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LA MODA FEMENINA DURANTE LA SEGUNDA INTERVENCIÓN FRANCESA

Cierre los ojos y trasládese por un momento a la capital mexicana durante la segunda intervención francesa. Allí nos asomaremos a una parte de la vida cotidiana de las mujeres de clase acomodada. ¿Está listo?

Muy temprano, las señoras salían de su casa para acudir a misa, ataviadas con una saya o túnica hecha de terciopelo o seda, casi siempre de color negro. Las más jóvenes llevaban en la cabeza una mantilla y un velo de seda, que las mayores sustituían por un pañolón del mismo material. La propia Carlota, como parte de sus intentos por mexicanizarse, llegó a usar la mantilla en numerosas ocasiones.

Además de contestar cartas, asignar tareas al servicio y dar paseos, el resto de la mañana lo dedicaban al arreglo personal, que comenzaba con un baño, ya fuera en los baños públicos que abundaban en la ciudad o en la propia casa.

Para la tarde, estas mujeres adornaban su cabello con complicados peinados con tirabuzones que imitaban la moda francesa. También utilizaban el corsé de barbas de ballena que era necesario apretar con la ayuda de alguien más para lograr una figura esbelta. En la parte de abajo llevaban miriñaques o crinolinas para dar volumen a la falda; estas últimas causaban grandes inconvenientes a las damas: se levantaban a la menor presión o cuando había mucho viento, no se podía pasar con ellas por alguna calle estrecha y requerían de un cuidado constante para evitar que al levantarse se descubrieran las piernas o los zapatos. Los diseños de las prendas eran una copia de los modistas europeos.

La sociedad a la que pertenecían gustaba de asistir a conciertos de música culta que se presentaban no solo en teatros sino en plazas públicas. También solían acudir a reuniones en la que se practicaban bailes y danzas de salón como vals, polca, mazurca, redova, galopa y otras procedentes del centro de Europa.

Ahora abra los ojos y disfrute la exposición.