Cuenco. Clásico Tardío. Cholul. Foto Héctor Montaño INAH

 

 

· Especialistas del Centro INAH Yucatán han recabado información relevante sobre 14 sitios periféricos a la urbe maya de T’hó, de los 223 registrados en la ciudad capital de esa entidad 

· Cerca de 180 piezas, obtenidas en las excavaciones, integran la exposición T’hó. La vida prehispánica en Mérida, en el Museo Regional de Antropología. Palacio Cantón  


Mediante tareas de salvamento arqueológico, con las que se da seguimiento a obras de infraestructura urbana y de servicio, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Yucatán, han podido recabar información relevante sobre 14 sitios periféricos de los 223 que se tienen registrados en torno a lo que fue T’hó, la antigua urbe maya que existió en lo que hoy es el municipio de Mérida, en Yucatán.

En conferencia de prensa realizada en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, Luis Pantoja, José Huchim, Luis Millet y Rafael Burgos, cuatro de los 22 arqueólogos del Centro INAH Yucatán que participan en labores de salvamento en ese estado, hicieron un recuento de estos trabajos que se han intensificado en la última década, cuyos principales hallazgos conforman la exposición T’hó. La vida prehispánica en Mérida, que se presenta en la capital yucateca.

Luis Millet Cámara, historiador y arqueólogo, explicó que la antigua T’hó fue comparable en monumentalidad a Chichén Itzá, Uxmal e Izamal. No obstante, para la llegada de los españoles y aunque todavía algunos pobladores la habitaban, ya estaba en ruinas. Los conquistadores percibieron la grandeza de la urbe maya, y en 1542 fundaron Mérida; dándole el mismo nombre de la ciudad española que resguarda importantes ruinas romanas.

El director de la Zona Arqueológica de Uxmal, José Huchim, detalló que en Yucatán existen 3,500 sitios, de los cuales poco más de 220, se han registrado en Mérida. Desde la década de los 70, el INAH está en estrecha relación con el municipio, y de 2002 a la fecha, más de cien salvamentos arqueológicos han tenido lugar al norte, nororiente y poniente de la ciudad.

Dicha labor se ha efectuado de acuerdo con la norma vigente en materia de patrimonio cultural. Derivado de esta tarea arqueológica en algunos casos  —dado su estado de conservación y dimensiones— ha sido factible dejar expuestas estructuras prehispánicas en las áreas públicas de los nuevos espacios urbanos. 

Se pueden mencionar los parques arqueológicos: Dzoyilá, las Tumbas o Parque Bodas de Plata, Chen Hó, El Cerrito, Parque Arqueo-botánico Anicabil; Xanilá, en Ciudad Caucel; Soblonké, en Gran Santa Fe; Xoclán, Villa Magna I, II y III, La Joya Opichén, Girasoles de Opichén y Hool. También existen otros sitios en los parques del fraccionamiento Las Américas, Lineal Metropolitano, Country Club y en el Científico Tecnológico de Yucatán.

A partir de los datos asentados en los informes arqueológicos de cada uno de los salvamentos efectuados en un área que cubre mil 500 hectáreas, se tiene ahora un panorama más amplio de la evolución de la dinámica social de estos espacios habitacionales a lo largo de casi dos milenios, desde Preclásico Medio, hacia 900-800 a.C., hasta el Clásico Tardío, alrededor de 900-1050 d.C. Aunque en algunos se ha reportado ocupación hasta la época del contacto español.

De acuerdo con Luis Raúl Pantoja Díaz, coordinador del Proyecto Arqueológico Región de Mérida (PARME), programa que se estableció en 2004, “no toda la población fue homogénea, había patrones específicos para los aspectos funerarios y rituales, así como para el sistema constructivo y el uso del espacio.

“En algunos sectores hemos notado que la presencia de agua fue un detonante importante y se desarrollaron técnicas de captación y almacenamiento de agua. La arquitectura doméstica también se transformó, en periodos tempranos fueron casas de planta circular, menos elaboradas y tiempo después la forma del terreno se hizo rectangular.

 “Lo anterior sucede también con los patrones de enterramiento, de consumo y uso de herramientas líticas, por ejemplo, se extendieron las redes de comercio, de modo que incluso encontramos obsidianas que viajaron por una ruta marítima, entrando por el río Motagua hasta el mar Caribe y por la costa caribeña”.

Esta complejidad inserta en la vida cotidiana de los antiguos mayas se muestra en la exposición T’hó. La vida prehispánica en Mérida, que se presenta en el Museo Regional de Antropología. Palacio Cantón, en Mérida, mediante cerca de 180 piezas inéditas, elaboradas en distintos materiales y obtenidas en las excavaciones: objetos cerámicos, de jadeíta y serpentina, metal, concha y hueso.

En la colección sobresalen figurillas de cerámica en las que quedaron modelados los rostros de los antiguos pobladores e incluso rastros de enfermedades y deformaciones. También se observa cómo el maya común emuló el lujo de las clases altas, por ejemplo, hay collares de estuco de cal que imitan conchas; además se exhibe el Vaso del Señor de Sitpach, el cual formó parte de la ofrenda dispuesta en el entierro de una mujer, la vasija posee jeroglíficos y posiblemente fue traída de lejos como regalo para un cacique, o bien, las figuras pueden estar representando a sus propietarios.

La transformación de la vivienda maya ocupa un espacio importante en la exhibición, diversas recreaciones muestran al público la conformación de áreas habitacionales que originalmente se edificaron con materiales perecederos y otros, los menos, eran de mampostería. Los arqueólogos del INAH han ubicado áreas de molienda, talleres de extracción de materiales, de vivienda y de enterramiento.

En la casa, como explica Luis Pantoja, el maya iniciaba y concluía su ciclo vital, de ahí que los ritos funerarios sea otro de los aspectos que aborda la exposición.

Además de la recreación de un entierro en cista, es decir, en un espacio cavado y delimitado con losas de piedra; en vitrina se pueden ver vasijas que contenían las osamentas de infantes, y otras donde se hallaron restos cinerarios con una rica ofrenda. Algunas de las urnas funerarias, que quizá contenían los restos de ancestros, fueron importadas o replicaban estilos de otras grandes urbes mesoamericanas como Palenque o Teotihuacan.

T’hó. La vida prehispánica en Mérida explica también las distintas fases que componen el trabajo de salvamento arqueológico, desde la prospección que se hace en los terrenos para ubicar las áreas con potencial arqueológico, la excavación, el registro y control de materiales que permitirá su posterior análisis y la comprensión general de contexto, hasta el proceso de restauración de las piezas para su presentación al público.

El titular del PARME detalló que con base en los hallazgos, no todos estos sitios fueron parte del área de influencia de T’hó, “quizá compartían el territorio, donde T’hó fue el lugar hegemónico en un lapso importante, pero basándonos en la presencia de glifos que hemos ubicado en algunos de los sitios, sabemos que hubo poblaciones autónomas en un momento de su historia, que no dependían de esta capital maya”.

Los vestigios de pirámides que llegaron a medir entre 6 a 12 metros de altura, y que conformaron espacios cívico-ceremoniales, ayudan a deducir también cuáles fueron algunos de estos sitios rectores.

Al nororiente, en la comisaría de Sitpach —donde se ha trabajado una amplia área—, se encuentran Oxmul, Polok Ceh, Cuzam, Tzakan y San Camilo, entre otros. Hacia el poniente de Mérida es posible mencionar a Soblonké y Tsunum Opichen; y al norte Xcunyá y Tamanché. 

Tras referir que el salvamento arqueológico es un trabajo a contrarreloj, el arqueólogo Luis Pantoja dijo que si bien muchos de los sitios explorados corresponden a unidades habitacionales, sin elementos rituales o arquitectura monumental, “hemos tratado de divulgar la importancia del patrimonio cultural edificado, sobre todo del patrimonio arqueológico. 

“Buscamos que la gente comprenda que donde ahora habita hubo ocupaciones tiempo atrás, y que ahora reocupa ese espacio que siglos atrás se consideró idóneo y fue parte de un pasado glorioso”.

T’hó. La vida prehispánica en Mérida permanecerá hasta mediados de año en el Museo Regional de Antropología. Palacio Cantón (Paseo Montejo 485). Horario: martes a domingo, de 8 a 17 horas. Costo: 56 pesos. Entrada gratuita a estudiantes, docentes, pensionados y adultos mayores con credencial vigente. Domingo entrada libre a todos los mexicanos. Servicio de visitas guiadas, previa cita al teléfono: 9230557.

 

 

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