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Zona Arqueológica de Toniná
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Orígenes de su nombre

Toniná es el nombre con el que actualmente se conoce a ésta antigua ciudad perteneciente a la Cultura maya, que contiene abundantes restos arqueológicos, así como edificios únicos que conservan elementos decorativos que lucen su grandeza y hacen patente sus alcances arquitectónicos y de convivencia e integración con la naturaleza que lo rodea.
 

Importancia

La ciudad conoció una ocupación de carácter discontinuo, aunque muy extendida en el tiempo entre al menos el siglo I de nuestra era hasta el siglo XVI, coincidiendo el final de su ocupación aproximadamente con la llegada de los españoles a América, a pesar de que la imparable decadencia fue anterior, dándole la puntilla definitiva los mexicas en el siglo XIV. El período de auge de este asentamiento se produjo hacia los siglos VII a IX, a la vez que se tiene constancia escrita de la existencia de la ciudad a finales del siglo VI, concretamente en el año 593, ya que se trata de la fecha con la que se corresponde la primera inscripción calendárica en piedra localizada en la misma.
 

Historia del sitio

Este centro urbano se construyó en un área geográfica que no queda afectada por los huracanes que cíclicamente azotan la región procedente bien del Océano Atlántico o del Océano Pacífico. Por otra parte, se edificó a semejanza de las montañas sagradas, pensada para honrar y reverenciar a las deidades celestes: el Sol, la Luna, Venus y la Tierra.  Aunque la época de apogeo de Toniná puede datarse hacia las últimas fases del Período clásico maya, es decir, de los siglos VII a IX de nuestra era, en el valle de Ocosingo se tiene constancia de que el lugar ya había sido habitado en forma discontinua al parecer desde las últimas fases del Período preclásico maya, es decir, al menos desde los siglos I y II de nuestra era. Se afirma por otra parte que el origen de la ciudad se relaciona con los movimientos de pueblos ocasionados en el período de los olmecas, en el primer milenio antes de Cristo.

Durante el amplio período de existencia del asentamiento, Toniná coexistió con los asentamientos igualmente mayas de las ciudades clásicas más antiguas de Tikal, Copán o Palenque, por mencionar sólo algunas cercanas, así como también con las nuevas ciudades mayas como Uxmal y Kabáh, estas últimas situadas en la Península de Yucatán. Con las primeras de estas ciudades Toniná comparte la vieja iconografía propia de la Cultura maya, basada en monstruos de la tierra, deidades acuáticas, aves celestes y dragones del inframundo; además, participa de la nueva iconografía en uso en las nuevas ciudades, basada principalmente en dos símbolos iconográficos: la greca espiral escalonada y Chaac, el dios del agua. Arquitectónicamente, también se observan relaciones con esas dos diferentes concepciones de la cultura maya ya que, por una parte, los templos tienen los rasgos típicos de las ciudades clásicas, además de estar dotados de escaleras como adorno, como las existentes en los templos Chenes de Campeche, o la planta del Palacio Principal de Toniná, que tiene forma Puuc, como los palacios existentes en el Yucatán.

Podemos dividir la historia de Toniná en dos períodos claramente diferenciados, además del correspondiente a su decaimiento y desaparición como lugar habitado. El primero de ellos, que abarcaría entre el año 300 y el año 500, ambos de nuestra era, correspondería al período fundacional y de formación de la ciudad. Por su parte, el segundo período sería el de plenitud o esplendor, desde el año 500 hasta la desaparición de la ciudad.


Período de formación

Durante el período fundacional y de consolidación de la ciudad, que se encontraría entre el año 300 y el año 500, ambos de nuestra era, se presentaba en un contexto influido por su competencia y lucha contra el resto de ciudades del mundo cultural maya del momento, como Palenque, Yaxchilán, Tenosique, Calakmul, Chichén Itzá, Uxmal, El Petén y Tikal.

Al parecer, en octubre del 440, una alianza entre los dirigentes de las ciudades de Palenque, Yaxchilán y Tenosique, aprovechándose de determinadas condiciones meteorológicas, consiguió temporalmente el sometimiento de la ciudad, que sin embargo rápidamente recuperó su propia independencia. Esta recuperación de la independencia de la ciudad de Toniná estaría relacionada con la caída de Teotihuacán en el 550 y con la partida de la casta dirigente teotihuacana hacia Mesoamérica para entremezclarse con las clases dirigentes de la zona propia del ámbito cultural y político maya. En cualquier caso, a partir de la recuperación de su independencia Toniná recobró el rumbo con un nuevo impulso cultural, penetrando así de pleno en el período de esplendor de la ciudad.

Se tiene constancia documental escrita de la existencia de la ciudad a finales del siglo VI, en el año 593, siendo ésta la fecha correspondiente a la primera inscripción calendárica en piedra. En el año 805 de nuestra era hay evidencia de la existencia de una dinastía reinante que celebraba con monumentos en piedra los nacimientos, casamientos, victorias militares y muertes de los gobernantes; entre los más importantes de dichos gobernantes está el Señor Cráneo de Conejo, como es conocido en la historiografía.

La ciudad se constituyó en sus tiempos una auténtica potencia militar de la época, habiéndose encontrado representaciones de prisioneros en piedra y estuco por toda la Acrópolis; incluso los marcadores centrales del juego de pelota son dos cautivos, siendo el más importante de los mismos, según la inscripción, un gobernante de la ciudad de Palenque llamado Kan Hul.

El período de auge del dominio político y militar de la ciudad, se produjo durante la segunda mitad del siglo IX y principios del siglo X, entre el 840 y el 900, momento en que la ciudad era la más importante de todo el ámbito cultural maya e incluso de Mesoamérica. Por ese motivo es en esta época cuando se produce el mayor número de elementos artísticos y arquitectónicos del lugar que han llegado hasta nuestros días.

En el siglo IX, el Espejo humeante del cielo -el nombre en maya antiguo del templo principal más elevado de la acrópolis- estaba habitado por la clase superior (reyes, nobles, sacerdotes, astrónomos, arquitectos y militares de alta jerarquía) distribuida en los cuatro lados de la ciudad sagrada; habiendo en el entorno más próximo de la ciudad unos 10.000 habitantes más, que alcanzaban unos 40.000 habitantes en todo el valle de Ocosingo.

Durante este período de esplendor, los señores mayas de Toniná se postularon como los creadores del tercer sol -siendo el primer sol el de los olmecas y el segundo el de los teotihuacanos-, período al que puso fin una incursión de los toltecas a principios del siglo X, que destruyó el poder de Toniná, auto-considerándose como el cuarto sol, previo al quinto sol, representado por los aztecas.

Tras que la ciudad lograse sobrevivir durante un tiempo al derrumbe del viejo imperio maya, coexistiendo con las ciudades toltecas de Tula y Chichen Itzá, la llegada de los aztecas hacia el siglo XIV supuso.

Con posterioridad a este período la crisis y destrucción de la ciudad resulta imparable: se decapitan y destrozan las esculturas; la acrópolis es utilizada como necrópolis por nuevos pueblos que al enterrar a sus muertos saqueaban viejas tumbas y ofrendas, a la vez que perforaban templos y palacios. Finalmente, tras mil años de existencia, la tierra y la vegetación cubrieron las ruinas de la ciudad, que sólo tras dos décadas de trabajos arqueológicos ha salido de nuevo a la luz, permitiendo así el conocimiento de su existencia.

Sin embargo, por ahora las excavaciones arqueológicas se han limitado a la quinta parte de los 2 kilómetros cuadrados, que la componen, de los cuáles la ciudad ocupa únicamente unas 94 hectáreas alrededor de una colina alta del valle de Ocosingo.
 

Descripción de la ciudad

La ciudad se asienta sobre un relieve natural boscoso en el sector norte del valle de Ocosingo, formado por terrenos arcillosos a unos 70 metros de altura de la llanura circundante, aprovechados en parte para quedar revestidos en piedra para constituir una serie de plataformas elevadas y estables, de tipo piramidal, sobre las que se levantaron los templos y palacios de la ciudad. De esta formas quedó constituido el núcleo urbano principal de la ciudad, a modo de acrópolis de la misma, a cuyo alrededor y en todo el resto del valle se escalonaban las zonas residenciales y las dedicadas a uso agrícola.

Sin embargo, el hecho de que el asentamiento de Toniná haya tenido al menos mil años de ocupación humana marcados por una incesante sucesión de construcciones ha determinado que los palacios, templos y escalinatas de acceso hayan ido superponiéndose unos a otros, entretejiendo un intrincado laberinto constructivo.

Existen actualmente un total de siete plataformas agrupadas en la llamada Gran Pirámide, de las que cabe destacar a cuatro de ellas: la tercera, que acoge al llamado Palacio del Inframundo; la cuarta, en la que se halla el Palacio de las Grecas y la Guerra; la sexta, donde se halla el Mural de los Cuatro Soles, una representación de las Cuatro Edades Cósmicas; y la séptima, la más elevada, que acoge a dos templos, el Templo de los Prisioneros y el Templo del Espejo Humeante, siendo estos últimos los templos más elevados de Mesoamérica.  Existen en la ciudad un total de 97 edificios localizados, de diferentes tamaño y función arquitectónica (un templo para cada uno de los 13 dioses mayas, palacios destinados a residencia, un laberinto, un mural, un subterráneo dedicado al dios de los huesos y al inframundo), así como dos juegos de pelota y 38 tumbas.

Toniná nos presentan pues una suma de las más bellas expresiones estéticas de las arquitecturas de los pueblos que por ella han transitado: Arquitectura olmeca, Arquitectura maya, Arquitectura teotihuacana y Arquitectura tolteca. Elementos arquitectónicos a destacar son, por ejemplo, los cubrimientos a dos vertientes en forma de triángulo isósceles, un dique con forma de caracol de guerra sobre un arroyo afluente del río Usumacinta en la Selva Lacandona y un total de 37 piezas escultóricas.

Por otra parte, Toniná presenta una tradición escultórica de rasgos principalmente Mayas, aunque con peculiaridades propias. Por otra parte, cuenta con magníficos altorrelieves en piedra y estuco.

Se conoce el nombre de algunos de los gobernantes de Toniná, gracias a haber sido localizadas algunas inscripciones en los monumentos de la ciudad, siendo dichos nombres: 

B'alam Ya Acal (en el siglo VI). 

Chac B'olom Chaak K'inich Hix Chapat (hacia los años 595-665).

K'inich B'aaknal Chaak (entre 688 y 715.

K'inich Ich'aak Chapat (desde el 723 hasta hcia el 739).

K'inich Tuun Chapat (en el siglo VIII).

Uh Chapat (de principios del siglo IX).
 

Investigaciones, excavaciones y estudios de la Zona Arqueológica de Toniná 

La historia precolombina del valle de Ocosingo comienza en el Preclásico Tardío (300 d. C.); el sitio predominante es Mozil, ubicado en la confluencia de los ríos Jataté y de la Virgen. 

La primera fecha calendárica encontrada en Toniná es de 593 d. C.; el arqueólogo Juan Yadeun propone que a partir de esta fecha se comienza a edificar la gran estructura de siete terrazas y la explanada de la antigua ciudad.

Conocemos por medio de la epigrafía los nombres de una serie de gobernantes.  Sin embargo, como lo señala Maricela Ayala, en las inscripciones de los monumentos no se hace referencia a los antepasados. La investigadora hace notar que este hecho convierte a Toniná en un sitio distinto a sus vecinos del Clásico Tardío: Palenque, Bonampak y Yaxchilán, que se caracterizan por recalcar la historia de los linajes en el poder.

Según Franz Bloom, Toniná debió conocerse desde el siglo XVII e incluso 150 años antes que Palenque. La primera mención de las ruinas de Toniná está en el documento colonial anónimo conocido como Exégesis histórica apologética, en donde el autor describe la zona basado en el texto del padre Jacinto Garrido, de quien se dice la menciona en su libro Metheores de Aristóteles, en dicho libro se nombra Toniná como Aharicab, que quiere decir Mano de Gobernante.  También se afirma que en las paredes de los templos se encuentran grabadas imágenes de hombres ataviados como militares, parecidos a las estatuas de Copán, y se describen algunas de las esculturas en piedra de la plaza, aseverándose que gran parte de ellas fueron transportadas a la ciudad de Ocosingo.

En 1808, el Capitán Dupaix visitó las ruinas e hizo varios dibujos de las estructuras, realizando un excelente registro de relieves hoy perdidos, Bloom escribe que en 1923, D. Juarros visitó la zona y la llamó Tulhá. John Lloyd Stephens visitó Toniná en 1840 y realizó una descripción exhaustiva de la zona, mencionando con asombro la existencia de un dintel de madera que ahora conocemos como parte de la estructura E5-5. Catherwood, quien viajaba con Stephens, hizo excelentes dibujos de las estructuras, entre ellos uno con los relieves de estuco encontrados en el exterior del templo de lo que él llamó Dintel de Madera. La descripción de Toniná realizada por Catherwood y Stephens, incluye dibujos de los templos A y B.

Los siguientes exploradores de la ciudad fueron los esposos Seler, quienes visitaron el valle de Ocosingo a principios de este siglo.  En sus libros describen la ciudad y proporcionan dibujos de parte de las esculturas de Toniná que se encontraban en la ciudad de Ocosingo; igualmente, mencionan inscripciones en los monumentos de Toniná.

En 1922 y 1925, Franz Bloom y Oliver La Farge trabajan en la zona. Primero realizan un croquis de la Acrópolis y rebautizan a los templos A y B como 1 y 2, respectivamente. Con la expedición organizada por la Universidad de Tulane, Bloom encuentra nuevas inscripciones jeroglíficas en los monumentos.  En 1926 publica un libro titulado Tribus y Templos, donde describe en uno de los capítulos todo el material analizado durante sus visitas a Toniná. Menciona que existen restos de estuco policromados en azul y rojo, y comenta que una gran parte del deterioro de la zona se debe a que un presidente municipal de la ciudad de Ocosingo ordenó trasladar piedras de los monumentos de Toniná para pavimentar las calles. Afirma que los templos de Toniná tienen la misma distribución que los templos de la Cruz y Cruz Foliada de Palenque.

La Farge dibujo el mismo dintel de estuco que Stephens, pero para cuando fueron Bloom y La Farge solo existían huellas del relieve. Uno de los aportes más importantes de Franz Bloom fue el registro de las esculturas talladas en piedra que se localizaban tanto en Ocosingo como en Toniná.  Según lecturas de este mismo, Toniná estuvo activa entre los años 300 y 550 d. C.

La Farge y Bloom comenzaron la búsqueda de los monumentos que habían sido transportados a la ciudad de Ocosingo. Conforme los iban localizando, La Farge los dibujaba. Cuando comenzaron sus expediciones en el valle se enteraron de que en las montañas había cuevas que servían para usos ceremoniales. Asimismo, comentan que en la cima de los vestigios arqueológicos los habitantes rendían culto a un par de cruces de madera, colocadas por los indígenas.

En 1975, la Misión Arqueológica Francesa reinterpretó la Acrópolis basándose en un plano topográfico; en esta misma fecha comenzaron las excavaciones de sondeo por toda la zona arqueológica. El proyecto consistió en un estudio a través de los vestigios del último periodo de ocupación; se realizó durante dos temporadas: en la primera, se trabajaron los templos D5-1 y E5-5, el juego de pelota y un grupo habitacional ubicado en la parte sudeste de la primera terraza; en la segunda, se realizó un reconocimiento de los establecimientos prehispánicos en el valle de Ocosingo; estos trabajos fueron financiados por el Ministerio de Relaciones Extranjeras y el Centro Nacional de Investigación Científica.

En las canchas del juego de Pelota se encontraron cinco marcadores; asimismo, se liberó el frente de los cinco altares del Templo de la Gran Plataforma de la Acrópolis y se localizaron varias tumbas. Una vez terminadas las exploraciones, fueron cubiertos nuevamente los edificios con materiales de escombro. El Templo A de Stephens y 1 según Bloom, fue denominado estructura E5, nomenclatura que se conserva hasta ahora.

Producto de las excavaciones de la Misión Francesa fueron los tres tomos escritos por los investigadores en donde se reportan los hallazgos y los resultados de sus investigaciones.

Desde1980, el arqueólogo Yadeun, se hace cargo de los trabajos de investigación y lo proyectó para 20 años. Hasta ahora los descubrimientos que ha realizado han sido fundamentales para el conocimiento de la zona (en 1993 comenzó a editar los resultados de su investigación). Actualmente las excavaciones prosiguen y aún no es claro el papel que jugó Toniná en el mundo mesoamericano, sin embargo es posible admirar una ciudad compleja que edificó su grandeza en la aprovechando las colinas, construyendo plataformas y creando innumerables obras escultóricas de excelsa calidad, acompañadas de escritura que narran los eventos políticos, militares y sociales sucedidos durante mil años que transcurrió su legado.
 

Descripción del sitio

El municipio de Ocosingo limita al norte con el municipio de Palenque, al oeste y sur con la república de Guatemala, al sudoeste con el municipio de las Margaritas y al oeste con los municipios de Chilón, Sutalabá, Tenejapa, Oxchuc y Altamirano. Dentro del mismo municipio se encuentran abiertas a la visita pública las zonas arqueológicas de Toniná, Yaxchilán y Bonampak. 

El grupo principal de estructuras de Toniná está localizado inmediatamente al oeste de un afluente del río Jataté. La colina donde se ubica el asentamiento fue modificada por los mayas del período Clásico en una serie de siete terrazas y una gran plaza.

Cada una de las terrazas incluye estructuras distintas de usos diferentes para los antiguos habitantes que dominaron esta región del actual estado de Chiapas. 

El arqueólogo Juan Yadeun ha localizado diez templos y cuatro palacios. Según su diagnóstico basado en las investigaciones realizadas Toniná está construida en una superficie ligeramente mayor que la planta de la Pirámide del Sol en Teotihuacán; Toniná es el mayor espacio vertical hasta ahora investigado del México Antiguo.

El recorrido del sitio inicia por el sudeste a través de la Cancha del juego de pelota, el nivel más bajo de la zona. A partir de esta cancha arrancan dos escalinatas para acceder a la gran plaza. En la parte sur de la plaza se ubica el Templo de la Guerra. En este nivel se comienza a ascender a las siete terrazas, construidas en la ladera de la montaña que conforma el gran sitio arqueológico.

Los palacios se ubican en la primera, tercera y cuarta terrazas.  La escalinata se va estrechando conforme se asciende hacia la última terraza.  El palacio de la segunda terraza, cuya planta es en forma de greca, tiene muros de casi 2 metros de ancho y ventanas en forma del símbolo IK invertido. La portada del palacio de la tercera terraza se encuentra decorada con una escalinata en forma de greca, conocida como la xicalcoyuqui; este palacio es un conjunto de 4 plazas unidas por laberínticas escaleras; al final de la escalinata de acceso se localiza lo que se ha denominado Trono, construido en piedra y decorado con relieves en estuco policromados. Al seguir ascendiendo por las escaleras de este palacio, se observa en uno de los pasillos un estuco policromado que representa -según Yadeun- una serpiente emplumada. La cuarta terraza está poco trabajada; en ella se localizan algunas pequeñas construcciones de base piramidal truncada.  Ascendiendo a la quinta, se ubican otras estructuras similares a las de la cuarta. Los taludes de las estructuras de la sexta plataforma, que arrancan desde el nivel anterior, están decorados con relieves policromos. En el talud de la parte occidental encontramos un gran mascarón de Chaac y en la parte oriental, un gran relieve de estuco modelado de16 metros de largo por 4 metros de altura, que se ha denominado Cuatro Soles Descendentes. Frente a este gran relieve se localiza una estructura dividida en tres segmentos conocida como el Altar. En las terrazas sexta y séptima se ubican ocho recintos, los cuales es probable que hayan funcionado como templos -cuartos abovedados con sólo un vano de acceso- que están dispuestos en conjuntos de cuatro, respectivamente. El templo que se localiza en la parte este de la sexta plataforma, muestra en su portada un relieve que representa al Monstruo de la Tierra, recinto que en un momento dado se le llamó el Templo del Dintel de Madera. Rematando la estructura se puede observar el arranque de lo que fue una gran crestería.

El llamado Templo de la Agricultura, localizado en la séptima terraza, es la estructura más grande del sitio; su construcción escalonada asciende hasta la cima de la ciudad, aproximadamente  a 10 metros. Frente a este recinto se ubica el Templo de los Prisioneros, que aún conserva restos de la decoración en los nichos exteriores, así como gran parte de la estructura de la Crestería que lo remata.

Una de las características primordiales de la zona es la gran cantidad de esculturas labradas en piedra arenisca, así como numerosos relieves en estuco que conservan gran parte de su policromía.

La ciudad conoció una ocupación de carácter discontinuo, aunque muy extendida en el tiempo entre al menos el siglo I de nuestra era hasta el siglo XVI, coincidiendo el final de su ocupación aproximadamente con la llegada de los españoles a América, a pesar de que la imparable decadencia fue anterior, dándole la puntilla definitiva los mexicas en el siglo XIV.  El período de auge de este asentamiento se produjo hacia los siglos VII a IX, a la vez que se tiene constancia escrita de la existencia de la ciudad a finales del siglo VI, concretamente en el año 593, ya que se trata de la fecha con la que se corresponde la primera inscripción calendárica en piedra localizada en la misma.
 

Recorrido del sitio 

El espacio sagrado de Toniná, en las montañas de Chiapas, es uno de los lugares donde se manifiestan los efectos del poder de una manera espectacular, sobre una estructura piramidal que se montó sobre el remate de una cordillera desde donde se domina gran parte del valle de Ocosingo. Aquí se formó un enorme laberinto de épocas, templos, palacios y escalinatas que se fueron encimando durante más de mil años de actividad constructiva.  De las siete plataformas que constituyen la gran pirámide, sobresalen la tercera en la que se encuentra el Palacio del Inframundo; la cuarta en el que se halla el Palacio de las Grecas y la Guerra; la sexta en la que se ubica el mural de los cuatro soles, que es una especie de códice hecho en estuco que representa el mito de las cuatro eras cosmogónicas, y por último la séptima, sobre la que se levantan los templos de los prisioneros y el del Espejo Humeante, el principal en el punto más elevado del conjunto, el más alto de Mesoamérica. Entre las esculturas de mayor relevancia halladas se encuentran la de su último gobernante. Tzots Choj y, recientemente, la del conquistador de Palenque y Señor de Bonampak llamado “Jaguar Sobrenatural”, donde también se encontraron piezas arqueológicas que agregan 300 años más de historia a la cultura maya. 
 

Acceso


El Estado de Chiapas se encuentra ubicado al sureste de la República Mexicana, colindando con Oaxaca, Veracruz, Tabasco, el Océano Pacífico y la República de Guatemala. Situada en el noroeste del Estado, en la Región Selva, se halla la ciudad de Ocosingo, a la que se llega utilizando la carretera 199. La Zona Arqueológica se localiza a tan solo 12 kilómetros de dicha ciudad, accesando sobre un camino asfaltado sobre el ramal que conduce al municipio de Altamirano y tomando la desviación a pocos kilómetros de la llegada al sitio.

 

Horario

Lunes a domingo de 8 a 17 horas. 
 

Sitio web y redes sociales
 

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Dr. Emiliano Gallaga Murrieta
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Última actualización el Miércoles, 27 de Febrero de 2013 13:35
 

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