La Academia Nacional de Arquitectura recordó la labor de 40 años del arquitecto Agustín Salgado Aguilar (1937-2012), a favor del patrimonio edificado de México .


Apasionado de los monumentos

RINDEN HOMENAJE A ARQ. AGUSTÍN SALGADO EN BELLAS ARTES

*** La Academia Nacional de Arquitectura recordó la labor de 40 años del arquitecto Agustín Salgado Aguilar (1937-2012), a favor del patrimonio edificado de México

*** En el homenaje se destacó su trabajo en la Catedral y Sagrario metropolitanos, obra que fue un hito para la recimentación del edificio virreinal

Distinguido por su labor especializada en la restauración y conservación de monumentos del patrimonio cultural de México, entre ellos la Catedral y Sagrario metropolitanos, el arquitecto Agustín Salgado Aguilar (1937-2012), fallecido en mayo pasado, fue recordado en un homenaje realizado la víspera en el Palacio de Bellas Artes.

Hasta la Sala “Manuel M. Ponce” del recinto llegaron familiares, amigos y compañeros de trabajo del arquitecto Salgado, “quien por más de 40 años realizó acciones en bien de la protección y puesta en valor el patrimonio histórico de México, al participar en innumerables intervenciones donde se hizo patente su pasión por el patrimonio cultural del país”, expresó Francisco Covarrubias, presidente de la Academia Nacional de Arquitectura.

Tras enumerar la vida profesional de Salgado, desde su paso por la extinta Secretaría del Patrimonio Nacional (hoy Dirección de Sitios y Monumentos del Conaculta), hasta su ultimo cargo como coordinador nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se recordó su participación en importantes proyectos de restauración del patrimonio edificado, entre los que destacan el Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana y la antigua Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.

Después de transitar por varias dependencias federales encargadas de la protección del patrimonio edificado nacional, “el arquitecto Salgado será recordado por su intervención en la Catedral y Sagrario metropolitanos, obra que fue un hito para la recimentación y consolidación estructural del edificio virreinal, de 1972 a 1985”, destacó el arquitecto Covarrubias.

La “experiencia, intuición y memoria prodigiosa de Salgado, le permitían determinar las causas de los daños de los edificios, así como encontrar la solución que respondía al funcionamiento de complejas estructuras hiperestáticas, lo cual se manifestaba en su enorme responsabilidad y entrega que no encontraba limitaciones en el tiempo y en el espacio”, expresó Francisco Covarrubias.

Los eruditos y a veces sentidos testimonios de ingenieros y arquitectos, fueron delineando el perfil profesional y humano del ex coordinador nacional de Monumentos Históricos del INAH, en el último tramo de su vida, desde donde impulsó el rescate del Fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz, y del Ex Convento de la Merced, en el DF, entre otros proyectos.

En su oportunidad, el doctor Enrique Santoyo Villa, quien colaboró con el arquitecto Salgado en la corrección geométrica de la Catedral Metropolitana, destacó el “diálogo” que entabló con el edificio y el entorno, así como los estudios del subsuelo que demostraron que los problemas de hundimiento diferencial de la Catedral provenían de allí, a causa de la sobreexplotación del acuífero de la Ciudad de México.

Santoyo recordó que el arquitecto Salgado dedicó los últimos años de su vida a buscar cómo medir de manera sistemática y precisa los asentamientos y deformaciones de los monumentos históricos. Empeño que lo llevó a conseguir que el INAH adquiriera un moderno escáner para el registro fotogramétrico digital.

Dicho instrumento, abundó Santoyo Villa, ya ha sido usado en Palacio Nacional, la cúpula de Santa Teresa la Antigua y la Plaza Gamio, en el Distrito Federal, así como en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz, los arcos del Acueducto de Querétaro y el Templo de Quetzalcóatl, en Teotihuacan, Estado de México, entre otros monumentos.

Al arquitecto Agustín Salgado le interesó rescatar las técnicas tradicionales de construcción, así como “el conocimiento de los materiales originales, empleado en morteros, estucos y mamposterías; así, su interés en los problemas estructurales y de cimentación de los edificios, lo llevó a desarrollar una buena intuición para resolverlos”, anotó en su oportunidad el doctor Roberto Meli Piralla.

Por su parte, el ingeniero José Luis Sánchez Martínez abundó sobre la capacidad de diagnóstico certero de Salgado: “podía afirmar que un edificio, con una inclinación que parecía alarmante y que ameritaba una intervención inmediata, no se había movido un ápice en los últimos 200 años”.

Recordó la acertada participación del arquitecto Salgado, cuando en la ciudad de Guanajuato pidieron su opinión para la intervención de la cúpula del Templo de la Compañía. “Logró con su conocido poder de convencimiento que no se agregará nada al edificio. Esto hace ya muchos años y la cúpula, intocada, prosigue para admiración de todos”.

La arquitecta Mariana López Mendoza, de la Coordinación Nacional de Monumentos del INAH, destacó los valores humanos y la insaciable labor docente del arquitecto Salgado: “Al caminar por el Centro Histórico de la Ciudad de México, con una o las dos manos en los bolsillos y mirando hacia el piso, como si fuese contando los pasos, muchas veces soltaba una pregunta, cada paso era una coordenada, una medición, una observación, una anécdota”.

“Salgado consideraba el centro del DF su territorio, su cantera de aprendizaje”, y aula; “nos paraba frente al monumento y preguntaba: ¿qué ves, te das cuenta del desplome? Se detenía en la calle Donceles y nos mostraba los problemas de edificios como la Librería Porrúa o la fachada del Instituto de Geografía y Estadística, regresábamos a la oficina y fundamentaba con libros y croquis”, rememoró López Mendoza.

La arquitecta Dolores Martínez Orralde, directora de Arquitectura del INBA, dijo que más allá de las discusiones y las interminables charlas con Salgado, “me quedo con la luz que reflejaban sus ojos al treparse al andamio y ver de cerca su detalle, su cubierta, su edificio, su pasión”.

Amigo por más de 40 años de Agustín Salgado, el arquitecto Javier Arredondo recordó el destacado papel que tuvo el homenajeado después del sismo de 7.3 grados, del 28 de agosto de 1973, que dañó severamente inmuebles religiosos catalogados como patrimonio histórico, “lo que generaría un hito en la restauración en México”.
 
En el terreno personal, Arredondo citó frases de Salgado, “que quedaron asentadas en mi mente cual aforismos: “Respetemos el trabajo de las viejas estructuras”; “Lo que no se cayó en 400 años, no tiene por qué hacerlo ahora”, “A los materiales los conoces porque te entran por los ojos, luego los confirmas con las manos y, a veces, con la lengua”, “Los edificios hablan y se quejan”, “Nunca opines de un daño en bóvedas, sin antes haberte subido a ellas”, “No observes, ve de cerca el daño, luego te alejas, revisa los alrededores y antes métete a los archivos, luego dibújalo en tres dimensiones y al final tendrás una hipótesis”, etcétera.

Finalmente, el arquitecto Alberto González Pozo, de ICOMOS-México, quien conoció a Salgado en su paso como director general de Sitios y Monumentos del Patrimonio Nacional del Conaculta (1999-2001), se refirió a “varios rasgos que no es sencillo encontrar en el medio oficial: sencillo, discreto, dotado de una voluntad férrea, austero y honrado hasta la exageración, carente de ambiciones y leal con las instituciones en las que trabajó”, concluyó.
 

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Gabriel Ulises Leyva Rendón

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