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Foto: INAH/ MediosLibro de reciente edición que aborda el fenómeno desde la perspectiva del estudio social.



"No queremos seguir planteando a los jóvenes como los generadores de la violencia, mucho menos a la mara. Estos grupos corresponden con un fenómeno juvenil, trasnacional, trasfronterizo, que abreva en una tradición de cien años de choledad, que viene desde los pachucos, desde los cholos.

El libro las describe así: Las maras integraron a una parte de los jóvenes emigrantes centroamericanos que huyeron de la guerra civil en Centroamérica, y encontraron en los barrios estadounidenses nuevos ámbitos de relación entre inmigrantes y diversos grupos étnicos y nacionales, especialmente con mexicanos y chicanos organizados en clicas de cholos u homies.

Los barrios habían cobrado presencia desde los años 30 del siglo XX, cuando emergió la figura del pachuco, de estilo chicano y fronterizo, que creció de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos, dando forma al primer movimiento juvenil popular transnacional y transfronterizo.

Luego devino en cholo, homie, homeboy y homegirl. Para los años 60 ya había una gran cantidad de barrios y pandillas chicanas y mexicanas, y en los 80 se amplió el desplazamiento de jóvenes centroamericanos que huían de la violencia interna de sus países.

La experiencia protomarera inició con el agrupamiento de chicos salvadoreños heavymetaleros que formaron sus propias pandillas, entre las cuales destaca la Mara Salvatrucha. "Mara" alude a una forma tradicional y coloquial salvadoreña que refiere a un grupo de personas o amigos, y salvatrucha de la conjunción de salvadoreño y "trucha", expresión antigua de alerta, inteligencia o preocupación, que se volvió expresión recurrente del pachuco en los años 40 y 50 y contagió a los cholos de los 60, 70, 80 y 90, retomada por la mara ochentera: ¡trucha ése!

La mara va a agregar la tradición de significación corporal del cholo, va hacer básicamente los mismos tatuajes conservando esa tradición del cuerpo significado: el nombre del barrio, del chavo, las lealtades fundamentales: la novia, la mujer.

"Sí hay en las maras una identidad atrincherada, sí llegan a niveles destructivos y hay un sector que sí corresponde con ese rostro criminal; la mara en algunos aspectos sí se convierte en un problema de seguridad pública, pero nunca de seguridad nacional", resalta Valenzuela.

"Por lo tanto requiere urgentemente, como todos los asuntos de pandillas, intervención social, estrategias de asistencia y políticas sociales para sus miembros. No exterminio, que de ninguna manera ayuda a obtener el tipo de convivencia que necesita un país. No se puede actuar sin entender qué es lo que está ocurriendo debajo de los fenómenos sociales.", finaliza el especialista en fronteras culturales y cultura juvenil.

Las maras. Identidades juveniles al límite, coordinado por José Manuel Valenzuela Arce, Alfredo Nateras Domínguez y Rossana Reguillo Cruz (2007, 382 pp.), reúne los ensayos de 11 especialistas que participaron en 2005 en el coloquio del mismo nombre en la UAM Iztapalapa. Incluye un glosario de pachomas y a manera de epílogo un texto del escritor Carlos Monsiváis, quien abre el debate y concluye en la recapitulación: "Enteder no es justificar, sino situar en perspectiva".