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ZAPATOS Y ZAPATEROS

El zapato europeo, que en algunos casos sustituyó al cactli o sandalia de pita de maguey utilizado por los antiguos mexicanos, llegó a la Nueva España con la conquista y trajo consigo el oficio de zapatero.

Los zapateros se reunían en asociaciones gremiales regidas por ordenanzas que, entre otras cosas, estipulaban las condiciones para pasar de un grado a otro dentro del oficio; por ejemplo, si un oficial quería convertirse en maestro debía saber confeccionar "una botilla de hacer zapato con embono morisco o de planta, un zapato de hombre y uno de mujer".

Las ordenanzas también establecían códigos cuyo cumplimiento debía observarse de manera estricta. Había reglas para fijar los precios, la calidad del calzado, su producción y venta, y las condiciones de admisión al gremio. Los zapateros no podían vender su producto en cualquier parte: nada más en la tienda del propio taller o en lugares previamente establecidos.

Los zapatos eran un objeto de lujo que solo las clases más acomodadas usaban. Apenas duraban poco más de un mes debido a que se hacían con materiales delicados como la tela, con la cual están elaborados estos botines femeninos de baile en los que el pie izquierdo no se distingue del derecho porque hasta el siglo XVIII los zapatos se fabricaban con horma recta, es decir, no se elaboraba un zapato distinto para cada pie.