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• Primera excavación arqueológica sistemática hecha en el país, en 1932
• Parteaguas de la arqueología mexicana y musa que motivó la creación del INAH
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Cráneo decorado con mosaicos de turquesa encontrado en la Tumba 7 |
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MATERIAL RELACIONADO |
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El 9 de enero de 1932, Alfonso Caso descubrió la Tumba 7 de Monte Albán, en Oaxaca. No solo es uno de los descubrimientos más ricos y espectaculares que se han dado en la historia, sino que marcó el inicio de la arqueología moderna en México y motivó a su descubridor, a proponer la creación de una institución que se dedicara de manera exclusiva y especializada al resguardo y conservación de patrimonio de ese calibre: el INAH; a 81 años de distancia, los objetos hallados en la tumba son motivo de una nueva investigación.
“A las 6 de la mañana el joven arqueólogo abandonó la tumba. Todavía seguía impregnado con el olor dulzón y caliente de la lámpara de gasolina y respiró con delicia el aire fresco del amanecer (…) A sus pies se extendía abrupto el cementerio de los zapotecos –cementerio viejo de 18 siglos—que acababa de entregar uno de sus turbadores secretos: la tumba más rica del continente americano (…). No, no estaba soñando. Tenía en las manos una caja de zapatos en la que había colocado sobre algodones 35 grandes joyas de oro y de su memoria no podía desvanecerse la visión de aquella tumba ruinosa, invadida por el polvo y las piedras caídas de la bóveda, donde centelleaban las orejeras de cristal de roca, los huesos de jaguar labrados con escenas históricas, los jades, las copas transparentes de la más pura forma”.
Así narró el descubrimiento el periodista, escritor y viajero Fernando Benítez, no sin documentar que la historia de la Tumba 7 no comenzó en 1932, sino cinco años atrás, cuando Alfonso Caso visitó Monte Albán atraído por los signos misteriosos de las estelas zapotecas.
En enero de 1932, Alfonso Caso fue sacando de la tierra los restos óseos de más de diez individuos y más de 400 objetos que calificó como “el tesoro de Monte Albán”. En el interior de la tumba encontró junto con sus ayudantes Martín Bazán, Juan Valenzuela y su esposa María Lombardo, diademas de oro laminado y repujado; orejeras de varios tamaños y materiales, como oro, plata, cobre, obsidiana y conchas; brazaletes elaborados en los mismos materiales; broches de metales preciosos con representaciones de glifos, personajes y dioses; más de 10 pectorales con representaciones de personajes, dioses, fechas y lugares, en los que se aprecia una perfección en la técnica de la filigrana o ensamble de hilos metálicos sin soldadura.
La tumba también contenía huesos labrados, “verdaderos códices tallados en huesos humanos y de tigre”, dicen especialistas; en los que se imprimieron glifos que narran hechos históricos relacionados con deidades, personajes y lugares; collares de cuentas hechos en oro, plata, cobre, pedernal, cristal de roca, jade, ámbar, concha, turquesa, coral y obsidiana; y una de las piezas que mayor impresión causó es un cráneo decorado con mosaico de turquesa.
Asimismo el equipo de Caso halló una mascarilla de oro fundido que representa al señor desollado, “el que usaba la piel de los muertos para darse vida”, a la que se le llamó Máscara Xipe; y otros objetos que representan aves y dioses como Quetzalcóatl, Xipe, Tláloc y Tonatiuh.
La riqueza de objetos que se encontraron en la tumba hace que se considere un gran descubrimiento, que también permitió a Alfonso Caso hacer por primera vez una arqueología más seria, con una metodología desarrollada y pensada, por eso su estudio es considerado el inicio de la arqueología mexicana.
El descubrimiento fundamentó la creación del INAH
Los descubrimientos de Monte Albán fueron la musa que inspiró la creación de una institución que se dedicara a explicar las culturas de México y que permitiera la custodia de su patrimonio, a partir de la necesidad de investigar y vigilar “esos tesoros”, como los llamó Caso, se visualizó lo que en 1939 se convertiría en el INAH y se afianzaron sus normas.
Hoy, dijo Cruz, la Tumba 7 es un espacio muy importante de la Zona Arqueológica de Monte Albán, aún muchos visitantes llegan al sitio preguntando por ella, la quieren ver. La tumba está abierta al público, aunque los objetos se exhiben en el Centro Cultural Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca, y otra parte en el Museo Nacional de Antropología, en el Distrito Federal.
Los medios y la arqueología
El descubrimiento ocurrido entre las dos guerras mundiales se dio a conocer en todo el mundo con ayuda de los entonces nuevos avances tecnológicos: la radio y el telégrafo. Alfonso Caso se valió del telégrafo para dar aviso de los hechos a las autoridades, éstos se volvieron noticia y en la arqueología mundial resultó todo un éxito la investigación.
“La Paramount envió a sus fotógrafos y realizó un corto que se proyectó en todo el mundo; los corresponsales de las agencias noticiosas y de los periódicos llegaban a diario por avión y exigían entrevistas; el Science Service, el National Geographic Magazine, el venerable Ilustrated London News, solicitaban artículos, y una multitud de funcionarios, curiosos y extraños, en arduas peregrinaciones, escalaban el cerro que todavía no hacía dos meses sólo era visitado por ladrones ocasionales y pastores de cabras.” El descubrimiento también movió al periodista Fernando Benítez a registrar los hechos de aquel enero de 1932, “cuando nació la arqueología mexicana”; aquí se reproducen fragmentos de su libro Los indios de México, donde dejó constancia de aquella aventura científica y periodística.

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