Coro de cámara Metsi Dehu. Foto: Mauricio Marat, INAH.

 

*** Las salas de exhibición del recinto permanecerán abiertas durante diciembre, ocasión para conocer los acervos con expresiones que exaltan la Natividad

 

*** En estas vacaciones has una parada en el antiguo Camino Real de Tierra Adentro, Patrimonio de la Humanidad, y transpórtate al siglo XVIII


 

 

El Museo Nacional del Virreinato (MNV) forma parte del paisaje del Pueblo Mágico de Tepotzotlán, en el Estado de México; la noche del 15 de diciembre encendió sus linternas de vela alrededor de los jardines que enmarcan su fachada barroca para iluminar con la luz tenue, el camino del público que llegó a disfrutar del concierto de fin de año, bajo una luna casi llena.

 

Más de 400 personas se formaron para ingresar al Templo de San Francisco Javier, colmado a su capacidad total, quedando unas cien personas sin poder ingresar. Así, el recinto dio por concluido su programa de actividades culturales y educativas del presente año, deseando a su público felices fiestas y su regreso en 2020.

 

Durante la jornada dominical, el recinto recibió la visita de dos mil 859 personas de todas las edades, la mayoría procedente de los municipios mexiquenses aledaños a Tepotzotlán: Cuautitlán Izcalli, Atizapán, Naucalpan, Tlalnepantla y Teoloyucan, así como del norte de la Ciudad de México; por la mañana hubo talleres de piñatas con forma de estrellas de siete picos, las cuales  por la noche se rompieron a palos, en uno de los patios exteriores al recinto histórico; por la tarde, “el mal” llegó hacer de las suyas en divertidas pastorelas, también con lleno total, en la Plazoleta del Acueducto.

 

Al anochecer, el templo quedó en penumbras; los últimos rayos de luz se colaron por la roseta y hacían brillar la hoja de oro que cubre la madera tallada de los retablos rebosantes de ángeles y querubines; las voces del coro de cámara Metsi Dehu se abrieron paso en el silencio, marcadas por un fuerte bombo que recorrió todo el pasillo central, desde el portón de entrada hasta el altar, haciendo estruendo en la bóveda del templo, cargada de flores pinceladas desde el siglo XVIII.

 

En este lugar, la tradición recobra vida y hace honor a sus habitantes de hoy. Cada diciembre, en el MNV se pueden disfrutar las fiestas decembrinas que los pobladores han adoptado como elementos esenciales de la Navidad: pastorelas, posadas y villancicos, explicó Claudia Pérez Juárez, guía de Paseos Culturales del INAH, instancia que también finalizó sus recorridos cortos de este año en el antiguo Colegio Jesuita de San Francisco Javier.

 

Igualmente, con cupo lleno, con asistentes procedentes de la Ciudad de México interesados en disfrutar de las pastorelas, el concierto y la posada, además de visitar algunos espacios emblemáticos del MNV, en recorridos que ofrecen explicaciones sencillas sobre los elementos arquitectónicos que ayudan apreciarlos con más conocimiento y permiten “leer” su iconografía, como si se tratase de una hoja de libreta donde permanecen anotados mensajes que comunican el pensamiento de otra época.

 

La guía explicó que en los antiguos colegios de las ordenes que llegaron a evangelizar a los nativos, en la Nueva España, como el colegio jesuita de Tepotzotlán, se educaba a los hijos de caciques indígenas, se les enseñaba a leer y escribir en latín, y se les instruía en música y canto. En las catedrales de la Ciudad de México, Puebla, Zacatecas y Tepotzotlán se encontraban los mejores cantores, dijo Claudia Pérez Juárez.

 

Momentos antes, explicó que la Compañía de Jesús llegó a Tepotzotlán, en 1580, para trabajar en la evangelización de los indígenas y fundó una residencia donde los religiosos aprendieron otomí, náhuatl y mazahua. Instauró el Seminario de San Martín para la educación de los hijos de los indios principales, y estableció la Casa de Probación para que los jóvenes que deseaban ingresar a la Compañía cursaran el noviciado.

 

La Compañía necesitó un inmueble que le permitiera ejercer sus actividades espirituales, formativas y productivas por lo que, desde el siglo XVI inició la edificación del colegio. La construcción pasó por varias etapas y terminó hacia 1764. Fue una sencilla casa donada por los vecinos del pueblo, la cual, con el apoyo de benefactores y recursos propios, se convirtió en un complejo arquitectónico:

 

Cinco patios, una huerta, dos molinos, una hospedería y un templo. El colegio era para uso exclusivo de los jesuitas, mientras que la hospedería y el templo eran espacios públicos, en tanto, el Seminario de San Martín estaba habitado únicamente por indígenas.

 

Siglos después, el edificio fue declarado monumento nacional y, en 1963, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio inicio a los trabajos de restauración para albergar el Museo Nacional del Virreinato, el cual fue inaugurado el 19 de septiembre de 1964.

 

Las actividades culturales y educativas del recinto 2019 terminaron, pero el MNV seguirá abierto durante las vacaciones decembrinas, y que mejor oportunidad que la Navidad para hacer una parada en este punto del Camino Real de Tierra Adentro, ejemplo del más excelso barroco, cargado de la presencia divina, que destelló en los siglos XVII y XVIII.

 

Aquí, al recorrer los pasillos de los claustros, las pequeñas habitaciones, algunas con los rostros de vírgenes plasmadas en pintura mural; los espacios cotidianos como la cocina o la bodega de vino; la grandiosa biblioteca y los bellos jardines con árboles frutales y aljibes, o el sistema hidráulico con las arcadas de su acueducto y canales que regaban la huerta; el público se transporta a la época en que carretas y diligencias —cargadas de bienes— cruzaban el territorio desde el centro de la Nueva España hasta el indómito norte, pasando por una cadena de poblaciones ricas en metales preciosos, cuya riqueza dio origen al esplendor de templos como el de Tepotzotlán, en la ruta del Camino Real.

 

Sobre los muros del antiguo colegio se conservan colecciones de pintura novohispana, de autores como Cristóbal de Villalpando y Miguel Cabrera, desplegadas en los claustros y templo, con escenas de la Natividad, la Virgen y el Niño Jesús, la Sagrada Familia y la Adoración de los Reyes, así como diversas pinturas de la Virgen de Guadalupe.

 

Asimismo, puede visitarse la colección de marfiles del siglo XVII, ejemplo del intercambio comercial y cultural entre Oriente y la Nueva España, dentro de la exposición permanente Oriente en Nueva España, ubicada en la planta alta del Claustro de los Naranjos, donde se exhibe una colección de cristos crucificados hispano-filipinos, la Sagrada Familia, la Virgen María con el Niño Dios y diversos niños dios y niños Jesús, tallados en este material, algunos policromados.

 

Entre las piezas destacan la escultura indo-portuguesa Divino Pastor, con iconografía budista en temas cristianos; y la Virgen de la Expectación elaborada con estructura de madera y rostro y manos tallados en marfil.

 

El Museo Nacional del Virreinato se ubica en Plaza Hidalgo N° 99, Barrio San Martín, Tepotzotlán, Estado de México. Horario: martes a domingo, de 9:00 a 17:45 horas. Entrada general: 75 pesos. Quedan exentos de pago los menores de 13 años de edad, estudiantes, profesores y personas mayores de 60 años. Domingos entrada gratuita para público nacional.

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