Exposición

Escultura en basalto de un Tláloc-Tlaltecuhtli, Posclásico Tardío mexica, 1200 a 1521 d. C., que fue una de las primeras piezas encontradas por el Proyecto Templo Mayor iniciado en 1978. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

 

*** La primera instalación presenta y explica el simbolismo, así como la riqueza material de una serie de atavíos prehispánicos hechos con nácar, denominados epnepaniuhqui

 

*** El Antiguo Museo Etnográfico revisita la visión y el contenido de aquel antecedente del MTM; una de sus piezas, una escultura de Tláloc-Tlaltecuhtli, incorpora una app de realidad aumentada


    


Con una doble mirada a su pasado, tanto arqueológico como museístico, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través Museo del Templo Mayor (MTM), inauguró las exposiciones: Lujos de nácar. Prendas enconchadas en Tenochtitlan y El Antiguo Museo Etnográfico. La confluencia del pasado y presente indígenas.


Las muestras, declaró la secretaria técnica del INAH, Aída Castilleja, no sólo conmemoran el 80 aniversario del INAH sino que acompañan esa efeméride, al ser ejemplos notables de la capacidad y el profesionalismo investigativo de la institución.


“Al aplaudir al equipo de trabajo que las ha hecho posibles, apaludimos la labor inconmensurable del INAH”, señaló la antropóloga, al inaugurar las exposiciones en representación de Diego Prieto Hernández, director general del instituto.


La primera de las exhibiciones, Lujos de nácar. Prendas enconchadas en Tenochtitlan, es desarrollada bajo la curaduría del arqueólogo Adrián Velázquez y la conservadora María de Lourdes Gallardo; presenta y explica la complejidad simbólica, así como la riqueza material de una serie de atavíos hechos con ese recurso marino, usados por los mexicas y otras culturas prehispánicas, denominados epnepaniuhqui.


Llamados así por las voces en náhuatl: ep, concha nacarada, y nepaniuhca, unido o articulado, es decir, ‘unión o articulación de conchas nacaradas’, eran objetos del más alto lujo y estaban restringidos a contextos rituales. Su función, según se sabe, era producir en sus portadores un efecto sobrenatural “agradable para los dioses”, a través del tornasol del nácar.


De este modo, reconstruidos en los contextos arqueológicos donde fueron localizados —con las piezas cerámicas, óseas y escultóricas que los acompañaban—, se exhiben cinco epnepaniuhqui, cada uno integrado por cientos de pendientes hechos con concha nácar.


Sobre la procedencia de las prendas rituales, María de Lourdes Gallardo indicó que cuatro fueron halladas en ofrendas del Templo Mayor, y la restante procede de un entierro infantil explorado en 2016 dentro de un predio de Zacatenco, al norte de la Ciudad de México; a la vez, se exhiben otros dos pendientes, que es probable hayan formado parte de un epnepaniuhqui, y que provienen del Monte Tláloc, en Texcoco.


El más antiguo de los objetos es el recuperado en Zacatenco, que data del periodo Formativo Medio (800 a 400 a.C.). Justo por ello, destacaron los investigadores, es que denominarlo epnepaniuhqui es una propuesta, pues se desconoce si los pobladores de esa época hablaban náhuatl o manejaban dicho concepto.


La pieza, que por primera vez se presenta al público con sus 164 elementos articulados, en una aproximación rigurosa a la que debió ser su forma hace más de dos milenios —lograda tras su limpieza, identificación biológica, caracterización de técnica de manufactura y tratamiento de conservación, entre otras labores realizadas en el MTM—, está hecha a partir del nácar obtenido de un molusco denominado científicamente Pinctada mazatlanica.


Tal especie, señaló Adrián Velázquez, habita en el océano Pacífico y es de la que más ejemplares se conocen en el Templo Mayor; la presencia principal del nácar en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan se ubica entre los reinados de Moctezuma I y Axayácatl, de 1440 a 1481, un rasgo llamativo dado que en esos momentos los mexicas aún no conquistaban la costa del Pacífico.


 “Ello podría indicar dos cosas: una, que los mexicas de entonces obtenían el nácar a través de las grandes redes mesoamericanas de intercambio, o dos, que lo hacían vía ‘tributación indirecta’, que era cuando obligaban a sus provincias a entregar cosas que no producían, pero a las cuales sí tenían acceso comercial”.


Al hablar sobre cómo se forma el nácar, el arqueólogo precisó que los moluscos toman oxígeno y carbono de su medio, y a través de una parte de sus cuerpos llamada manto, crean cristales de carbonato de calcio que, capa a capa, forman una concha.


Subrayó que todas las conchas poseen calcita y aragonita, sin embargo, las nacaradas tienen una mayor cantidad de aragonita, un cristal laminar que filtra la luz y provoca el característico tornasol del nácar; efecto sumamente apreciado en tiempos prehispánicos, vinculado en la cultura mexica a dioses como Tláloc, Ehécatl-Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, entre otros.


Los curadores de Lujos de nácar, precisaron que el valor principal del montaje es que, además de la primicia del epnepaniuhqui de Zacatenco, es la primera ocasión en que el resto de las prendas rituales —algunas en exhibición permanente del MTM— recrean sus contextos originales, y el guión museográfico se centra en su origen, simbolismo y recuperación científica.


Revisitan en exposición al Antiguo Museo Etnográfico


La segunda muestra inaugurada lleva por título: El Antiguo Museo Etnográfico. La confluencia del pasado y presente indígenas. Con ella, comentó la directora del MTM, Patricia Ledesma, se busca reflexionar sobre los antecedentes y el porvenir del Museo del Templo Mayor.


Aunó que, tanto por su temática centrada en la valoración de las culturas indígenas, como por la ubicación que tuvo en la confluencia de las calles de Seminario y Guatemala, es decir, en terrenos de la actual Zona Arqueológica Templo Mayor, el Museo Etnográfico, inaugurado en los años 50, es un precedente clave del MTM.


Junto con Manuel Gándara, profesor del Posgrado de Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH, y quien en su niñez visitó el propio Museo Etnográfico, la arqueóloga Ledesma explicó que, si bien este era un recinto pequeño, alojaba decenas de objetos entre los que sobresalían las ceriesculturas elaboradas por su directora, la artista Carmen Carrillo de Antúnez, que recrearon fielmente algunas danzas indígenas del país.


También contaba con una ventana arqueológica que mostraba una esquina del Templo Mayor, descubierta por Manuel Gamio, a la vez que exhibía una maqueta de lo que se conocía entonces del Recinto Sagrado, basada en investigaciones de Ignacio Marquina y elaborada por Carmen Carrillo y su equipo de escultores.


Así, con la idea de mostrar cómo era aquel recinto, la exposición que lo revisita se divide en dos ejes: uno arqueológico, integrado por tres fragmentos de esculturas mexicas que eran exhibidas en el antiguo espacio, y por una pieza zoomorfa teotihuacana, la cual fue entregada al museo por Manuel Gamio.


El segundo eje es el etnográfico. Exhibe cuatro de las ceriesculturas originales que se encontraban en este museo y que actualmente están bajo resguardo del Museo de El Carmen, que representan las danzas de los Quetzalines, de la Sierra Norte de Puebla; del Venado, de Sinaloa y Sonora; de los Paragüeros, originaria de Tepeyanco, Tlaxcala; y de la Pluma, ligada a la cultura zapoteca.


Una quinta ceriescultura de la Danza de los Viejitos, de Jarácuaro, Michoacán, que completa la serie creada por Carmen Carrillo, se integra en forma fotográfica. Igualmente, por medio de imágenes aéreas y de archivo, la exposición muestra el sitio exacto donde se emplazó el Museo Etnográfico, así como sus espacios.


La instalación, ahondó Manuel Gándara no sólo enfatiza cómo el antiguo museo pugnó por la justa valoración de la herencia indígena, “décadas antes de que México se asumiera legalmente como nación diversa y pluricultural”, sino que a la vez representa la confluencia, de académicos consolidados y noveles investigadores.


Citó que en el desarrollo de la muestra no solo colaboraron él y la titular del MTM, sino también el arqueólogo Eduardo Matos y, especialmente, los jóvenes investigadores del museo: Vanessa Isela Juárez, Mariel de Lourdes Mera, Leonardo Morlet, Adán Meléndez y Guillermo Martínez.


De la mano con esta reflexión sobre “hacia dónde se dirige el museo”, finalizó Patricia Ledesma, la exposición cierra con una pieza destacada.  Se trata de la escultura en basalto de un Tláloc-Tlaltecuhtli, del periodo Posclásico Tardío mexica (1200 a 1521 d.C.), que fue una de las primeras piezas encontradas por el Proyecto Templo Mayor, iniciado en 1978, y que ahora es la primera en el MTM a la que se aplica tecnología de realidad aumentada.


En la exposición, los visitantes que previamente descarguen la app Museo del Templo Mayor —ya disponible en Android y iOS— podrán interactuar con la cédula que acompaña a la escultura, y acceder a información, audio y una animación diseñada para resaltar los detalles de la misma; además, la aplicación integra un juego de memoria interactivo.


En lo sucesivo, esta tecnología se incorporará a otras piezas del MTM, recinto en donde habrá ciclos sabatinos de conferencias, relacionados con las dos exposiciones citadas. El programa se dará a conocer mediante redes sociales del INAH y el museo.


Una novedad adicional fue la presentación de la serie documental Proyecto Templo Mayor. Instantáneas de una investigación arqueológica, que integrada por 14 vídeos cortos que en lo sucesivo estarán disponibles en el canal INAH TV de la plataforma Youtube, da cuenta de las investigaciones y los hallazgos arqueológicos más recientes del PTM, encabezado por el arqueólogo Leonardo López Luján.


Las muestras Lujos de nácar. Prendas enconchadas en Tenochtitlan y El Antiguo Museo Etnográfico. La confluencia del pasado y presente indígenas podrán visitarse en el Museo del Templo Mayor (Seminario No. 8, Centro Histórico de la Ciudad de México) del 14 de junio al 22 de septiembre.


El acceso es con boleto de entrada al recinto, salvo estudiantes y maestros con credencial vigente, menores de 13 años de edad y adultos mayores con identificación del INAPAM. Domingo entrada libre a público nacional y extranjeros residentes.

 

 

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