El público participó durante el ciclo de conferencias en torno al escritor y periodista Carlos Monsiváis en el MNA. Foto: Edith Camacho, INAH.

 

*** Paco Ignacio Taibo II ofreció la segunda sesión en el Museo Nacional de Antropología

 

*** El escritor de novela negra, activista y director del FCE dijo que Monsiváis es uno de los intelectuales de izquierda más importantes que ha tenido el país


        


 

¿Qué tal será leer a Monsiváis por jóvenes contemporáneos de 18 o 19 años que no tienen un referente histórico de la época del escritor?, hay que reeducarlos porque hay una generación que perdió el vigor de la lectura que conmueve, la novela que rompe las neuronas, la que no puedes abandonar, la novela con la que te identificas y, entre ellas, las obras de Carlos hay que volverlas a leer.


Así lo consideró el director general del Fondo de Cultura Económica (FCE) y escritor Paco Ignacio Taibo II, la tarde de ayer, frente al telón rojo del Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, al evocar a su amigo, con quien compartió muchos momentos de la vida política de México desde la trinchera de la izquierda, en la segunda sesión de la Cátedra Carlos Monsiváis, fundada en 1995 por la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).


Taibo II dijo que, para su generación —la militante de los años de 1960—, el impacto de la obra de Carlos como cronista fue muy fuerte por varias cosas: primero, por su decidida actitud de solidaridad con el movimiento del 68 desde las páginas libres de Siempre. “Antes no lo conocían, no era muy popular, sobre todo entre la gente militante de la época, pero su razón y el uso de las páginas de la revista, en un momento de vacío absoluto de espacios de comunicación fue importante. En el 68, el monopolio gubernamental de la información era prácticamente del 99.9 por ciento, los espacios eran chiquititos.


“Nos adherimos al barroco pensamiento de Monsiváis, porque si bien pecaba de barroco y algunas líneas quizá parecían incomprensibles, esto no le quitó la certeza y la lucidez de párrafos completos, reflexiones sobre lo que pasaba, miradas acuciosas y nuevos puntos de vista diferentes al lenguaje tradicional de la izquierda, que a finales de la década de 1960 estaba muerto de aburrimiento de anquilosado, era retórica pura, que a fuerza de repetir palabras perdían su contenido”.


En ese contexto, añadió el escritor, la crónica de Monsiváis fue muy importante y extraordinariamente refrescante, sus reflexiones estaban desprovistas de la rigidez del pensamiento político de los sesenta, pero estaban dotadas de la agudeza del mismo pensamiento político, y enriquecieron el lenguaje y la perspectiva de su generación, la de 1968.


Taibo II dijo que Monsiváis es un personaje de anécdotas inolvidables, notable, capaz de decir qué sí o qué no a todo mundo. Recordó —cómo era bien sabido— que se escondía detrás de la voz de su tía para negarse él mismo cuando le llamaban por teléfono, cómo era capaz de aparecer en dos y hasta tres conferencias en lugares distintos, al mismo tiempo; una persona singular con mucha proximidad en muchas cosas.


Monsiváis —continuó— hacía sociología instantánea: una reflexión sobre la visión inmediata de lo cotidiano para convertirlo en una relación político-social, una interpretación social del espacio.


Francisco Pérez Arce hizo la introducción a esta segunda sesión y recordó que la Cátedra se fundó en el INAH con el objetivo de recordar cada año la obra de Carlos Monsiváis, “su significado y difundir su obra, hablar de ella, criticarla y abordar temas que al periodista le importaba que se tocaran y que él abordó”.


En esta ocasión, la Cátedra también se pensó como preámbulo al 10 aniversario luctuoso de Monsiváis, en junio de 2020, con la idea de reflexionar sobre su actualidad.


“La figura de Monsiváis fundó un modo particular, nacional, de asumir el oficio del escritor, pero con énfasis en la Ciudad de México. Y eso fue agregando a la formación propia como intelectual, la del cronista, el crítico y la figura social de intermediario entre la cultura popular, la conseja oficialista, el espectáculo de divas y estrellas; la academia, el gremio de artistas plásticos y de la palabra oral y escrita, las causas perdidas —de su predilección—, los intereses de las minorías hostilizadas y de manera inequívoca menospreciadas, de las clases subordinadas, la temática de género y la diversidad sexual.


“Su virtud fue esa difícil ubicación de la crítica en medio de tantos factores distintos, sin caer en la seducción de las ofertas del poder en ninguno de sus niveles, ni en los privilegios de la clase gobernante ni en el manierismo de los gremios artísticos. Una pulsión popular, de su colonia citadina, de su mexicanidad, lo rigió siempre desde el talentoso joven que ingresaba al cine y a la tertulia de artistas, hasta el hombre maduro, sabio y laureado”, señaló el historiador Luis Barjau, investigador de la DEH, al presentar la Cátedra 2019, en la primera sesión.


En el cierre de la misma, Paco Ignacio Taibo II dijo que le enfadó mucho que muriera Monsiváis porque era el peor momento para perder a uno de los intelectuales de izquierda más importantes que había tenido el país.

 

 

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