Diego Prieto, director general del INAH; Emiliano Gironella, artista plástico; Luis Barjau, etnólogo e historiador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH y Christian Duverger, historiador; durante conferencia magistral sobre libro “Pluma y Plomo” que tuvo lugar en el MNA. Foto: Edith Camacho, INAH.

 

*** Debe recordarse como un acontecimiento que conmocionó la vida de las civilizaciones que florecieron en el territorio mexicano: Diego Prieto

 

*** Pluma y plomo. 1519-2019. A 500 años del encuentro entre Moctezuma y Cortés fue dictada por los historiadores Luis Barjau y Christian Duverger


 


El antropólogo Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), destacó que conmemorar, hoy 8 de noviembre de 2019, los 500 años del encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés, no es un acto de celebración, sino de recordar un acontecimiento que conmocionó la vida de las civilizaciones que florecieron en el territorio mexicano hasta el siglo XVI, las cuales han mantenido y enriquecido sus identidades incorporándose al mosaico, junto con los que vinieron de otros continentes, dando lugar al país pluricultural, universal y cosmopolita que es México.

 

En la introducción de la conferencia magistral Pluma y plomo. 1519-2019. A 500 años del encuentro entre Moctezuma y Cortés, realizada en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, expuso que, antes de este arribo a la ciudad de México-Tenochtitlan, los europeos ya había realizado dos incursiones previas, en 1517 y 1518, a las costas de Yucatán y el Golfo de México, de las cuales Moctezuma Xocoyotzin tuvo noticias.

 

“En 1519, a sus 52 años —un xiuhmolpilli o ‘atadura de años’, para los mexicas y otros pueblos mesoamericanos—, Moctezuma se preguntaba quiénes serían esos sujetos que merodeaban por sus dominios, preguntando por el oro y la existencia de ciudades poderosas, como la que él mismo gobernaba”, mencionó.

 

A su vez, Hernán Cortés sabía que el avance sobre aquellas tierras occidentales era inminente e inevitable, y él quería encabezarlo, en busca de riqueza y gloria en la conquista de Culúa (como se identificaba al imperio de Moctezuma), por lo que partió de Cuba por su cuenta, para la guerra que habría de emprender.

 

El antropólogo aseguró que esta empresa jamás hubiese sido exitosa sin las alianzas con otros pueblos subyugados por el imperio mexica, y sin la presencia de Malintzin, quien era hablante del náhuatl y maya, además conocía perfectamente el modo de ser y de pensar de los pueblos nahuas y el poderío de México-Tenochtitlán.

 

Prieto Hernández afirmó que, por esa razón, en la imagen del encuentro entre Moctezuma y Cortés del Códice Florentino, en el lugar conocido como Huitzilan (donde hoy está el Hospital de Jesús), la figura central es la mujer nahua, pues constituye la bisagra entre las dos potencias en conflicto y el eje articulador de la alianza que respalda a los extraños de ultramar.

 

“Fue una conquista, sí; una ocupación, evidentemente; pero que solo fue posible atizando una guerra intestina, que tenía bases políticas, económicas y culturales”, puntualizó.

 

Ya en la ponencia, el historiador Christian Duverger, especialista en la vida y obra de Hernán Cortés, indicó que éste llegó a los nuevos territorios con la idea del mestizaje, el cual, según su lectura antropológica, es un pensamiento mesoamericano, ejemplificado con la integración de los nómadas chichimecas en algunos asentamientos.

 

Cortés decide utilizar esa posibilidad, por lo que preparó su expedición prácticamente sin armamento, solo algo simbólico, y con la idea de que a través de la negociación sería factible llegar hasta México e instalar una especie de copresidencia en lo que se llamó el “imperio mexica”.

 

Así, a su llegada a México-Tenochtitlan, el 8 de noviembre 1519, residirá lo que hoy se llama en antropología ‘percepción del otro’, a partir de esa comprensión decide entrar y, finalmente, se verá de manera permanente solicitar la autorización de su instalación.

 

Explicó que, si bien hay algunos combates, son pocas las ocasiones en que se derramó sangre, ya que la idea de Cortés no se centraba en la guerra sino por la negociación y aceptación de los indígenas.

 

“Este 8 de noviembre de 2019, me gustaría celebrar dos símbolos: estamos en el Museo Nacional de Antropología, el cual significa una especie de continuidad en la historia de México, es un símbolo potente. El otro, es la presencia de Diego Prieto, director general del INAH, que es la institución que por decreto está a cargo de la preservación de la memoria, patrimonial, evidentemente, pero también de la memoria en sí”, manifestó.

 

Duverger hizo un llamamiento aceptar el encuentro entre Moctezuma y Cortés como el inicio de un proceso de fusión cultural que superó los conflictos, la violencia, el miedo al otro, para dar a luz al México moderno que ahora vemos.

 

En su intervención, el historiador y antropólogo Luis Barjau, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, destacó la singularidad que hay en el país respecto a la historia, “en México es difícil encontrar un ciudadano que no esté interesado profundamente por dos grandes temas del devenir del país: el mundo prehispánico y la Conquista”.

 

Detalló que en la narrativa que se creó posterior al encuentro entre ambos personajes, hay una serie de claves de enorme importancia para entender el problema complejo que causó la interacción entre estas dos grandes civilizaciones, mismo que se contuvo en la figura de Moctezuma Xocoyotzin,

 

Cuestionó la idea de que Moctezuma haya cedido el trono a Cortés y sobre la posibilidad de la entrada multitudinaria del enemigo secular de los mexicas (los tlaxcaltecas) a la ciudad de México-Tenochtitlan, sin que se hubiese causado ninguna reacción entre los mexicanos.

 

“Cómo es posible que el tlatoani haya cedido el trono a Hernán Cortés de una manera tan fácil. El ibérico, en su segunda carta de relación al rey, en 1520, afirma que Moctezuma lo recibe con un discurso en el cual apela a algún dicho de sus antepasados sobre la llegada de gentes extrañas, que eran ‘los verdaderos dueños de esas tierras’”, comentó.

 

Por ello, expuso, se dedicó a examinar el discurso y en su investigación encontró que éste fue traducido del náhuatl al maya chontal por Malintzin, y recibido en maya yucateco por Gerónimo de Aguilar, de ahí, el europeo lo trasladó al castellano para Cortés, quien un año más tarde, afirma que Moctezuma cede el trono.

 

“El discurso de recepción que habría dicho Moctezuma a los españoles, donde se contenía esta sección, fue hecho en un náhuatl extremadamente refinado y pulcro, por lo que es difícil que la Malinche lo entendiera del todo, porque ella habló esta lengua hasta los 12 años”, reveló el investigador de la DEH del INAH.

 

Sobre la supuesta “cobardía” de Moctezuma ante los españoles, Barjau explicó que, siendo el tlatoani la representación sagrada en la Tierra, considerado una suerte de dios, tenía que atenerse al pensamiento de su pueblo, por lo que a la llegada de los españoles se suscitó la creencia de que era Quetzalcóatl, quien regresaba. El emperador mexica no los puede atacar militarmente porque estaría yendo en contra del centro de las creencias religiosas que él comandaba.

 

“Hay batallas, matanzas constantes, eso fue lo que sucedió, no se puede olvidar y negar, no es un motivo de rencor, desde luego, lo fue en muchos siglos, porque la historia es irreversible, pero es extensible; se interpreta el pasado, y de esa manera se prolonga y modifica la historia”, concluyó.

 

Por último, el artista plástico Emiliano Gironella Parra manifestó que él se vale del arte como método de cicatrización histórica, “a fin de que ayude en estos momentos en la transformación hacia adelante, pues no hay que estar en conflicto perenne con nuestro pasado”.

 

La conferencia es parte de una publicación próxima a salir a circulación, integrada por dos volúmenes, uno, escrito por Luis Barjau sobre Moctezuma, y el otro, por Christian Duverger sobre Cortés; ambos, cuenta con 54 ilustraciones creadas ex profeso por Gironella Parra. Los textos son resultados de las columnas que ambos historiadores tienen en el periódico El Heraldo de México, tituladas Pluma y plomo, y Plomo y pluma, respectivamente.

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