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LA MODA DURANTE EL PORFIRISMO

Durante el porfirismo, la moda de las clases acomodadas en nuestro país era de gusto afrancesado; de hecho, buena parte de la ropa que utilizaban se traía de Europa, principalmente de París. El gusto europeo también influyó en su concepto de belleza: entre las mujeres se apreciaba la piel muy blanca, sin maquillaje o tinte evidente, y la cintura estrecha que semejaba la figura de un reloj de arena marcada por el corsé, el cual a veces era tan apretado que incluso provocaba desmayos.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el vestido de diario de las mujeres consistía en blusa ajustada al corsé, con mangas largas y cuello alto y estrecho adornado con encaje; en tanto que la falda tenía forma de campana y llegaba hasta el suelo. En la parte trasera de ésta se observaba un remate de pliegues en forma de cola, debido a que se acostumbraba acentuar esa parte de la figura femenina. El ajuar se completaba con accesorios como grandes sombreros con plumas, abanicos, sombrillas y bolso. Para las ocasiones especiales se usaban vestidos de cola con escote amplio, como el que puede apreciarse en esta parte de la exhibición.

A su lado se observa un disfraz de odalisca, mujer que formaba parte del harén en un serrallo o palacio en el imperio otomano. Fue utilizado por la señora Esther Guzmán de Díez Gutiérrez durante uno de los bailes de disfraces que la sociedad encumbrada de México acostumbraba organizar hacia el último tercio del siglo XIX. El vestido fue heredado a Emma Meade de Aiza, quien vendió éste y otros objetos al museo en 1992.

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La conservación de los textiles en el INAH
de Katia Perdigón Castañeda,
editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.