Pintura Rupestre. Las Flechas. Sierra de San Francisco, BCS. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Al participar en el Coloquio Internacional de Arte Rupestre, sostuvo que “refinadas teorías” sobre estas manifestaciones carecen de sustento científico

 

*** Ante sus colegas reunidos en el Museo Regional de Querétaro, el especialista pugnó por mecanismos de verificación antes de transitar al campo de los significados


 


Querétaro, Qro.- Para que el arte rupestre logre hablar de las sociedades pretéritas que lo produjeron, requiere ser analizado a profundidad desde las técnicas arqueológicas que amplían su contexto, y no como un objeto encapsulado en cuevas y abrigos rocosos que solo puede ser estudiado estilísticamente, como ha sido la norma para su abordaje.


Así lo expresó el doctor Pedro María Argüello García, quien abrió con una conferencia magistral la segunda jornada del Coloquio Internacional de Arte Rupestre, que se celebra en la ciudad de Querétaro del 10 al 12 de octubre.


La propuesta del doctor en Antropología, catedrático de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) es tan clara y compleja como el título de su ponencia: Volviendo a lo básico: arqueología del arte rupestre, pues considera que la falta de aplicación del razonamiento científico a este tipo de manifestación cultural, “solo produce un mayor volumen de libros, artículos y otros textos de divulgación, pero poco contribuye a un mejor conocimiento del mismo”.


Ante reconocidos investigadores, nacionales y extranjeros que se congregan en el Museo Regional de Querétaro, Argüello sostuvo que si bien existen voces a favor y en contra sobre la aplicación de parámetros científicos en la arqueología, lo cierto es que el mayor distanciamiento de esta práctica en la disciplina arqueológica, discurre en paralelo a una mayor atención a objetos difícilmente “aprehendidos” científicamente, como es el arte rupestre.


“Hoy, en tiempos de la posmodernidad, es posible decir casi cualquier cosa sobre arte rupestre, en medida que casi no existe un mecanismo de control que funcione como en el pasado lo hizo la ciencia”, expresó. Toda esa “palabrería” producida en parte por las “arqueologías posprocesuales” ꟷañadióꟷ no deja de ser una falta de respeto hacia quienes produjeron hace cientos o miles de años, estas expresiones.


Destacó que dichas “especulaciones” se encuentran alejadas del más elemental razonamiento arqueológico, de manera que “la situación se puede caracterizar como un salto del objeto al significado, sin mayores mediaciones metodológicas, justamente por la innecesaria comprobación científica o la construcción de un proceso metodológico riguroso”.


Es por ello que hizo un llamado a sus colegas que, como él, pugnan por mecanismos de verificación antes de transitar al campo de los significados, ya que “cuando se hacen análisis detallados y con la lógica del razonamiento arqueológico, muchas de nuestras más refinadas teorías se quedan sin sustento”, indicó el director de Posgrados de la Facultad de Ciencias de la Educación, de la UPTC.


Color rojo por degradación y no por elección, en arte rupestre de Colombia


Para ejemplificar su postura, Pedro María Argüello abordó algunos de los proyectos que junto con su compañero Diego Martínez han realizado en sitios de arte rupestre en Sudamérica y concretamente en el centro de Colombia, y en los cuales ha intentado ir más allá del establecimiento de las “unidades estilísticas” que abundan en la literatura sobre el tema.


Explicó que la aplicación de la lógica tafonómica (relativa a los procesos de fosilización) y el uso de tecnologías digitales en estos proyectos, le permitió demostrar que la existencia de pinturas rupestres, de preponderancia en color rojo, lejos de corresponder a una intención de sus creadores, se debió a un proceso de degradación propiciada por los materiales en que se elaboraron los pigmentos y por las características mismas de las rocas.


En sitios de arte rupestre en la zona de la Sabana de Bogotá, así como en los que se localizan en la vertiente del Valle de Magdalena, es posible observar que los diseños dispuestos en aleros conservan una mayor policromía, lo cual no sucede con los encontrados en rocas a la intemperie. Por solo dar un ejemplo, durante mucho tiempo -y existe una enorme bibliografía al respecto-, se dijo que la intención de los artistas fue pintar en rojo.


“La lógica tafonómica es solo una idea de cómo volver a lo básico, ayudar a desmontar ideas construidas, de forma ligera y sin aplicación de un razonamiento arqueológico. Para el caso de las pinturas rupestres, la idea de escenas, composiciones y demás anotaciones que indiquen la existencia de un cuadro completo, debe ser demostrada, tomada con cautela al hacer lecturas sobre este objeto”, señaló.


El coordinador del grupo interdisciplinario de investigaciones arqueológicas e históricas, abundó que otro aspecto a cuestionar es el uso de las “analogías etnográficas”, en virtud de que las generalizaciones son peligrosas y llevan a un nivel de homogenización cuestionable:


“La intención de la arqueología histórico-cultural, en el sentido de construir unidades homogéneas en el espacio y el tiempo, basado en una idea normativa de cultura, trajo una consecuencia en los estudios de arte rupestre: la posibilidad de poner ‘apellido’ a una serie de manifestaciones culturales, estos apellidos generalmente son los de los grupos que encontraron en contacto con los europeos a partir del siglo XVI”. El problema de estas denominaciones, es que paralelamente hay una “descarga de toda la información etnohistórica” sobre las imágenes.


Pedro María Argüello García comentó que es sorprendente que los estudios de arte rupestre muchas veces se limiten a los espacios donde se encuentran, cuando éstos tienen una fijación al paisaje. Es importante voltear a ver su distribución a diferentes escalas, como lo hicieron para analizar los sitios de petroglifos de la vertiente cálida de la cordillera oriental colombiana, de manera que fue posible darles un contexto más amplio.


“Cuando analizamos mediante pozos de sondeos y excavaciones más profundas, las zonas alrededor de las rocas con petroglifos, comprobamos que para la misma época en que fueron fabricados y/o utilizados, estos espacios sirvieron como lugares domésticos, conforme los desechos que encontramos. Al alejarnos más, advertimos que la gente tenía sus viviendas en las cercanías de las rocas, y que además estas concentraciones no son ‘visibles’ desde otros puntos más altos”.


Lo anterior, también derrumba la idea preconcebida de que los sitios de arte rupestre eran solo de uso ritual, y a los que se acudía nada más con estos fines. Todo esto sirve, concluyó el investigador colombiano, para demostrar que con las formas tradicionales de hacer arqueología se puede proporcionar información “más anclada y sobre todo contextualizada del arte rupestre”.

 

 

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