Deconstruye Diana Magaloni el discurso y el simbolismo del Códice Florentino. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** La historiadora del arte impartió la sesión de otoño de la Cátedra “Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series”, que organiza la Universidad de Harvard

 

*** En el Museo Nacional de Antropología, la investigadora rindió un homenaje a los sabios indígenas que “plasmaron en esa obra la visión de dos mundos: el prehispánico, el cual concluía, y el virreinal, que iniciaba”



    


 

En 1576, una epidemia mermaba la población de la capital de la Nueva España mientras, en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, fray Bernardino de Sahagún y una veintena de tlacuilos trabajaban en la obra conocida hoy como Códice Florentino. En un acto inusitado, aquellos pintores nahuas decidieron permanecer en la ciudad y terminar el texto, incluso con el riesgo de contraer la infección y perecer.


Como un homenaje a esos artistas, sabedores de que el documento que elaboraban no era solo un libro sino más bien el testimonio de “una era que concluía —la prehispánica— y otra que iniciaba” en el virreinato, se impartió la ponencia magistral El Códice Florentino y la creación del Nuevo Mundo, en el Museo Nacional de Antropología (MNA).


Dictada por la historiadora del arte Diana Magaloni, directora del Programa de Arte de la América Antigua en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA, por sus siglas en inglés), la conferencia se inscribió en la tercera sesión de la Cátedra “Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series”, que organiza la Universidad de Harvard.


Con la presencia del antropólogo Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); de David Carrasco, profesor para el Estudio de Latinoamérica de la Cátedra “Neil L. Rudenstine”, de la Universidad de Harvard; y del propio arqueólogo Eduardo Matos —el primer mexicano a quien la universidad estadounidense dedica una cátedra binacional en sus más de 400 años de historia—, la investigadora seleccionada este otoño para impartir la conferencia, examinó en su disertación el contexto, la materialidad, el discurso y el simbolismo de dicha pictografía.


Magaloni explicó que la también llamada Historia general de las cosas de Nueva España es “la primera gran obra mestiza” elaborada en lo que ahora es México, cuya información puede leerse en náhuatl, en la paráfrasis de algunos de sus contenidos, en español, “y un tercer discurso de carácter visual”.


El compendio, abundó, se divide en 12 libros: el I sobre los dioses; II de las ceremonias y fiestas; III del origen de los dioses; IV del calendario adivinatorio; V de los presagios; VI de la retórica; VII de la luna y las estrellas; VIII de los reyes y señores; IX de los mercaderes; X de los vicios y virtudes; XI de la naturaleza y la elaboración de los colores y los propios códices; y un libro XII que narra la Conquista y la caída de la antigua ciudad de Mexico-Tenochtitlan.


“En las pinturas que ilustran al texto, los sabios indígenas están diciendo ‘nosotros también somos autoridad’ para hablar de nuestra historia”, señaló la investigadora al subrayar que el Códice Florentino, como muchos otros documentos indígenas del siglo XVI, tienen un rango de igualdad testimonial con las crónicas de los conquistadores o las cartas del propio Hernán Cortés, en las cuales habló del imperio que descubrió y terminó dominando.


La sabiduría de los antiguos mexicas, plasmada en el citado documento, destacó, queda patente en el episodio del Libro XII, que narra cómo los emisarios de Moctezuma visitaron las embarcaciones de Cortés y le entregaron una serie de atuendos de deidades como Quetzalcóatl y Tezcatlipoca.


Más que un simple presente, como muchas veces se maneja, explicó, la intención de esos emisarios y del propio Moctezuma era conocer las intenciones y el carácter de Cortés en función del atuendo que eligiera, ya que, en su cosmovisión, al seleccionar una prenda, el conquistador se convertiría en un ixiptla, es decir, en una representación o un portador de los atributos del numen.


Otro ejemplo de cómo los 20 artistas y cuatro maestros pintores —que al día de hoy se han reconocido en el manuscrito— plasmaron “la presencia de sus antiguas costumbres y creencias”, está en el folio 228 del Libro VII, en el cual se ilustra el pasaje mítico del conejo al cual los dioses colocaron en la luna para opacar el brillo del sol.


La autora de Albores de la Conquista: la historia pintada del Códice Florentino (2016), apuntó que, en esta pintura específica, los tlacuilos cuidaron detalles tan minuciosos como el hecho de que, parte de aquel conejo está pintada de un tono rojizo-café, el cual, a partir de estudios de laboratorio, se sabe tiene trazas de cinabrio.


“Y el cinabrio, al ser un mineral extraído de la tierra, del inframundo, es propio de la luna que, a su vez, es lo opuesto al sol. Así tenemos que esta sola pintura —una entre las dos mil 868 de toda la obra— no fue pensada para mostrar solo a un conejo y una luna, sino a toda una caracterización simbólica y material de lo lunar”.


Cabe señalar que, como un apunte final a la conferencia dictada por Diana Magaloni, el director general del INAH, Diego Prieto, reconoció a la investigadora egresada de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del Instituto, como una destaca representante del organismo en el extranjero.


Su presencia en la Cátedra “Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series” enaltece a la academia mexicana y tiende puentes de diálogo entre nuestro país y los investigadores de otras naciones, finalizó.

 

 

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