El descubrimiento de una tumba en Dzibanché, abrió la polémica sobre la sede de la dinastía Kaan. 

 

El descubrimiento, hace cuatro años, de una tumba en el Edificio de los Cormoranes, en la zona arqueológica de Dzibanché, Quintana Roo, abrió el debate sobre la sede temprana de uno de los más importantes linajes mayas: la dinastía Kaan, cuya capital para el Clásico Tardío (636-736 d. C.) fue el enorme centro de Calakmul, en la selva sur de Campeche.

En el marco de la VI Mesa Redonda de Palenque, especialistas de ambos sitios expusieron diversos aspectos con el objetivo de dilucidar el lugar donde radicó originalmente esa estirpe, descendientes que se llamaron a sí mismos los “señores divinos” de Kaan, una expresión que se escribió con un glifo emblema cuyo signo principal representa la cabeza de una serpiente (kaan o chaan).

Enrique Nalda, director del Proyecto Arqueológico de Dzibanché, señaló que el entierro de los Cormoranes mereció especial atención por la disposición de un punzón sangrador sobre la pelvis del individuo ahí depositado, dicho objeto posee una inscripción que tras estudios epigráficos ha sido traducida como: Es el ofrendador de hueso de Yuhkno’m Ut(?) Tu […] Chan, señor divino de Kaan.

“El glifo del personaje a que alude la inscripción es el de Testigo del Cielo, tercer gobernante de la secuencia hasta ahora conocida de la dinastía Kaan; aunque de acuerdo con otras lecturas, los restos óseos podrían no corresponder a quien habría conquistado Tikal (Guatemala) en 562 d. C.”.

De acuerdo con análisis de antropología física, los supuestos restos de Testigo del Cielo –ubicados en una cámara funeraria— refieren que el individuo tenía entre 30 y 35 años al momento de su muerte, su estatura era de aproximadamente 1.62 metros, además de que mostraba deformación craneana tabular.

Por estudios estratigráficos, fechas de radiocarbono, registros arquitectónicos y comparaciones con cerámica de Caracol (sitio del Petén guatemalteco), entre otros, Enrique Nalda anotó que la citada tumba debió erigirse entre 550 y 600 d. C., en concordancia con la época dada para el gobierno de Testigo del Cielo, hacia 561 y 572 d. C.

Así mismo, el epigrafista Erik Velásquez García, quien estableció la epigrafía del punzón de hueso hallado en el entierro del Edificio de los Cormoranes, explicó que una de las frases inscritas en él se interpretó finalmente como: Es el ofrendador de hueso de Testigo Cielo.

“Aunque los datos paleográficos son muy escasos, todo parece apuntar a que las variantes gráficas talladas en este punzón ya estaban en uso durante la época en que vivió Testigo del Cielo, por lo que debemos descartar la idea que ese tallador de hueso haya sido elaborado durante el Clásico Tardío. Debemos agregar a Testigo del Cielo dentro de la lista de gobernantes de la Dinastía Kaan que residieron en Dzibanché”.

En el foro organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el arqueólogo Enrique Nalda, dio a conocer que en el Edificio de los Cormoranes se localizaron otros enterramientos, los cuales guardan ciertas relaciones: todas contienen los restos de un solo individuo, y de ellas se han recuperado una o dos máscaras de jadita, así como un sangrador de punta de mantarraya.

Todos los personajes, varones adultos, fueron orientados este-oeste, amortajados en pieles de jaguar (símbolo de poder y linaje) y presentaban deformación craneana tabular.

“Esta notable uniformidad en el sistema de enterramiento, obliga a postular  que los personajes inhumados tuvieron un estatus equivalente. Como resulta evidente, uno de ellos es Testigo del Cielo, es muy probable que los demás hayan sido igualmente gobernantes o personajes cercanos a ellos. Sería el lugar de enterramiento de la dinastía Kaan hacia el Clásico Temprano.”

Sin embargo, para Ramón Carrasco Vargas, director del Proyecto Arqueológico Calakmul, la polémica en torno a la sede temprana del reino de Kaan, se basa en evidencias epigráficas y arqueológicas fragmentarias y en la demanda de algunos investigadores de que el sitio o región donde trabajan sea el asiento original de esa dinastía.

“La aparente ausencia de inscripciones tempranas en Calakmul con el emblema de Kaan (se identifica a partir del 630 d. C.), inclinó a los epigrafistas a buscarlas fuera de este sitio. Otro dilema de los epigrafistas es la ausencia del glifo Kaan en monumentos anteriores al siglo VII d.C. y, por tanto, donde se encuentra el origen de este poderoso linaje.”

“La argumentación adquiere una mayor especulación cuando se intenta buscar el pasado remoto del asiento de los ‘gobernantes’ del reino. En este punto entra como parte de la polémica, información arqueológica basada en la presencia-ausencia de evidencias materiales.”

“La ‘reconstrucción histórica’ del llamado reino de Kaan se sustenta en al menos once vasos del llamado estilo códice de procedencia desconocida, denominados vasos dinásticos”, concluyó Carrasco.

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Gabriel Ulises Leyva Rendón

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