Escultura de Mictlantecuhtli, el señor de la muerte entre los mexicas. Foto: Héctor Montaño, INAH.

 

*** La muestra temporal, que incluye 17 cuerpos momificados prehispánicos y virreinales, ha sido visitada por cerca de cuatro mil personas

 

*** Sobresale la “Momia Pepita”, una de las más antiguas del país con dos mil 300 años, hallada en la Sierra Gorda de Querétaro


 


Famoso por conservar una docena de cuerpos humanos momificados de finales del siglo XIX e inicios del XX, el Museo de El Carmen ha sumado a su colección permanente 17 ejemplares como parte de la exposición temporal Momias. Ilusiones de vida eterna, que a poco más de un mes de su inauguración ha sido visitada por cerca de cuatro mil personas atraídas por conocer sobre el fenómeno natural que —a diferencia del proceso realizado por los egipcios— permitió su preservación sin la intervención del hombre.


La muestra, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), es producto del trabajo colegiado entre la arqueología y la historia; a través de 79 piezas de las épocas prehispánica y virreinal se abordan los distintos significados que en México se ha dado a la muerte y a la preservación de los cuerpos.


El recorrido museográfico se divide en dos grandes secciones que a través de cinco núcleos temáticos entretejen los hilos de la biología y la cultura. La parte dedicada a la antropología física muestra 17 cuerpos momificados de modo natural, procedentes de Chihuahua y Zacatecas, incluida una de las más antiguas del país hallada en la Sierra Gorda de Querétaro: la “Momia Pepita”, de dos mil 300 años. También hay ejemplares de taxidermia, restos disecados de insectos y vegetales, y dos cabezas reducidas.


De acuerdo con el antropólogo físico Concepción Jiménez, curador —junto con la etnohistoriadora Gabriela Salas— de la sección dedicada a las momias, un cuerpo momificado es aquel que sufre deshidratación, lo que da pie a su conservación, en algunos casos se pueden encontrar algunos órganos como los intestinos, corazón y pulmones.


Una momia, dijo, conserva piel y tejidos, lo que permite realizar una serie de investigaciones para conocer enfermedades, alimentación, parentesco a través de los análisis genéticos. “Son un cofre de tesoros para la ciencia, por eso, hoy los estudios interdisciplinarios en este tipo de ejemplares han dado resultados sobre el conocimiento integral de un cuerpo momificado”.


México es rico en este tipo de patrimonio: se han descubierto momias de diferentes épocas en casi todos los estados del país. Todos los ejemplares mexicanos se momificaron por razones naturales, ya que hasta el momento no se ha comprobado que se practicara alguna técnica de momificación entre las culturas prehispánicas, ni en el virreinato, destacó Jiménez.


La etnohistoriadora Gabriela Salas puntualizó que las momias también conservan aspectos culturales: vestuario, forma en que eran enterrados los individuos, ofrendas, entre otros elementos que dan información valiosa de las sociedades de la época en que vivieron esas personas.


Momias. Ilusiones de vida eterna reúne 17 ejemplares de cuerpos momificados de niños y adultos, acompañados de los objetos con que fueron sepultados, incluida la momia de un cánido procedente de la Cueva de la Candelaria, en Coahuila.


La colección prehispánica consta de cinco cuerpos de antiguos rarámuris descubiertos en la Cueva del Gigante, en la Sierra Tarahumara, dentro del municipio de Guerrero, en Chihuahua, en lo que se cree fue un cementerio. Fue recuperada mediante un salvamento arqueológico entre 2010 y 2011, por el arqueólogo Enrique Chacón Soria, investigador del Centro INAH en esa entidad.


Los cuerpos se encontraron envueltos en petates, amarrados con cordones elaborados con materiales de la región; algunos tienen cabello humano y otros la piel de algún tipo de animal. El conjunto revela una forma específica de enterramiento entre los antiguos tarahumaras.


De la colección de Santo Domingo se exhiben ocho cuerpos de personas que vivieron y murieron en la ciudad de Zacatecas durante el virreinato, la mayoría corresponden a infantes, posiblemente fallecidos a causa de las epidemias que azotaban a la población de la Nueva España; fueron recuperados por el arqueólogo Francisco Montoya Mar y la antropóloga Angélica Medrano, del INAH, en 2009, durante los trabajos de restauración estructural del templo.


Las momias zacatecanas han conservado su indumentaria, elaborada en seda, con encajes y terciopelo, alguna con finos bordados sobre telas de algodón; así como objetos que las acompañaban. Destaca el niño Luis Rivero, que se encontró con un ramo de flores y los versos con los que su familia lo despidió. Esta colección se complementa con dos ataúdes coloniales y un par de relicarios: uno de san Bonifacio, del Museo Nacional del Virreinato, y otro del Museo de El Carmen.


Los ejemplares fueron objeto de un tratamiento de conservación que inició en 2012: se estabilizaron los cuerpos, se les hizo limpieza, se restauraron y proporcionaron guardas especiales con elementos que ayudan a recuperar y conservar la postura anatómica sin alteraciones que pongan en riesgo su estructura. Asimismo, se les hicieron tomografías en colaboración con la UNAM y el Hospital Siglo XXI del IMSS. Los cuerpos se exhiben en vitrinas que mantienen la temperatura adecuada para su conservación.


El otro gran apartado de la muestra alude al significado de la muerte y los modos de enterramiento. Destaca el arquetipo de la prolongación de la vida en otros espacios, a través de un viaje para el cual es necesaria una ofrenda que proporcione al difunto los elementos para sostener una vida semejante a la que llevaba. Esta sección fue curada por Patricia Ledesma, directora del Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor, y la investigadora emérita del INAH, Consuelo Maquívar, especialista en el virreinato.


Entre las piezas destaca la escultura de Mictlantecuhtli, el señor de la muerte entre los mexicas, y una máscara-cráneo, prestadas por el Museo del Templo Mayor; cráneos de tzompantli elaborados en piedra y diversas piezas de cerámica recuperadas por la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, así como dos entierros que ilustran el acomodo del cuerpo inerte en la cosmogonía prehispánica y la fe cristiana.


El montaje también exhibe una importante colección de obras plásticas virreinales que hacen alusión a conceptos como la muerte, el Juicio Final, el infierno y el paraíso; así como a la preocupación por los índices de defunción en la Nueva España debido a las epidemias, condiciones insalubres de la población y actividades como la minería, entre otras, al grado que se apoderó del pensamiento barroco.  El visitante apreciará objetos procedentes de los museos de Arte Religioso de Santa Mónica, Nacional del Virreinato, El Carmen y la Pinacoteca de la Profesa, entre otros.


Entre las piezas principales se aprecia un políptico de la muerte, único, del siglo XVIII y uno de los dos únicos túmulos funerarios que existen en el país, ya que se trató de arquitectura efímera que sólo se utilizaba en las ceremonias fúnebres de personajes, en este caso dedicado a José de la Borda.


La exposición Momias. Ilusiones de vida eterna estará vigente hasta el 26 de mayo próximo en el Museo de El Carmen (avenida Revolución números 4 y 6 esquina con calle Monasterio, colonia San Ángel). Horario: martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas. Costo: 60 pesos. Entrada libre a estudiantes y profesores con credencial, niños menores de 12 años y adultos mayores con credencial del INAPAM. Los domingos la entrada es libre para público nacional y extranjeros residentes.

 

 

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  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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