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EL PAÑUELO FUNERARIO DE HERNÁN CORTÉS

El museo no sólo resguarda objetos que hablan de diversos periodos históricos. También existen algunos que son importantes por su relación con los protagonistas de los momentos trascendentales de nuestra historia. Un caso singular es el pañuelo de lino blanco y encaje de seda negro que, según los registros históricos, fue utilizado para envolver el cráneo de Hernán Cortés.

Aunque el conquistador fue sepultado por primera vez en Sevilla, España, en 1547, su voluntad fue que sus restos reposaran en la Nueva España, en un monasterio construido ex profeso en Coyoacán. Esto último no ocurrió, pero sus restos sí fueron traídos a territorio novohispano en 1566, donde se exhumaron e inhumaron varias ocasiones hasta depositarlos en la capital en 1794, en la iglesia de Jesús Nazareno, contigua al Hospital de Jesús.

No obstante, en 1823 se decidió esconderlos en otra pared del mismo templo para evitar que fueran ultrajados ante el creciente sentimiento antiespañol producto de la Independencia. El historiador Lucas Alamán dejó constancia de ello y también organizó otro “entierro-ocultamiento” en 1836, con la intención de que los huesos fueran preservados con decoro. Se cree que en ese momento se utilizó el pañuelo para envolver su cráneo, aunque otras investigaciones apuntan a que se depositó ahí en 1794. Lo cierto es que los restos y el pañuelo permanecieron ocultos hasta 1946, cuando los historiadores Francisco de la Maza y Alberto María Carreño los encontraron siguiendo las indicaciones que el propio historiador dejó en un documento.

Aunque luego de desenterrarlos se decidió que los restos volvieran a su nicho, el pañuelo fue llevado al recién inaugurado Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, donde ha permanecido hasta la fecha. Hoy se exhibe por primera vez tras una cuidadosa restauración.