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VESTIMENTA MASCULINA DEL SIGLO XVIII

Durante los tres siglos de gobierno virreinal en la Nueva España, la convivencia entre los diferentes grupos sociales hizo que el lujo, la ostentación y la opulencia se convirtieran en una necesidad social, ya que tan importante era ser noble como parecerlo. Esto se reflejaba sobre todo en el atuendo personal, por lo que debían portarse brocados o terciopelos suntuosos, tejidos de plata o pedrería elaborados mediante numerosas técnicas, algunas traídas de España.

Los españoles peninsulares y criollos con recursos económicos siguieron el modo de vestir europeo, importando las prendas o adquiriendo las producidas en Nueva España en los talleres gremiales o de manera independiente en los domicilios.

Hiladores de algodón y los especializados en oro o seda, tintoreros, bordadores, botoneros, devanadoras de seda, pasamaneros, costureras, sastres, zapateros, chapineros, sombrereros, guanteros, curtidores, gorreros, calzoneros, tejedores en general y los dedicados específicamente a la seda, reprodujeron los estilos imperantes, unas veces español y otras francés o inglés.

El atuendo masculino del último tercio del siglo XVIII que usaban estos peninsulares y criollos de la alta sociedad se componía de casaca decorada a base de galones tejidos con hilos de seda o plata o con llamativos bordados, pantalón –entonces denominado calzón–, chaleco bordado, camisa blanca, chorrera, puños con volantes y medias de seda. Como ejemplo tenemos la casaca, el pantalón y el conjunto de pantalón y casaca que se exhiben juntos en esta exposición. Estas piezas formaron parte del lote que se adquirió en 1948 a Salvador Miranda con el dictamen de los coleccionistas Franz Mayer y H. H. Behrens.