsión, el papa Clemente XIII consintió que se establecieran en las legaciones de Bolonia y Ferrara los sacerdotes y novicios procedentes de España y América. Los jesuitas novohispanos, después de una travesía muy penosa que tocó los puertos de La Habana, Santa María, Cádiz y la isla de Córcega, llegaron a Bolonia un año tres meses después de su salida de México.Especial Clavijero

Alma Montero refiere que “con asombrosa rapidez, los jesuitas se reorganizaron en Bolonia, sede de la universidad más antigua de Europa (fundada en 1088). Daban clases, atendían a los enfermos y otros seguían sus estudios con vistas a llegar a ser doctores en teología. Esto lo hacían en medio de la pobreza, entre la incredulidad de la gente y, más importante, bajo la escrutadora mirada de sus múltiples enemigos”.

La especialista precisa que en Bolonia y otras ciudades cercanas se reunió uno de los grupos de naturalistas e historiadores más notables que haya dado México y otras tierras americanas.

Algunos de estos jesuitas exiliados crearon obras relevantes como el poema Deo, Deoque Homine heroic, de Diego José Abad; Memorias para la historia de la Provincia que tuvo la Compañía de Jesús en Nueva España, de Francisco Javier Alegre; la Carta geográfica de la América Septentrional, de José Rafael Campoy, y la Historia civil y política de México, de Andrés Cavo, entre otras.

Otros jesuitas que destacaron por sus aportes geográficos, médicos, históricos o de ciencias naturales, son Andrés de Guevara, José Mariano Iturriaga, Antonio López de Priego, de Puebla, Pedro José Márquez y Rafael Landívar (poeta de Guatemala y México), explica la doctora Montero.

Los religiosos Rafael Zelis, Manuel Fabri y Juan Luis Maneiro escribieron las biografías de sus compañeros jesuitas. Fabri, del convento Tepotzotlán, quien moriría en Roma en 1805, escribió: Vida del jesuita Don Diego Abad y notas de sus obras (Bolonia, 1780); un apunte biográfico del padre Francisco Javier Alegre y, junto con Maneiro, las vidas de los mexicanos ilustres del siglo XVIII.

El veracruzano Maneiro, uno de los contados jesuitas que logró regresar a México, donde falleció en 1802, escribió De vitis aliquod Mexicanorum aliorumque qui sive virtute sive litteris Mexici Imprimis Floruerunt (Bolonia, 1791). Finalmente, Zelis realizó un pormenorizado catálogo de los miembros de la Compañía de Jesús al momento de la expulsión, así como una excelente reseña sobre los viajes hacia el exilio en los estados Pontificios.
 

 

Educación y libros

Especial ClavijeroComo educadores –abunda Montero– los jesuitas generalmente fueron vistos con respeto y veneración; fueron apreciados por muchos en el exilio cuando se empezó a difundir su capacidad intelectual. Clavijero fue protegido por Aquiles Crispi, conde de Ferrara. La casa de los jesuitas en Bolonia era frecuentada por estudiosos italianos de diversas materias como física experimental, matemáticas, música y astrología.

Jesuitas y libros es un binomio imposible de escindir. Siempre estuvieron cercanos a los libros y a la educación aún en las situaciones más difíciles.  En diferentes documentos de archivo y crónicas se menciona que en el camino hacia el exilio europeo siempre destacaban los libros en su equipaje  –abunda la investigadora.

A la vergüenza de la pobreza y el destierro se sumó, en 1773, la extinción de la Compañía de Jesús, decretada por el papa Clemente XIV. “La privación del ministerio sacerdotal y la enseñanza fue una de sus mayores pruebas en el exilio”, comenta Alma Montero.

Sin embargo, los jesuitas mexicanos impulsaron la devoción a la Virgen de Guadalupe en la céntrica iglesia de San Benedetto, donde se encuentra una pintura realizada  por el pintor Antonio Vallejo en 1772. En la actualidad esta imagen de la Virgen de Guadalupe es festejada cada 12 de diciembre y el culto guadalupano se ha extendido a ciudades como Nápoles, Trento y Roma.
 

Breve historia de la Historia …

Francisco Javier Clavijero nació en el puerto de Veracruz el 6 de septiembre de 1731. Hijo de Blas Clavijero, un español que laboró como prefecto en la administración de la Nueva España, y de doña Isabel Echegaray, desde su niñez el futuro teólogo, filósofo e historiador se distinguió por su insaciable sed de conocimiento, así como por una notable inclinación por todo lo referente a los indígenas y su pasado.

El joven Francisco Javier estudió en Puebla de los Ángeles, en el Colegio de San Jerónimo y, más tarde, en el seminario de San Ignacio, a cargo de los jesuitas. Miguel León Portilla –en una erudita reseña biográfica donde sigue de cerca al biógrafo Maneiro– señala que Clavijero leyó las obra de filósofos como Duhamel, Purchot, Descartes, Gassendi, Newton y Leibniz. También fue afecto a “autores como Quevedo, Cervantes, Feijoo, el angelopolitano Parra, sor Juana Inés de la Cruz y también de cuantas obras de tema histórico podía haber a las manos”.

Además, el joven clérigo se abocó al estudio de diversas lenguas. Así, llegó a dominar el latín y el griego, comprendía y escribía en francés y portugués, además aprendió italiano, alemán e inglés, sin olvidar la lengua náhuatl.

Ya en la Ciudad de México, llegó a ser prefecto de los alumnos del Seminario de San Ildefonso y, más tarde, maestro de retórica, antes de cumplir los 22 años. En esa época, trabó amistad con otros humanistas mexicanos como Francisco Javier Alegre, Juan Luis Maneiro, Pedro José Márquez, Andrés Cavo y José Rafael Campoy, entre otros. Fue este último quien lo inició en el estudio de los códices y tesoros bibliográficos que resguardaba el colegio de San Pedro y San Pablo. Desde 1755, “examinó con ojos curiosísimos todos los documentos referentes a esta nación [mexicana]…, que se conservaban como preciada herencia de don Carlos de Sigüenza y Góngora”, apunta León Portilla.

Estas lecturas, a la postre, serían basamento de su Historia antigua de México en la que, “con el sentido que puede tener de la historia una mente filosófica, había recreado una imagen de las antigüedades indígenas que, si bien rebosaba mexicanismo, era igualmente ejemplo de presentación al modo moderno, con criterio abierto y propósitos de significación universal”.

La Historia antigua de México se publicó en Cesena en 1780, traducida al italiano por el propio Clavijero. Los diez libros de la obra, Storia antica del Messico,  fueron  muy bien recibidos, tan es así que, muy pronto, conoció traducciones al inglés (1787) y alemán (1789-90), después al francés y danés.

La primera edición castellana de la versión en italiano fue publicada en Londres en 1824, traducida por el español José Joaquín de Mora, consignan varios autores, como Marcos Arróniz (Manual de biografía mejicana ó Galería de hombres célebres de Méjico, París, 1857) y Leonardo Pasquel (Clavijero, México, 1970).

En tanto que la primera versión del manuscrito original en español la publicó Porrúa hasta 1945, con prólogo de Mariano Cuevas; posteriormente fue incluida en el tomo 29 de la colección Sepan cuantos... (Porrúa, 1964).

Clavijero dedicó su Historia antigua… a la Universidad de Estudios de México, donde expresa que “sabéis cuán arduo es el argumento de mi obra y cuán difícil desempeñarlo con acierto, especialmente para un hombre agobiado de tribulaciones que se ha puesto a escribir a más de siete mil millas de su patria…”.

Producto de 36 años de incansables estudios e investigación, Clavijero ofrece su obra como “un ensayo, una tentativa, un esfuerzo atrevido de un ciudadano que a despecho de sus calamidades ha querido ser útil a su patria… abriendo un camino cubierto, para nuestra desgracia, de dificultades y estorbos”.

Otro de los motivos que llevaron al sabio jesuita a escribir su Historia… fue el gran desconocimiento que había en Europa sobre la vida (no se diga la historia) americana. Se sintió llamado a “oponer en su esplendor a la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos sobre América”.

“Con rigor exclusivamente científico se adentra por el laberinto de consejas  para separar lo cierto de lo dudoso. Realiza, en resumen, la más seria obra de investigación del pasado indígena. Después le interesa exaltar a la gran cultura nativa, sobre la presente realidad hispánica. Es una forma de patriotismo”, acota Jiménez Rueda en su prólogo a Capítulos

Alma Montero sostiene que tanto Clavijero como otros jesuitas resintieron el desconocimiento supino sobre América de los italianos (y algunos autores como el prusiano Cornelius Paw y el francés conde de Buffon), por lo que aquél vislumbra su gran obra “para deshacer los entuertos y corregir las mentiras e invenciones de los europeos sobre un lugar que no habían visto…”.Especial Clavijero

La investigadora comenta que “en un libro llamado Breve descripción de la Provincia de México de la Compañía de Jesús, según el estado en que se hallaba el año de 1767 (Tesoros documentales de México, Patria, 1946), Clavijero refiere las características de la Ciudad de México, de Puebla y otras ciudades y villas del virreinato mexicano, y sugiere algunos “Proyectos útiles para adelantar el comercio de la Nueva España”.

León Portilla también rescata su Historia de la California (Venecia, 1879) publicada póstumamente, una historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe publicada en italiano y su gramática y diccionario de lengua náhuatl: “Aún ahora, cuando se tiene mayor información acerca del pasado prehispánico gracias a la arqueología y a las modernas investigaciones sobre más abundantes testimonios documentales, el trabajo de Clavijero conserva en mucho su vigencia y debe ser leído como la clásica presentación del México antiguo en el Siglo de las Luces”.

A Clavijero, concluye la doctora Alma Montero, se adhirieron en sus estudios y reflexiones del México virreinal otros talentosos jesuitas criollos aquí mencionados como Abad, Alegre, Cavo, Landívar, Maneiro y Márquez. “Con orgullo estampan en las portadas de sus obras el nombre de México y, en algunas ediciones, reproducen el águila con la serpiente encima del nopal”.


 


DATOS SOBRE LA COMPAÑÍA DE JESUS


•    Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas de España y sus dominios el 2 de abril en 1767

•    El padre Luengo calcula 2,746 jesuitas expulsados de España

•    De Nueva España salieron 600 sacerdotes y novicios, 76 pertenecían al convento de Tepotzotlán

•    El papa Clemente XIV dio a conocer el 27 de julio de 1773 el decreto de supresión de la Compañía, titulado Dominus ac redemptor

•    El 2 de agosto de 1773, se decreta la supresión de la Compañía de Jesús

•    Francisco Javier Clavijero fue conocido en Italia como Francesco Saverio Clavigero

•    Con la supresión, algunos clérigos abandonaron la Compañía, casándose o haciéndose laicos. Otros se trasladaron a Prusia y Rusia, donde no aplicó el decreto papal

•    El 11 de marzo de 1789, la Corte de Madrid expide la Real orden que permitía a los ex jesuitas volver a su tierra

•    El 7 de agosto de 1814 se restaura la Compañía de Jesús en la Provincia Mexicana

•    Durante el Trienio Liberal (1820-1823), la Compañía fue de nuevo prohibida. Y también fue abolida en 1868
 

Última actualización el Martes, 29 de Mayo de 2012 12:32
 

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