Eduardo Matos Moctezuma es un personaje que ha marcado al INAH, donde ha pasado 60 años, considerando que en 1959 ingresó como alumno de la ENAH. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** El arqueólogo departió dentro del Museo de El Carmen, en el marco del Seminario de Análisis sobre la Gestión del Patrimonio Cultural Mexicano

 

*** Confesó a los asistentes que, si hubiera tomado otro camino, habría sido el de la poesía, “pues siempre he admirado la soledad y vida interior del poeta”


 


La vocación no es siempre un camino definido. Por la mente de un joven Eduardo Matos Moctezuma cruzó la idea de destinar sus días a la arquitectura e incluso al tratamiento de los animales, sí, la veterinaria fue una de las cartas que llegó a barajar en plena incertidumbre vocacional; pero un libro le cambió la vida. Desde el primer capítulo de Dioses, tumbas y sabios, del alemán C. W. Ceram, tuvo la visión de que “a medida que fuera encontrando el pasado, me iría encontrando a mí mismo”.


El arqueólogo mexicano más reconocido a nivel internacional, mostró su lado más humano durante un conversatorio que tituló: Un arqueólogo frente al espejo. La charla en el Museo de El Carmen, en San Ángel, se dio en el marco del Seminario de Análisis sobre la Gestión del Patrimonio Cultural Mexicano, un espacio que, a propósito del 80 aniversario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), busca un diálogo abierto entre el público y las personas que han hecho y hacen a esta institución; ello mediante sesiones mensuales que se realizarán hasta noviembre próximo.


Matos Moctezuma es un personaje que ha marcado al INAH, donde ha pasado 60 años, considerando que en 1959 ingresó como alumno de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en la Antigua Casa de Moneda. Dentro de él ha tenido cargos tan importantes como la presidencia del Consejo de Arqueología o la dirección del Museo Nacional de Antropología, sin embargo, su mayor legado es el Proyecto Templo Mayor, que ha redefinido el rostro del pueblo mexica.


Recordó que su madre hizo un último intento de disuasión para que a la par de sus cursos en la ENAH, estudiara por las mañanas en la Escuela Bancaria y Comercial. No se dejó persuadir. “El mismo amigo que me había dado a leer el libro de Dioses, tumbas y sabios, Luis Alberto Vargas, médico y antropólogo muy reconocido, me dio uno de los mejores consejos: lo más probable es que te mueras de hambre, pero feliz”.


Eduardo Matos confesó a los asistentes que, si hubiera tomado otro camino, habría sido el de la poesía, “pues siempre he admirado la soledad y vida interior del poeta”. Como ya lo decía su admirado Rainer Maria Rilke, en su Carta 7 a un joven poeta (que valga decir es su preferida):


“La gente (con la ayuda de los convencionalismos) lo tiene todo resuelto de la forma más fácil, siguiendo el aspecto más fácil de lo fácil; pero está claro que nosotros debemos mantenernos en lo difícil y pesado: todo lo vivo se sujeta a ello, todo en la naturaleza crece y se defiende según su índole propia y se convierte en un ser particular, intenta serlo a cualquier precio y contra toda oposición”.


Eduardo Matos es un personaje fuera de toda convención. Varias antiguas ciudades del altiplano mexicano fueron investigadas por él: Tlatelolco, Teotihuacan, Cholula, Tula y Tenochtitlan misma.


El profesor comentó que 1978 supuso una transformación en su vida profesional. Contaba con 38 años para ese momento, 20 de ellos dedicados profesionalmente a la arqueología. En febrero de ese año acudió a un congreso en Panamá, y fue de regreso al país, en un avión de Aeronaves de México, cuando leyó el encabezado de un periódico nacional: “¡Gran hallazgo en el Zócalo!”, pero no le prestó mayor atención.


Ya en su casa, fue informado que Gastón García Cantú, director del INAH, le buscaba con urgencia. Hizo acto de presencia en las oficinas centrales en la calle de Córdoba, colonia Roma. Entonces, don Gastón le inquirió:


- ¡Qué tal Eduardo!, qué bueno que está usted aquí, ¿ya estuvo en Guatemala?


- No, estuve en Panamá.


- Me refiero a la calle de Guatemala.


- ¡Ah!, es que la reunión fue en Panamá, pero no, no he estado en la calle de Guatemala. ¿Pasa algo allí?


- Ha ocurrido el hallazgo de una escultura importantísima. Por eso estamos reunidos. Pase, siéntese, porque ya van a darse los fondos para llevar a cabo todo el proyecto de excavación.


Desde que acudió a la esquina de Argentina y Guatemala, cuando todavía permanecía allí el equipo de Salvamento Arqueológico, Matos Moctezuma se percató que el monolito de Coyolxauhqui se perfilaba como una de las grandes manifestaciones escultóricas del arte mexica que sobrevivieron a la hecatombe de la invasión hispana”.


El Proyecto Templo Mayor (PTM) inició excavaciones el 20 de marzo de 1978. En un primer momento se consultaron las fuentes históricas y toda la documentación generada para asentar algunas ideas generales que después serían contrastadas con el dato arqueológico, según el avance de las excavaciones.


La iniciativa supuso una oportunidad inédita y tuvo el acierto de que la conservación fuera mano a mano con la arqueología, lo que ha permitido con el tiempo revelar información novedosa sobre los animales, minerales e incluso los materiales malacológicos ofrendados en el Huey Teocalli.


Durante cinco años de excavación en Templo Mayor, la diosa Coyolxauhqui recibió admiración y pleitesía de políticos, intelectuales y artistas, relató Eduardo Matos, quien tuvo la oportunidad de recibir en el sitio a los reyes de España, a la primer ministra británica Margaret Tatcher, al presidente estadounidense Jimmy Carter, a Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Toni Morrison (los tres galardonados con el Nobel de Literatura), a María Félix y Jane Fonda, entre otras personalidades.


Recordó que durante aquellas visitas ocurrió algo insólito. “Un sábado vimos que un joven se inclinaba hacia la Coyolxauhqui, y colocaba algo. Inmediatamente ordené que se revisara con el fin de evitar algún perjuicio. El joven había puesto una rosa sobre la diosa”.


El encuentro fortuito de Coyolxauhqui motivó la creación del PTM, una aventura científica y académica que a la fecha no concluye. Eduardo Matos calcula que las publicaciones producto de la iniciativa —desde artículos hasta tesis de licenciatura, maestría y doctorado—, ascienden a mil 250, aproximadamente. Toda la información generada a partir de la exploración sistemática, ha tenido el objetivo de mostrar al mundo los vestigios del axis mundi del imperio mexica.


Matos indicó que desde hace unos años el PTM recae en las manos de Leonardo López Luján. A él cedió la dirección de esta iniciativa “porque siempre he creído que hay que dar paso a las ideas de las nuevas generaciones para el avance de la disciplina arqueológica. Concluyó al respecto que, en la arqueología como en toda ciencia, no hay verdades absolutas e inamovibles, “lo que hoy prevalece, mañana puede dejar de ser”.

 

 

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