Antonio Saborit, director del MNA; Diego Prieto Hernández, director general del INAH; Historiador Alfredo López Austin; Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, y David Carrasco, Neil L. Rudenstine Professor for the Study of Latin America en la Harvard Divinity School y profesor de Antropología en Harvard, durante la tercera conferencia magistral acerca del origen de los mitos mesoamericanos, en el Museo Nacional de Antropología.Foto Mauricio Marat. INAH

 

*** El historiador explicó sus ideas acerca de cómo las culturas antiguas pensaban el plano terrenal en que vivían, y el espacio-tiempo que habitaban sus deidades

 

*** La ponencia se desarrolló como parte de la Cátedra Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series, establecida por la Universidad de Harvard


  

 

A poco más de un año del inicio de la Cátedra Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series —instaurada por la Universidad de Harvard a fin de honrar a este connotado arqueólogo y fomentar el intercambio de saberes entre la academia de México y Estados Unidos—, se dictó la tercera conferencia magistral de dicho ciclo, a cargo del historiador Alfredo López Austin, en el Museo Nacional de Antropología (MNA).

 

“No podía ser de otro modo”, remarcó Eduardo Matos, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al presentar la conferencia junto con Antonio Saborit, director del MNA, y David Carrasco, Neil L. Rudenstine Professor for the Study of Latin America en la Harvard Divinity School y profesor de Antropología en Harvard.

 

Alfredo López Austin, continuó el arqueólogo, debía ser el primer panelista llevado a la tribuna de la cátedra dado que en él se reúnen tres destacadas facetas: la primera, que pertenece “a uno de los más sólidos y productivos investigadores que ha tenido la historia y la antropología de México; la segunda, vinculada con su labor como docente y formador de nuevas generaciones de especialistas; y la de ser humano, “pues se trata de un individuo comprometido con su pensamiento y en todo momento fiel a sus ideales”.

 

Igualmente se manifestó David Carrasco, quien tras agradecer la presencia del director general del INAH, Diego Prieto Hernández; de Mauricio Benítez, titular en México del David Rockefeller Center for Latin American Studies de la Universidad de Harvard; y del filántropo José Antonio Alonso Espinosa, definió al homenajeado como un historiador excepcional de las raíces y cosmovisiones mesoamericanas.

 

Agregó que la Cátedra Eduardo Matos —que anualmente elige a un personaje para dictar una ponencia en México durante el otoño y otra en Harvard durante la primavera— ha cumplido ya con uno de sus objetivos, el cual era contar con la participación de quienes, a su juicio, son los dos más destacados investigadores mexicanos en el campo de la arqueología: López Austin y el propio Matos Moctezuma.

 

Tras estas intervenciones se dio paso a la presentación titulada El día que salió el sol: trece pasos y un canto, en la que López Austin hizo una síntesis de sus planteamientos respecto al surgimiento de los mitos mesoamericanos de origen, y las ideas que las culturas antiguas tenían respecto al plano terrenal en que vivían, y el espacio-tiempo “del allá y entonces” que habitaban sus deidades.

 

Refirió que para vislumbrar cómo era la existencia diaria de sus dioses, los mesoamericanos que vivieron entre los periodos Preclásico y el Posclásico (2500 a.C. – 1521 d.C.), tomaron como referencia al modelo que conocían de tiempo-espacio y lo convirtieron en un ‘antimodelo’ que respondiera a sus necesidades de realidad causal justificante.

 

“Si el mundo en que vivían era sólido, constante y repetitivo, y en él eran conejos los hijos de los conejos, a la vez que hombres los descendientes de los hombres, en el ‘allá y entonces’ los seres eran proteicos y maleables; si en este mundo los acontecimientos desaparecían y eran envueltos por la perenne marcha del tiempo, en el otro plano existía un presente eterno”.

 

 Este modelo produjo durante milenios incontables representaciones —asequibles hoy a través de la arqueología y la propia historia— tanto de sitios mundanos ‘del aquí y ahora’, como de montes sagrados, inframundos y otros lugares supraterrenales.

 

López Austin explicó también los modos en que los hombres pensaron a sus dioses. Así, dijo, imaginaron que al ser los creadores del hombre, tenían algunas de las características de éste, de modo que a pesar de que los seres anecuménicos podían dividirse en dos o más entidades, o bien fusionarse con otro dios, también tenían debilidades y eran susceptibles de ser engañados.

 

Lo anterior, detalló, explica por qué se cuidaba de no enfadar a los dioses o de ayudarlos para mantener sus fuerzas y sostener la viabilidad de sus mitos, lo que a su vez equivalía al sostenimiento de ambos planos citados.

 

Señaló como ejemplo al mito del cerro Coatepec, referente al nacimiento del dios tutelar de los mexicas, Huitzilopochtli, y a la batalla que este numen solar sostuvo con sus hermanos nocturnos Coyolxauqui y los centzonhuitznahua.

 

La representación de ese mito, expuso, era fundamental para los mexicas ya que si no ‘ayudaban’ a Huitzilopochtli a obtener el triunfo sobre la oscuridad, ésta reinaría en el plano supraterrenal y, también, desencadenaría calamidades en el ‘aquí y ahora’.

 

López Austin mencionó que aún en nuestros días es posible ver remanentes de aquel pensamiento, fusionados en la mayoría de los casos con el pensamiento católico.

 

“Hoy todavía las peregrinaciones de agricultores acuden hasta la boca de los montes para cantar y ofrecer tributos a los dueños de éstos, y preguntarles acerca de las aguas futuras, la producción de sus milpas o la salud de sus familias”, concluyó.

 

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Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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