“Desde sus inicios trabajó con la prensa comunista, en semanarios como Oposición y Así es, en el registro de los desaparecidos por la guerra"

 

*** En el conversatorio “Jueves fotográfico”, el historiador Alberto del Castillo Troncoso desmenuzó el quehacer del especialista, recientemente fallecido

 

*** Su búsqueda para documentar, la composición estética y un lenguaje simbólico otorgaron un nivel de excelencia a cada una de sus fotografías 


 

 

A casi dos meses del sensible fallecimiento del destacado fotógrafo mexicano Marco Antonio Cruz (1957-2021), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Sistema Nacional de Fototecas y la Fototeca Nacional, organizó una sesión dentro del conversatorio digital “Jueves fotográfico”, para analizar la trascendencia del trabajo de este artista de la lente en la historia del fotoperiodismo en México.

 

En la trasmisión por el canal INAH TV en YouTube, y como parte de “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura federal, el investigador del Instituto Mora (IM), el historiador Alberto del Castillo Troncoso, desmenuzó el quehacer fotográfico, el compromiso social y la preocupación estética del fotógrafo poblano, a partir del libro de su coautoría Marco Antonio Cruz. La construcción de una mirada (1976-1986) (IM, 2020).

 

Indicó que el volumen es resultado del trabajo de cerca de ocho años de colaboración mutua entre ambos, de suerte de que el fotoperiodista pudo ver el fruto de esa relación concretado en el libro, aunque no tuvo la oportunidad de presentarlo debido al infarto que le quitó la vida.

 

Del Castillo Troncoso acotó que el texto está construido a tres bandas, ya que cuenta con historia oral, la revisión de su archivo fotográfico, así como las imágenes publicadas, su circulación y revisión de su contexto.

 

“La parte importante de este trabajo está en la revisión del tránsito de las imágenes, porque explica cómo se van posicionando y resignificando, cómo adquieren la categoría de icono y sus itinerarios”, explicó el también cocoordinador del seminario “La mirada documental”, junto con la investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, Rebeca Monroy Nasr.

 

Detalló que se trata de 600 páginas sobre los primeros diez años de labor de Marco Antonio Cruz, en las que se aborda cómo se va construyendo la mirada de uno de los fotógrafos más importantes del continente, su estilo, su forma de encuadrar, “en resumen, se trata de la edificación de un universo muy personal.

 

“Me enfoqué en esos primeros años en los que él se dedica al cien por ciento fotoperiodismo. En esa adrenalina cotidiana fue donde se formó la lente de este gran fotógrafo; por cierto, previamente, tuvo una faceta como caricaturista político, con maestros como Helio Flores, Rogelio Naranjo o Magú, por lo que hay que tomar en cuenta su relación con esta disciplina”, refirió.   

 

El investigador mostró fotos del archivo de Cruz, entre ellas, la primera que tomó y con la cual abre el libro: una fotografía en blanco y negro de tres músicos ciegos, quienes tocan sus instrumentos sentados en el suelo y recargados en una cortina de acero que tiene un dibujo de un trío de personajes bien vestidos.

 

Eran los inicios de Marco Antonio como estudiante en la Escuela Popular de Arte (EPA), de la entonces Universidad Autónoma de Puebla, cuando aún no definía su vocación y se encontró con esa imagen en la capital poblana, donde se aprecia la dualidad que va a caracterizar su labor: una parte comprometida con la realidad, y otra con la ficción, con la posibilidad de imaginarse otras realidades.

 

Del Castillo Troncoso subrayó el compromiso político que adquirió en la adolescencia Marco Antonio Cruz como militante de izquierda, tras leer sobre los problemas del país en la EPA, con maestros como Jorge Pérez Vega o Rebeca Hidalgo. Filiación ideológica que concretó al trasladarse a la Ciudad de México, donde se sumó al Partido Comunista Mexicano, de Arnoldo Martínez Verdugo. 

 

“Desde sus inicios trabajó con la prensa comunista, en semanarios como Oposición y Así es, en el registro de los desaparecidos por la guerra sucia de Echeverría o López Portillo”.

 

En su obra comienzan aparecer los grandes personajes de finales de la década de los años setenta y principios de los ochenta, como Rosario Ibarra de Piedra, visibles gracias a sus fotografías, las cuales son referente clave para leer el proceso de transición democrática de México en el último cuarto del siglo XX.

 

Así, el artista de la lente hizo una crítica frontal al sistema autoritario, siendo parte de un movimiento sociocultural que cuestionó en aquellos años al régimen, a través de su mirada en el diario La Jornada, construyendo metáforas visuales para acercarse a personajes como Alfonso Corona del Rosal, quien fuera jefe del Departamento del Distrito Federal, hoy Ciudad de México, en 1968.   

 

“Desarrolló la capacidad de utilizar al máximo el contenido simbólico de una fotografía. Las claves para entender el trabajo de Cruz están en su búsqueda para documentar, la composición estética y un lenguaje simbólico, las cuales otorgaron un nivel de excelencia a cada una de sus fotografías”, finalizó el historiador.

 

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