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Musa de la plástica del siglo XX
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Lunes, 06 de Septiembre de 2010 11:03
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Coatlicue ha inspirado obras de pintores como Rivera y Clemente Orozco.
 




Diosa-madre de la tierra


LA COATLICUE, MUSA DE LA PLÁSTICA DEL SIGLO XX
 

*** La monumental escultura mexica ha inspirado la obra de pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco, Saturnino Hernán y Miguel Covarrubias

*** La Coatlicue es un personaje poco difundido porque su imagen no es tan atractiva visualmente en comparación con la Piedra del Sol: Leonardo López Luján

La complejidad y la maestría con la que fue esculpida la Coatlicue, hace más de 500 años por los mexicas, cautivó a los artistas plásticos de principios del siglo XX, como a Diego Rivera, José Clemente Orozco, Saturnino Hernán y Miguel Covarrubias, al grado de haberse convertido en la única figura prehispánica que ha sido la musa de los pintores mexicanos.

Así lo señaló el  arqueólogo Leonardo López Luján, durante su participación en el cierre del ciclo de conferencias Tiempo del Sol. Voces indígenas de la Conquista, que se desarrolló en el Museo Nacional de Antropología, con motivo de la remembranza de la Caída de Tenochtitlan hace 489 años.  

El especialista en la cultura mexica destacó que esta diosa prehispánica ha sido poco difundida en comparación con el Calendario Solar, razón por la que no se ha popularizado tanto como el monolito, “porque es un personaje complejo que pocos entienden su significado y simbolismo”.

Desde su hallazgo, el 13 de agosto de 1790, los españoles no comprendieron el significado de esta escultura de andesita de dos metros y medio de alto, a tal grado que llegó a considerarse como una figura demoníaca, hecha por bárbaros, algo completamente diferente con lo que ocurrió con la Piedra del Sol, la cual desde el primer instante maravilló a todos los ibéricos.

Con el paso del tiempo y hasta la actualidad, el también conocido como Calendario Azteca continuó fascinando a propios y extraños, “ahora vemos a la Piedra del Sol en las monedas, en la camiseta de la Selección Mexicana, en los llaveros para los turistas, está en todas partes y eso a los artistas plásticos no les agradó porque ya es algo muy conocido.
 
“Ningún artista de este país ha hecho reproducciones o reinterpretaciones de la Piedra del Sol. En cambio, a la Coatlicue, los grandes artistas mexicanos optaron por utilizarla como musa”, refirió el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).
 
Durante su ponencia, López Luján mencionó algunas de las principales representaciones de la diosa-madre de la tierra en la plástica mexicana, como el lienzo Nuestro Dioses Antiguos, que en 1915 pintó Saturnino Herrán y en el que sintetizó los elementos religiosos tanto indígenas como españoles, de esta manera, en esta obra aparecen fusionados un crucifijo y la Coatlicue.

En la década de los 20, Miguel Covarrubias hizo una caricatura para la revista Vanity Fair, dedicada a imponer la moda en aquella época, y “en esta obra el artista mexicano retrata en medio de un elegante cóctel a la Coatlicue, como haciendo referencia que a pesar de toda la elegancia que presentan esos hombres y mujeres que asisten a la reunión, la única celebridad es esta diosa mexica”.
 
En 1932, Clemente Orozco viaja a  Hannover, Estados Unidos, y en la Biblioteca Baker del Dartmouth Collage, realiza una serie de murales, entre ellos La industrialización, en el que aparece retratada la Coatlicue como el alma que impulsa una maquinaria.
 
Unos años después, en Guadalajara, en el Hospicio Cabañas pinta el mural Sacrificio que en una de sus escenas retrata a una Coatlicue guerrera, con arco y flecha, comentó López Luján.
 
En 1933, Diego Rivera, con el apoyo de Edsel Ford, pintó un mural para el Institute of Arts, en Detroit, Estados Unidos, ahí plasmó La Coatlicue mecánica, obra que hace una reinterpretación de máquinas y troqueladoras con el contorno de la diosa mexica, haciendo referencia que esta maquinaria es el origen de la vida de esa ciudad.

 En 1934, Rivera regresó a México y en el Museo Anahuacalli creó, en uno de los pisos, un mosaico que nada tiene que ver con la obra pintada en EU, “aquí hace una representación realista de la escultura que se exhibe en el Museo Nacional de Antropología”.
 
Cinco años después, en plena Guerra Mundial, Diego Rivera viajó a San Francisco donde realizó el mural Unidad Panamericana en el que representó la unión del continente americano y fusionó las dos pinturas anteriores de la diosa —la realista y la mecánica-—,  y lo exhibió en la Exposición Internacional Golden Gate, de esa ciudad estadunidense.
 
El arqueólogo López Luján destacó que en la Colonia, a la Coatlicue se le conocía como Teoyaomiqui, deidad vinculada con los muertos, y fue hasta1867 que fue totalmente identificada como una diosa asociada con la tierra y la fertilidad.

Bajo la antigua concepción, en 1830 el litógrafo Carl Nebel retrató a la Teoyaomiqui, y en 1850 el prestigiado museógrafo británico Eduardo Taylor hizo una reproducción y la llevó a Europa para exhibirla en el Museo Egipcio.
 
Quince años después, en el Parque de Marte, cercano a la Torre Eiffel, en París, se exhibieron varias reproducciones de piezas prehispánicas como la Piedra del Sol, la Teoyaomiqui y el Templo de la Serpiente Emplumada de Xochicalco, entre otras.
 
“En Europa la pieza tuvo gran aceptación, sin embargo, causó mayor impacto visual la Piedra del Sol porque es un círculo perfecto que nos habla de la astronomía y del calendario de la creación mítica”, apuntó López Luján.
 
“Fue hasta 1867, cuando Alfredo Chavero, director del Museo Nacional, que mandó construir Maximiliano de Habsburgo, identificó a la Coatlicue como la diosa de la tierra y la fertilidad, y ya no más como Teoyaomiqui, una deidad oscura”, concluyó el arqueólogo.
 
 

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Última actualización el Lunes, 06 de Septiembre de 2010 11:09
 

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