Recuperan vestigios del siglo XVI de la primera obra hidráulica en Querétaro. Foto Daniel Valencia-INAH.

Recuperan vestigios del siglo XVI de la primera obra hidráulica en Querétaro. Foto Daniel Valencia-INAH.

 

Anterior al acueducto

 

* Especialistas liberan 45 metros de la traza original de la acequia madre, que llevaba agua del río hasta los huertos, casas y conventos

* El canal fue localizado en el huerto del antiguo Real Colegio de Niñas de Santa Rosa de Viterbo, en el extremo sur poniente de la Zona de Monumentos Históricos de la capital queretana

 

Querétaro es reconocido a nivel nacional por su acueducto monumental construido entre 1726 y 1738; sin embargo, desde finales del siglo XVI ya contaba con una obra hidráulica que abastecía de agua a los huertos, casas y conventos. Se trata de la acequia principal o madre que, con 1,500 metros de longitud, era considerado el sistema de abastecimiento más importante de la ciudad, y cruzaba de extremo a extremo.

Parte de ese primer sistema fue localizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Dirección de Sitios y Monumentos de Querétaro, quienes trabajan en su liberación y consolidación para exhibirlo de forma permanente. El hallazgo se registró en el huerto del antiguo Real Colegio de Niñas de Santa Rosa de Viterbo, en el extremo sur poniente de la Zona de Monumentos Históricos de la capital queretana, donde actualmente se localiza el Centro de las Artes de Querétaro y el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

El arqueólogo Daniel Valencia Cruz informó que a partir del descubrimiento se han logrado rescatar 45 metros lineales de la traza original que tuvo la acequia en 1654, y conocer su sistema constructivo.

En sus orígenes el sistema de abastecimiento de agua fue muy sencillo, consistía en un desvío del río Querétaro sobre tierra zanjada que en La Relación Geográfica de Querétaro —que data de 1582—, se describe como “un canal de tierra que se excavó en el suelo”, que llegaba hasta el convento de San Francisco, ubicado en el centro; con el paso de los años se amplió hasta cruzar completamente la ciudad, en dirección nororiente a sur poniente.

El investigador del Centro INAH Querétaro explicó que posteriormente la acequia madre fue recubierta de mampostería, medía 90 centímetros de ancho por 1.30 metros de altura, en algunos tramos tenía una cubierta de bóveda de cañón corrido y en otros lajas de cantera rosa de forma rectangular para  evitar la contaminación del líquido.

En el sitio de la excavación también se localizaron tuberías de barro vidriado que conectaban con la cubierta y los muros de la acequia, lo que permitió confirmar que, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, su función cambió de conductora de aguas limpias a receptora de descargas pluviales y sucias. 

“La mayoría de los obrajes que trabajaban la lana, empezaron a desechar las aguas residuales en la acequia, lo que provocó su contaminación, por lo que se planteó la necesidad de un nuevo sistema de abastecimiento de agua que derivó en la construcción del acueducto en 1726.

“El primer sistema hidráulico que abastecía a casas y conventos, y movía el molino del pueblo de Querétaro, conocido como de Cortés —por el nombre de su propietario, Hernán Sánchez Cortés—, perdió su función original y se transformó en un drenaje de aguas negras”.

Como parte del rescate se trabaja en la consolidación de los muros de la acequia, resanes de grietas y reintegración de piedras. Paralelamente, se levanta una pared de contención para evitar derrumbes en las orillas de la construcción original y se colocará un barandal para que el visitante tenga un límite de acercamiento, porque los vestigios se dejarán a la vista.

“La idea es que a partir del segundo semestre del año, la gente que recorra el huerto descubra parte de la historia de Querétaro a través de la acequia, porque los pobladores sólo tienen presente los dichos populares que hablan de un canal donde se escondían tesoros y armas, pero aquí podrán conocer los usos que tuvo, para lo cual se colocarán cédulas explicativas”, detalló el responsable del proyecto.

El antiguo Real Colegio de Niñas de Santa Rosa de Viterbo es uno de los monumentos más completos de la entidad, porque reúne parte del patrimonio histórico y arqueológico de la ciudad. En el inmueble vivieron en clausura las beatas de la tercera orden de San Francisco, y como colegio funcionó de 1754 hasta 1861, cuando fueron expulsadas. A finales de la década de los sesenta del siglo XIX, el edificio funcionó como hospital civil, hasta 1963.

El arqueólogo Daniel Valencia mencionó que en las excavaciones realizadas desde 2008 hasta la fecha, se han encontrado restos de piezas de cerámica previas a la construcción del edificio religioso, cuando en los terrenos existía la casa de la familia de Juan Alonso de Herrera, fabricante de loza.

“Se localizó un basurero cerámico con piezas mal cocidas y reventadas, así como sellos para decoración, lo que indica que en el lugar se producía cerámica tipo mayólica (con fondo de estaño blanco y decoración verde) y barro vidriado”.

Durante los trabajos recientes de liberación de la acequia se ha hallado gran cantidad de objetos de cerámica completos de la época colonial, principalmente loza de tipo mayólica y barro vidriado: platos y tazones con decoración de plumeado, cazuelas, bacines, macetas, candeleros, tubos y ollas que serán expuestos en el Centro Estatal de las Artes.

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