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LOS INICIOS DE LA COLECCIÓN DE INDUMENTARIA

Los hombres y mujeres novohispanos mostraban su estrato económico y rango social por medio de su vestimenta. Esto era más notorio en el caso de las mujeres, quienes utilizaban atuendos hechos de telas suntuosas que lograban su forma gracias a las prendas interiores.

Para el traje de corte, durante el siglo XVIII las mujeres usaron el tontillo, una estructura ligera con aros de barbas de ballena o de metal que extendía la falda hacia los lados y que, junto con el corsé, las hacía parecer más delgadas. El vestido se abría al frente para dejar al descubierto la falda, entonces llamada brial. El tontillo llegó a ser tan ancho que las mujeres debían cruzar los espacios estrechos o las puertas de una en una; por ello, para el ámbito doméstico preferían utilizar uno menos ancho.

Por otro lado, el corsé, hecho a base de barbas de ballena forradas con algodón, comenzó a emplearse en el siglo XVI y se consideraba símbolo de posición social: ya que su uso impedía los esfuerzos excesivos, portarlo indicaba que se era miembro de una clase privilegiada.

Como ejemplo de la vestimenta femenina de la época tenemos cuatro vestidos heredados del Antiguo Museo Nacional y considerados entre las piezas más importantes de la colección. Donados al antiguo museo por la señora Isabel Pesado viuda de Mier, marcaron el inicio de la colección de indumentaria hace más de un siglo. Hoy se presentan en esta exposición temporal luego de haber sido restaurados por personal del propio museo y alumnos de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del Instituto Nacional de Antropología e Historia, supervisados por la Coordinación Nacional de Restauración e investigadores de la misma Escuela.